25 diciembre 2010

estos días...

No sé si es lunes, miércoles o domingo, si vivo en Buenos Aires o en el Sahara Occidental, si estamos cerca de fin de año o algún nuevo siglo nos pasó por encima y no nos dimos cuenta, no sé ni me importa si sonaron disparos o petardos, si existe algo más allá de cajas, bolsas de consorcio y polvo.

Y todo se está derritiendo...

12 diciembre 2010

La inminente amenaza de un silbido a la propiedad privada

Si alguien quiere alquilar este lugar, me avisa hasta antes de fin de mes.
Eso sí, hay que ser de estómago resistente:


—Aprovechan ese terreno ahí a la vuelta, eso da justo a lo de Marta, esa casa está tomada. Yo tengo miedo de que vengan saltando por las azoteas. Yo dejo la rendijita abierta de la persiana porque desde ahí se ve si hay alguna sombra y no se veía nadie, pero yo lo escuché clarito.
—¿así? Fiu—fiuuuuuu
—sí, algo así, no sé, no escuché tan bien por el viento y la tormenta, pero que escuché silbidos, eso sí. No sé si venían de la plaza o de dónde.
—Aprovechan cuando hay tormenta para afanar. Hay que mat… yo los odio Tita, no sé, hay que tener mucho cuidado. Los negros silban así, se silban entre ellos. Esos son códigos que tienen, siempre chiflan cuando están afanando. Fi— fiuúuuu, silbó y miró a Tita.

Sic

05 diciembre 2010

De las cosas que hay que hacer en la vida

Obligados o porque queremos. Con onda o amargura, a veces con desesperación.
Por la edad o la época.
Porque no da el cuero. O mejor, porque apareció una oportunidad. Por puro placer, también.

Siempre hay cosas que hacer en la vida, cosas frente a las cuales tenemos que movernos, actuar, resolver: trascendentes, odiadas, adoradas, indiferentes, inocuas, deseadas, insignificantes. Las grandes cosas o aquellas pequeñas, las que llevan mucho tiempo o las que pasan como un relámpago.

De las cosas que tengo que hacer estos días, me ocupa mudarme y entender todo de nuevo.
Mientras tanto

agradecer al barrio, a los colores, a estas topografías vistas desde mi casa.

(Una vez, entre las cosas que tuve que hacer en la vida, vine a vivir acá:






)

Por las cosas de la vida, se habían dado simultáneamente nuevo lugar, nuevo trabajo. Nuevos amigos, nueva gente copada que conocí y que invité -o más frecuentemente se invitaron- invariablemente a este lugar, que de todos los que alquilé, fue el mas mío.

La parrilla había sido el factor de más peso a la hora de entender qué cosa tenía que hacer en la vida en ese momento (después venían la terraza, el depto frente a esa plaza increíble, el sol por cada rincón, la tranquilidad del barrio).


 Lo buena que había sido, no hay que explicarlo.


Los números cerraban justito y el barrio estaba en una arruga del culo de la ciudad de Buenos Aires. "Você não vive, você se esconde", me dijo el brasuca la primera vez que se perdió al venir.

Llené de yuyos hasta donde pude, seguramente hubiera seguido llenando en la terraza, de quedarme.





Acá Rochi llegó -a sus 8- con marionetas, barriletes y bolsos multicolores.


Hoy sacó estas fotos y yo me pregunto si se llevará el poster de Piratas del Caribe, si querrá colgar el gato que pintó y ahora no le gusta, qué libros conservará, qué hará con la colección de animalitos de vidrio, si seguiré teniendo que conocerla cada día de nuevo siempre.



Me llevo mucha cosa y todo se muda sin esfuerzos penosos.
Envueltas en papel de diario húmedo, varias plantas de menta con raíz, para probar en cualquier nuevo rincón.
A Clarita y Matilda, que tardarán en perdonármelo.
Un cuento a medio escribir sobre mis vecinos y sus raras existencias.
Pocos muebles, muchos papeles inútiles y algunas pilchas.

En la memoria estos breves presentes pasados en estos años, con sus marcas profundas, un regocijo de buenos años vividos como mayormente quise.


Lo único que me llena de tristeza es pensar en el cartel, si lo ponen. O sólo un clasificado, "se alquila, tres ambientes...", y me acuerdo de mí, hace seis años, cuando supe que de las cosas que tenía que hacer en ese momento en la vida una era, igual que ahora, mudarme. Cambiar de lugar, cambiarme.

02 diciembre 2010

Una semanita en Río

Ojalá me diera el cuero para hacer un análisis político o algo así, pero no es el caso. Ni la información, ni la capacidad deductiva, ni la pluma (aunque es láser, la mía) me alcanzan para siquiera intentarlo.
Sí puedo (porque si no es para eso, para qué podría una querer tener un blog) decir lo que me parece, lo que vi, lo que viví, lo que conversé, presentí y sentí la semana pasada, cuando fui a caer, por esas putas casualidades de la vida, justo esa semanita en Río de Janeiro.
Y por más que reniegue de los métodos científicos, hasta en la sociología de mercadito son necesarios algunos datos duros, como dicen que les dicen, porque si no los me parece, los sentí, los conversé pueden ser simples delirios de la imaginación.
Y si serán duros los datos que muestran que Río es una ciudad donde 1.5 de sus 6 millones de habitantes vive en favelas, en un país donde el ¡1%! de la población concentra más del 50% de la de la renta (de América Latina, lejos el más inequitativo y del mundo anda por ahí), donde -como Joni también sabe- el homicidio es la principal causa de muerte para las personas de 15 a 44 años de edad, y las víctimas son mayoritariamente jóvenes, varones, negros y pobres. La gran mayoría de las muertes las provoca la policía: entre 2003 y 2009 sólo en Río y San Pablo se registraron más de 11.000 muertes, inscriptas en los registros policiales -vaya novedad el nombre, no la cifra- en contexto de "actos de resistencia".
Otro durísimo dato es la situación de los medios de comunicación. 107 son las emisoras televisivas que tiene la monopólica red O' Globo, y un tiraje de 350 mil ejemplares del diario de mayor circulación, entre otras exorbitancias  (y no llevaba ninguna hache, qué cosa, che...).
La combinación de esas realidades no puede dar un buen resultado, pese al esfuerzo por disminuir la desigualdad-exitoso si se tienen en cuenta números relativos pero casi invisible en términos absolutos- del PT.  Eso ya es una opinión.

De las cosas que ví esa semanita puedo contar las playas hermosas y tranquilas, con los meninos de las escuelitas de fútbol jugando en las praias de Copacabana, con esos mulatos jugando "futivoley", gente paseando, corriendo, tomando uma cervejinha geladinha con una casquinha de siri o agüita de coco helada. La gente de la calle, como siempre, las mujeres que te miran sagazmente, las mulatas y las negras con muchos hijos, los shoppings, los locos, cada color en su lugar, mayormente, los músicos, los funcionarios, los desayunos con jugos de frutas raras y exquisitas, el desinterés por la política.
Y mientras eso, lo de todos los días acontecía, paralelamente el despliegue de las fuerzas de seguridad: la policía federal, la estadual, el ejército, la prefectura, el temidísimo BOPE, y entre ellos los que tienen su negocio, los asesinos, narcotraficantes, contrabandistas. Y la señora transmitiendo en pleno centro con el chaleco antibalas, entre miles de personas que pasaban por delante y por detrás.
"Caos en Río de Janeiro". Una versión corregida y aumentada de lo que nos pasa.
Y ahora, quién podrá ayudarnos. O bem chega, o mal foge.


De lo que conversé, 18 mil efectivos es como mucho. Los tanques en las calles, la ostentación de fierros pesados en autos de civil sin identificación alguna, helicópteros (se podían ver casi en la misma proporción de la Globo y de los milicos). La gente devoró las imágenes en las televisiones de bares y vidrieras, pagó su cuenta y se fue. Caos en Río.

Por casa, De Narváez diciendo que así se hace, muchachos, y así se debe hacer.



Ahora que terminamos con el problema del narcotráfico, dicen sin pudor los medios, preparémonos para recibir las Olimpíadas.

De lo que sentí, por unas callecitas de por ahí, este reparo:

  Beth Carvalho - Saudades da Guanabara

29 noviembre 2010

También

Rio de Janeiro, Niteroi. Anteayer

17 noviembre 2010

Lo justo

Plaza de la República, Montevideo, Uruguay

05 noviembre 2010

Historias clínicas

Todos debemos visitas a los médicos, siempre. Es una condición de la humanidad moderna burguesa o pequeño burguesa de las grandes urbes: todos, siempre, deberemos visitas a los médicos. Esta deuda se va incrementando a medida que se crece, madura o envejece, de modo que de a poco nos vamos conformando con esos pequeños espacios de tiempo que hay entre que nos leyeron los resultados de los análisis hasta que nos dan turno para dentro de unos meses.
De las incontables consultas que a lo largo de mi vida hice con diferentes profesionales de la salud, hoy me acuerdo de éstas:

I
Toma el resultado de mis análisis. Lee y niega levemente con la cabeza, no me mira, sólo mira los papeles. La negativa me va congelando, lee y niega y yo siento que me empiezan a temblar las rodillas. Por qué un médico podría leer y negar, leer y negar. Antes de desmayarme, escucho el "está todo bien" ya mirándome, con el mismo movimiento suave de su cabeza hacia los lados, que denotaba un leve Parkinson.

II
De esos clínicos que quieren hacerse los psicólogos. A mamá.
-¿Y tu vida cotidiana está bien, estás bien, estás contenta?
-Sí
-Ah, porque me dijiste que estás separada...
-...
-Digo, por el fracaso de la relación
-¿Quién le dijo que fracasó? Fue todo un éxito
-...
Fin de la consulta.



III
Ostentaba una cadena con una cruz y era ginecólogo, en mi primera y última consulta.
-Estoy embarazada.
-Bueno, te felicito, -exclamó entusiasta.
Lo miré tan gravemente, con tanta furia que se ruborizó. No sabía adónde meterse y se dio cuenta enseguida, yo creo que se quiso matar. Agregó, tímidamente.
-¿Te felicito?
-Sí, claro.


IV
-Ah, doctor, una última cosa. Mire, yo la semana que viene tengo que hacer un viaje, por trabajo, vio... y resulta que me da miedo volar, entonces pensaba que usté seguro podría recetarme alguna cosa, algo que me deje medio forfai, sabe...
-Bueno, sí, este.... yo podría recetarte un tranquilizante, un relajante. Pero... tomá sólo medio. Y no lo vayas a mezclar con alcohol.
-¿Pero por qué?
-No, porque te va a dejar dopada, si llega a haber alguna emergencia o algo...
-Doctor, a ver si nos entendemos.

31 octubre 2010

De la muerte y sus partos

Se dice de la muerte que es cancelatoria, que es injusta, que casi siempre es temprana. Aunque -desde la propia definición de "naturaleza humana"- nos puede acontecer en cualquier indefinido momento de nuestras vidas y por motivos "naturales" de lo más variados (entonces es natural se dé en las circunstancias en que se dé), la muerte es injusta aunque sea inexorable y es temprana aunque sea en el momento exacto.

Llanto, O. Guayasamin

La muerte, cuando está vinculada a la política, ese espacio de todos, es -también y en diferentes medidas- una muerte de todos, una muerte que nos concierne.  Por eso consterna una muerte política, con más razón si es sorpresiva, con más razón si es de un dirigente, con más razón si ese dirigente fue presidente de un país,  con más razón si muere en un momento político donde se vislumbra una construcción política, con más razón, finalmente, si su rol era o fue determinante en esa construcción.
Cuánto y cómo nos concierne puede hacer la diferencia, puede ser el factor que marque un antes y un después en determinada concepción y prácticas políticas conocidas hasta el momento.
La muerte de un político es un acto político.

El otro día el flaco me contaba cómo se había vivido treintaypico años atrás, la muerte del Viejo,

[no me decía "yo no era peronista" del mismo modo en que hoy se dice "yo no soy kirchnerista". En los setenta no ser peronista era, necesariamente, ser otra cosa -trostkista, marxista, guevarista, anarquista, socialista, comunista, radical, liberal, fascista- tendencias algunas que incluso se manifestaron dentro del propio peronismo- y "no ser kirchnerista" es decir " a mí la política mucho no me va pero"].

y qué transmitía aquella despedida, para él, que no era peronista, pero se sintió convocado. "La derrota", sintetizó. Todo no podía más que empeorar, en aquel julio del '74. No fue la muerte del Viejo la que la produjo, sino la que la dejó fluir, pero ya estaba en plena gestación.

De las últimas de estas muertes políticas, la de Alfonsín es la más presente, por más próxima y porque fue otro ex presidente con un gran peso político y simbólico. A Alfonsín mucha gente lo despidió, más que nada pero no únicamente radicales, también él fue símbolo de una época, emblema nada menos que de la transición argentina de la dictadura a la democracia. Sin embargo, en la despedida [parecía ser que] sus simpatizantes despedían también los vestigios de una vieja forma de hacer política, de un partido de masas capaz de disputar la representatividad del pueblo. El casi único triste legado de aquel radicalismo (porque Cobos claramente no lo es) fue su caricatura, Ricardo. Nada que hacerle. 
La muerte de Alfonsín, en ese sentido, cerraba tan claramente un ciclo como la muerte de Kircnher lo abre.

Se dice, y con razón, que este 2010 empezó en el 2001, donde hubo que arrancar rejuntando los restos. Pero también estaban los restos de otra derrota y la originalidad del kirchnerismo es que también los recogió. Los pedazos rotos de aquellos años fueron por primera vez piezas del nuevo rompecabezas político de nuestro país.
Si es cierto que se aprende de las derrotas y de las experiencias, dos son mejores que una. Y si es cierto que la construcción de hegemonía tiene que ver con la capacidad de aglutinar demandas de sectores cada vez más amplios, de interpelar a más actores sociales, de generar consensos, tomar aquellas banderas era una señal en esa construcción. Hay capacidad aglutinadora en este movimiento que se va reconociendo, paulatinamente, en la calle. Estos días la Plaza tomó aires de asamblea popular cuando la gente aplaudía o vivaba a las personas entrevistadas frente a las cámaras que transmitía la pantalla gigante, cuando inventaba consignas, conversaba, se reconocía. Ciertas aguas, que venían encontrándose en distintos recorridos, confluian nuevamente (por si no estaba claro cuáles aguas estaban del otro lado, la muerte de Kircnher aclaró todavía más el panorama) y conformaban -conforman- este nuevo delta. Local, regional, latinoamericano, a todo ello contribuyó el esfuerzo (qué si no podría ser este reconocimiento) y es parte del corazón que pareciera estar pariendo esta nueva era.

Todavía nos faltarán lecturas, análisis, aportes. Ver más, escuchar más, prestar más atención, formar parte, quizás sea el signo de estos tiempos.

Se dice que un nacimiento es un acontecimiento para celebrar. Salud, entonces.

 Manos de la esperanza, O. Guayasamin

27 octubre 2010

...

Que se diga lo que se quiera, por suerte podemos.
Que se hable de lo malo, que se siga diciendo con buena leche y con mala leche, como solemos hacer los argentinos.
Que se critique. Constructivamente y que se siga criticando destructivamente, porque va a pasar y porque hay que atajarlo.
Que provoque pasiones, por fin (que se horrorice la clase media más gorila, que despotrique la zurda denserio, que los fachos intenten sacudirse la tierra).
Que siga el espectáculo, en el mundo y en este ispa, porque va a pasar y porque hay que atajarlo.

(de todas las fotos, yo me quedo con ésta)

25 octubre 2010

La historia que persiste por debajo..

Sanabria y César Díaz, la semana pasada (cuando rasquetearon)

20 octubre 2010

Cuestión de jeraquías

-Lo que me preocupa es la ocupación del espacio público, -dijo una persona que veo con más frecuencia que la que quisiera, cuando nos anoticiamos de lo de hoy.
Es increíble que sea una respuesta posible, porque -sin ninguna pretensión de jactancia humanista- ese pensamiento podía extenderse hacia la temeraria afirmación de que hasta esa muerte podía haber estado justificada. Si bien es cierto que en este caso la muerte probablemente no haya sido producida por la policía -aunque si la policía hubiera intervenido seguramente no habría pasado lo que pasó- el argumento es funcional a un pensamiento peligroso, que en los ochenta se llamaba la "teoría de los dos demonios" según la cual las fuerzas armadas (demonio 2) respondieron con violencia a la violencia de la guerrilla (demonio 1) frente a la consternación de la sociedad que fue una simple víctima. Esa teoría -gracias en parte a la potencia de las organizaciones de derechos humanos- ha sido afortunadamente superada, y sin embargo, como la vida misma, vuelve corregida, que es lo mismo que decir que la historia se repite una vez como tragedia y otra como farsa.
Si de los acontecimientos de hoy terminamos discutiendo más la cuestión "de fondo" de la ocupación del espacio público (cuando estos discursos se hacen fundamentalistas es cuando hay que escribir con mayúsculas CIUDADANO, INSTITUCIONALIZACIÓN, LO PÚBLICO, y eso importa más que los pobres, que ni siquiera entenderían todo esto) que la muerte de un pibe (¡"aunque"! hubiera sido del P.O, léase, se lo anduviera buscando) tenemos -como mínimo- cierto problemita con la jerarquización de los temas, por no decir mala leche.
Lo de hoy pudo haber sido infortunado si bien no fue un accidente, pudo haber sido extraordinario aunque siempre haya muertos en las calles argentinas, pudo haberse evitado si no se hubiera permitido que pase. Lo cierto es que pasó, habrá que no dejarlo impune y echará luz sobre lo que hoy es el sindicalismo mafioso en nuestro país (y de paso cañazo, lo que es la izquierda, aunque con una muerte en el medio no se pueda hablar tan plácidamente), pero habrá que prestar atención a cuál es el tema que discutimos a partir de esto.
Si discutimos el rol de la burocracia sindical, la persistencia de la flexibilización laboral, la situación de fragilidad de ciertos sectores sociales.
Si discutimos el rol de la izquierda, su lectura de la realidad, o la posibilidad de política con pretensiones emancipatorias en esta época.
Si discutimos sobre los modelos económicos, de cómo intentar disminuir los niveles de exclusión social.
Si discutimos sobre el rol de la policía, sobre el derecho a la protesta, sobre los más débiles del sistema.
O si pensamos en la ocupación del espacio público.
Y después me dicen que la lucha de clases no existe.

16 octubre 2010

Mudanza rai nau

Fue una revelación. Retornando agotada en taxi a casa después de viajar una hora y media en auto para volver después de una reunión de trabajo en Los Polvorines después de viajar una hora y media en auto para ir después de trabajar todo el día en un día difícil como aquellos me di cuenta de esto (después de darme cuenta hace ya tiempo de que mis vecinos están gravemente locos): esta parte del barrio en el que vivo está construida sobre lo que supo ser un manicomio (neuropsiquiátrico o loquero, según se quiera o no utilizar términos políticamente correctos)  y entonces -deduje o se me hizo la luz- debe cargar con una maldición, como los cementerios indígenas (o aborígenes o campesinos, diría Javi). Por eso mis vecinos están piantados.
Eso fue porque Daniel que iba adelante en el auto que nos devolvía a la civilización porteña (es con ooonda) contó que el centro cultural del que volvíamos antes había sido un convento y que la Universidad había sido tierra de milicos.
Así que cuando volvía en el taxi después de todo aquello que contaba más arriba, se me vino de nuevo a la cabeza esa conversación reveladora y fue un alegrón, porque, por fin, pude encontrar una explicación racional al extraño comportamiento de mis vecinos.
Ah, ¿no es racional?
¿No es?

07 octubre 2010

Nuevas generaciones

-Che Rochi ¿no me vas a pasar nunca tu messenger nuevo?
-Ay, mamá: ¿no te parece que ya nos comunicamos bastante?

03 octubre 2010

Por qué no

(Paraná y Corrientes, Ciudad de Baires, estos días)

30 septiembre 2010

Sobre la democracia en América Latina, la prepotencia de la derecha y las fuerzas de seguridad

Que Correa en Ecuador vino a cuestionar intereses arraigadísimos de las oligarquías locales, no es ninguna novedad, como no lo es que las fuerzas de seguridad en nuestros países bananeros siempre hayan estado subordinadas a tales intereses.
La loca idea de un ejército o una policía del pueblo no encaja con el capitalismo casi por razones obvias, pero en nuestros países periféricos la fórmula se hace todavía más imposible: las fuerzas de seguridad deben "velar" por los intereses de los sectores poderosos, porque hay mucha gente que está afuera del sistema, porque los pobres son muchos y porque -cada tanto- la cosa se puede desmadrar. El pueblo siempre es un peligro, ni que hablar cuando viene con las tripas vacías. Y como el "monopolio de la violencia legítima" es del Estado, ahí están -siempre listos- los uniformados.
Forros en manos de la derecha o corporaciones con intereses propios (siempre son ambas variables), las fuerzas de seguridad son reaccionarias por naturaleza.
No nos van a contar a los latinoamericanos lo que sus armas pueden hacer en contra de los derechos de la gente, que es supuestamente lo que deberían defender.
Y sin embargo.
Ahí tenemos a la derecha retrógrada, para quienes pareciera que nada demasiado grave ha pasado, más que algunos muertos. La derecha SIEMPRE, siempre va a ser golpista en nuestros países porque los intereses que ellos creen que deben ser defendidos, van en contra de los intereses populares.
La democracia les sirve si es berreta, si es antidemocrática, si es la de un Menem, o un Lucio Gutiérrez. Ahí son democratistas.
En estas (que les falta mucho para ser la gloria, por otra parte) la derecha busca cualquier motivo para declamar sin vergüenza que necesitamos más armas, más policía, más ejército, más picanitas.
Que desde la derecha vernácula se proponga que los chicos que no trabajen ni estudien vayan a "educarse a los cuarteles" y que se lo llame "servicio cívico voluntario" (cínico, debería ser)  para "aprender oficios o artes" (mirá vos, ahora resulta que matar, reprimir o ser violento es un arte u oficio) nos habla de sus convicciones. Matamos dos pájaros de un tiro, habrán pensado estos energúmenos (como esa pintada que cerca de mi casa en Flores, rezaba: "combata el hambre y la pobreza: cómase a un pobre") y con la complicidad de algunos que se dicen progresistas aprueban esa ley en el senado.
No hay forma, definitivamente de que esa gente pueda realmente ser democrática, por más que se llenen sus inmundas bocas hablando de institucionalización.
La política es compleja, es cierto. Pero antes de llegar a esa complejidad (si no se es un estúpido analfabeto político, como decía Brecht) hay para pararse, tomar posición: hay un nosotros y un ellos.


29 septiembre 2010

Nombres y oficios

De mis listados inútiles -anche inocuos- el de los nombres y oficios (personalidades cuyos nombres mantienen una relación semántica con su actividad pública) es uno de los más trillados, es cierto (todos conocen alguno, pero eso lo hace más divertido, también). A mí nunca va a dejar de darme risa que


-Alicia Entel fuera la primera directora de la carrera de Ciencias de la Comunicación (89-96) y se llamara como la sigla de la estatal (privatizada en el medio de su gestión por Carlitos) Empresa Nacional de Telecomunicaciones.


-el Doctor Garrote sea uno de los más reconocidos médicos especializados en violencia familiar (aunque dicen que este cartel no sería de su consultorio).


-el fundador del Instituto de Historia Social de Amsterdam, actualmente uno de los mayores archivos del mundo en lo concerniente a la historia social se llamara Nicolaas W. Posthumus (1880-1960).


- No es un oficio, no. Pero no deja de tener gracia que Jorge Watts haya estado chupado en el Vesubio (porque sobrevivió y porque lo queremos podemos hacer el chiste, je, esto iba bien para la entrada anterior de los chistes).


-para mí que a éste no se le hubiera ocurrido como posibilidad ser árbitro, si no se hubiese llamado Amarilla.


Y eso que no estoy contando cosas (porque éste es un espacio serio y acá se constatan las fuentes) como cuando Vera decía "el analista de Matías mide un metro y medio y se llama Juan Grande" o que me acuerdo, como que en la calle Niceto Vega, donde se corta con Armenia, había una empresa de transportes que se llamaba "Expreso Tardelli" o que durante algún tiempo tuve una ginecóloga de apellido "Abajo".
Tampoco incluyo otros que entrarían en otra categoría, la de combinaciones graciosas. Como mi amiga Dadi, cuyo deseo de tener un hijo varón para ponerle Tomás se frustró cuando se casó con Blanco, o la vez tuve que atenderme con un doctor que se apellidaba Sito y quedé como una estúpida cuando me tenté infantilmente después de murmurar en la puerta del consultorio: "Perdón... doctor... ¿Sito?".


Seguro que hay más, pero... ¿tan documentaditos?



25 septiembre 2010

24 septiembre 2010

Chistes grisáceos

Hay cosas de las que no hay que reírse. La gente dice. Como todas las cosas de la gente, el matiz es variado.
Suele discutirse el humor negro desde un punto de vista ético o moral. Que se meta la moral en estas cuestiones, tiene que ver, supongo, con que atañe a temas difíciles para el ser humano, fundamentalmente la muerte, más todavía si aconteció en situaciones trágicas o muy tristes (no que la muerte sea alegre, entiéndase, pero hay escalas).
Como todas las cosas (las humanas, más que nada), eso depende. Depende de quién lo diga, del contexto, de en qué ámbitos se diga, a quién/es, y que sea bueno o no. Los matices, carajo, por qué seremos tan complicados.
No creo -personalmente- que todos los chistes negros sean de mal gusto y algo seductor en la subversión de valores me tienta un poco, (como siempre hay algo de seductor en la subversión -además del menos efectista argumento de que ayudan a sobrellevar situaciones dificilísimas, y esto lo digo por propia marca en el cuerpo, pa´ atajarme, je). Pero bueh, it´s only an opinion y no pensaba este post ser  uno -como su nombre lo indica- de chistes negros, justamente porque todos aquellos condicionantes no existen. Lector, escritor-víctima o victimizado (aunque podría contar cosas que harían llorar a más de uno), contextos variados de escritura.
Pero bueh, como no quería meterme en eso, no sé por qué catzo me disculpo.

Hay un tipo de chiste que está en el borde, o es intermedio, que no ofende ni teme (o no tanto, a los corazones sensibles -demás está decir que no tengo uno) y ahora que me pongo a pensar, se trata de situaciones en las que la muerte estuvo presente de algún modo, pero no aconteció y dejó alguna huella (muchas veces terrible, otras sólo de recuerdo), pero lo terrible -lo más terrible- había podido ser superado.

De los chistes, me acuerdo de éste y de otros, pero escribo éste, por pura fiaca y, como decía el gallego, porque me place:

El tipo en el hospital, despertándose después de unos días inconsciente:
Médico: "Buenos días, señor, me alegro que haya despertado. Ha estado varios días inconsciente, sufrió un grave accidente y debo darle dos noticias, una buena y una mala".
Paciente: "¡¡No!! No puede ser! es tremendo, terrible, ¡dígame, por favor, dígame primero la mala!
Médico: "La mala es que tuvimos que amputarle ambas piernas"
-Oh, no!! no puede ser!! cómo puede ser? esto no me está pasando a mí, esto es terrible, es tremendo. -Y lloraba y se lamentaba, y trataba de mirarse las piernas.
Un poco más calmado, volvió a mirar al doctor, esperanzado.
-¡¡¡Dígame la buena, doctor, por favor!!!
-La buena -dijo el médico con una mueca de satisfacción, -la buena es que el tipo de la cama de al lado quiere comprarle los zapatos.

Pero ése es un chiste. Construido, premeditado. Diría inespontáneo, si existiera esa palabra.

Otras cosas pasaron, y las que sé las cuento:

Nelson había sufrido un ACV. Una cagada total, pero no fue de los más graves. Eso sí, había perdido el habla, algo así como la capacidad de que aquellas cosas que enhebraba en su cerebro pudieran ser dichas por su boca. Adri y Mari estaban refaccionando la casa, y antes de que pudieran seguir pasó eso con Nelson, el papá de Marina. La historia puede tener tonos trágicos si no cuento que al final todos siguen vivos y bien, pero a Mari (mi cuñada, la compañera de mi hermana) tuvieron que intervenirla quirúrgicamente de un tumor en el corazón. Así de rápido, de intempestivo, así de urgente, así de grave el diagnóstico. Lo de Nelson, de pronto, pasaba a un segundo plano. Pero existía, y esta conversación se dio en ese contexto. Porque en la refacción, todo había quedado por la mitad, y un habitáculo sin puertas ni ventanas había quedado construido en mitad del patio.
-¡Esófago! -gritó Nelson.
-¿Cómo, Nelson? -trató de atender mi hermana, preocupada en otras cuestiones.
-¡Esófago! -volvió a repetir.
-¿Esófago? Nelson, qué es? no entiendo, mire... estoy con otra cosa. _¿Le duele el estómago, tiene algún problema?
Tartamudeó, se esforzó, y finalmente se lo escuchó decir, entusiasta y con media sonrisa:
-¡La tumba de Tutankamón!!.
Nelson, demás está decir, había querido hacer un chiste, había querido relajar esa situación, refiriéndose al "sarcófago" que las chicas habían dejado a medio construir en el medio del patio.

Mi suegra (la primera, creo), había empezado a tener demencia senil. Yo no sé si eso existe, pero los viejos están todos locos. Mi suegra estaba loca, también.
Una vez conversábamos amigablemente sobre lentes, vista, ojos, y esas cosas. Hizo un coherente relato sobre los problemas de visión, mis limitaciones (porque los ojos claros siempre sufren más, ya te vas a dar cuenta), el beneficio de tener bifocales y otras cuestiones que yo -por edad y jactancia visual- casi ni atendí.
De pronto, como colgada de la conversación, soltó:
-Ahora, a mí, lo que más me gusta, es cuando la gente los lleva colgados.
-¿Los lentes? -sonreí-.
-¡No, mi amor! ¡¡¡los dientes!!!
La conversación continuó, creo. Yo me acuerdo hasta allí.


Una noticia -sensacionalista, pero noticia veraz al fin- decía que en cierto barrio de González Catán (allá por los noventa, viejo, ahora esas cosas no pasan, jeje) la gente tenía hambre. Y ante la desesperación, habían empezado a comer cualquier cosa. La noticia decía, literalmente "comen sapos en González Catán".
La abuela de Ceci (la esposa del Egar) estaba indignada. Puteaba, insultaba, lanzaba una serie de "estonopuedeser" tan furiosa que finalmente Ceci accedió a compartir.
-Tremendo, ¿no abuela? esto sí que es terrible.
-¡¡¡Pero claro!!! espetó la vieja, con un Alzheimer bastante avanzado... -¡no puede ser que coman sapos!
Y antes de que Cecil pudiera asentir, agrego:
-¡¡¡¡Pobres animalitos!!!!


07 septiembre 2010

Gracias, PRO

Yo no sé, porque yo de política mucho no entiendo estos días. Pero cada vez que cualquier PROhombre o mujer abre la boca, siento que se avanza un poquito.
Que el Estado porteño pretenda ser querellante en la causa de la demolición del gimnasio, no es una estrategia muchachos. Es tomarnos por estúpidos, miren que nos damos cuenta, eh? Hasta los que los votaron se dan cuenta.
Que el ministro de educación de la ciudad acuse a los estudiantes secundarios de atentar contra la educación pública y promover la persecución política y la amenaza como respuesta a legitimísimas demandas, eso es que les falta un golpe de horno.
Cada acto de este gobierno porteño parece ser un castigo sin fin para los distintos estratos de ciudadanía, un atentado permanente a lo público, una banal defensa de la peor lógica mercantil pero sin mirada política. Hasta para aquellos que creyeron coincidir ideológicamente con ellos, es patético.

Que aquello por lo cual estos tipos llegaron allí, les escupa en la cara a quienes por eso los votaron y a nosotros también, carajo, que los miramos absortos. La ajenidad de lo político visto como una virtud dejó de ser una moda. Gracias, chicos PRO.

Gracias por hacer rabiar a nuestros críos, gracias por insuflarles la pasión que sólo contándoles no podemos, gracias por hacerles entender, por si no lo sabían, que eso que están haciendo se llama política.


{post-post: gracias Laura)

05 septiembre 2010

De las conversaciones que tenemos con Saúl

Sólo es posible hablar con Saúl si la conversación lo alude de alguna manera. Si se quiere sostener más que un saludo con él (o si se está dispuesto a hacerlo) es necesario saber que inevitablemente, la conversación lo aludirá, más temprano que tarde. A algunos que lo saben, eso no les molesta especialmente e inician con él una conversación sobre los proveedores de Cable e Internet, sabiendo que probablemente la charla derivará hacia su preferencia de Fibertel sobre Telecentro, pese a que el servicio técnico es lo peor que él conoció —y-no-tengo-veinte-años— y que por más que él va a votar a cualquier Kirchner, esto de las licencias le parece una cagada. Hernán, por ejemplo (yo no termino de saber si por respeto o impericia) lo escucha atentamente, o lo finge, porque sé por propia experiencia que no es posible concentrarse mucho tiempo en lo que Saúl dice. Los aháes, mirá voses y  qué cosas se multiplicarán unos tras otros bajo la apariencia de una conversación común y corriente, pero delatando un creciente aburrimiento.
No es que Saúl se abalance sobre los vecinos para hablarnos, como sí hace Tita que abre la puerta apenas oye voces en el pasillo, no. Sólo si uno excede el “cómo te va” o tiene la impericia de decir algo acerca del clima, comenzará —a veces más lenta, a veces más rápidamente— a llevar la conversación hasta su propia persona. Sus deseos, preferencias, convicciones políticas, graduación de miopía o historias juveniles comenzarán a hacerse carne en la conversación, que pudo haber empezado con  un “dejá, yo cierro” o “no encontraba la llave”.
Como experimento psicosocial y de puro aburrimiento, me propuse no evitarlo más y tratar de cagar a Saúl. Iniciar con él una conversación y evitar por todos los medios que me hable de sí mismo. Así, cada vez que empieza a hablar del dolor de sus articulaciones tras mi comentario de qué manera de llover estos días, yo replico diciendo que mañana, según el servicio meteorológico, va a ser una monada. No resulta fácil, él siempre encuentra el camino por más sinuoso que sea. En los últimos tiempos, además, me parece que se dio cuenta de mi juego y tomó el guante. Estoy segura de que quiere darme batalla porque ayer me tocó el timbre, cosa que nunca había pasado desde que vivo en este depto. Desde el momento en que me dijo buenas tardes me puse a pensar en cosas abstractas y generalizadoras que lo sacaran a él de la conversación, viniera por el tema que viniera. Tuvimos algo como una conversación que se desarrolló más o menos así:
—Quería avisarte que el próximo mes me toca a mí la administración por un año. Y quería avisarte con tiempo, que las expensas se van a ochenta pesos, porque así no alcanza para nada.
—Todo bien Saúl, no hay drama. Gracias por avisar. Es que el costo de vida está tremendo.
—No me lo digas a mí, —respondió. Vengo del supermercado y con 100 pesos compré…
—El otro día me dieron 20 pesos truchos, —interrumpí. Parece que andan circulando muchos.
—Ah, sí, —dijo. —A mí por suerte no me agarran. Yo los miro bastante, viste? Una vez un tachero me quiso encajar uno, pero yo boludo no soy, eso era una fotocopia...
—¿Viste que en la librería de Jonte pusieron una fotocopiadora?
—¿La Martín Fierro? yo no compro más ahí porque el otro día me vendieron un talonario de recibos a....
—¿No te encanta la palabra "talonario"?
Justo sonó el teléfono y tuve que despedirlo y fue afortunado para mí, era notorio que no tenía más recursos. 
Mañana voy a hablarle de la primavera... esta vez no me agarra.

31 agosto 2010

No tomen la escuela, tomen cerveza

Convencida, la señora, habló después del piiip cuando llamó al programa de radio:

-Hola Víctor Hugo, yo quería decir que prefiero toda la vida que los chicos estén en la escuela, ocupando la escuela, que en la esquina alcoholizándose.

-¿Eh?

21 agosto 2010

Las siglas me persiguen

Camino, más por salir del frente de la pantalla de la compu que por necesidad, al baño, despacio. Como tantas veces hice y seguramente -digo seguramente sin estar tan segura porque pasan esas cosas que nos pasan tan cerca, esas putas tragedias que hacen de la vida algo tan poco seguro- y no tan seguramente, entonces, volveré a hacer, camino despacio hacia el baño. Voy apreciando puertas, el vitraux de las ventanas, el aire del pasillo de ese viejo edificio, entro, me siento a mear (siento decir crudamente "mear", pa que si digo orinar unos cuantos se me van a cagar -uh, perdón- de risa) y leo en la caja de papel para secarse las manos no me acuerdo qué cosa y SAP.
No sé bien por qué, pero siento una especial atracción por las siglas, por lo que ocultan, o denotan, o sugieren. No puedo pasar frente a una sigla inadvertidamente. No tengo idea qué significa SAP para los fabricantes -o importadores, no estoy segura- de papel para secarse las manos pero de pronto se me desplegó (porque por esta época las cosas "se te despliegan" como menuses, viste) un término de otra época: Solidaridad Argentina con los Pueblos.
Dudo si viene al caso explicar qué carajo es o era Solidaridad Argentina con los Pueblos, creo recordar que era una especie de sello del Partido Comunista. Me quedé pensando que seguramente sólo yo veré esa sigla (suponiendo que la gente se ponga a leer) y pensará "Solidaridad Argentina con los Pueblos". Lo loco, lo que me quedó dando vueltas, es cómo las siglas también marcan épocas y caminos recorridos:  despliega tu sigla y te diré quién eres, también podía haber puesto.
No sé para qué  puede servir esta conclusión, pero no importa. Lo cierto es que seguro que hay unos cuantos como yo para los que PC sigue siendo más Partido Comunista que Personal Computer  (aunque combinado puede dar por resultado... ¡esto! -¿para cuándo la Internacional en ritmo tecno, muchachos?-) o siempre que vemos MLN o FLN desplegaremos Movimiento o Frente de Liberación Nacional, por más modernos que seamos y o nos convirtamos en los american psycobolche (no perdona ni una el flaco éste, carajo).
Están las siglas también que reconocemos sin saber qué significan: Para mi generación DRF es sinónimo de cierto particular sabor más allá de que la mayoría no sepa que el tipo que las inventó se llamaba Darío Rodríguez de la Fuente y mucho más allá de que ahora hagan las de menta sin azúcar. Nadie dudaría qué coño hacía la KGB aunque muchos tartamudearían si les preguntáramos qué quiere decir. No importa. Contrariamente, creo que todo el mundo sabe qué es el FMI o la CIA o las SS.
Por prepotencia de pasado trágico, seguramente nos vendría primero a la cabeza Alianza Anticomunista Argentina antes que Asociación Argentina de Actores si nos lanzan a la cara AAA y FFAA es Fuerzas Armadas antes que Ferrocarriles Argentinos.
Desde que las patentes de los autos vienen con letras, me enfermé y contagié por cierto a algunos de mis amigos. Tengo juegos de palabras elaboradísimos, con reglas que lo van complejizando cada vez. Las siglas, por supuesto, están permitidas a condición de sean actuales o fácilmente reconocibles.


Si hubiéramos nacido diez años antes, reconoceríamos seguramente todas las siglas de este texto que el genial Perlongher tuvo la delicadeza de desplegarnos abajo, fundamental herramienta para quien investigue temas de pasado reciente argentino.
No cabe profundizar por el lado de la velocidad de la vida moderna y de las nuevas formas de comunicación, que exhiben impúdicos tkm o bs, porque eso es puro desgano y desatención.
Otro motivo movía a quienes saludaban en sus epístolas, brevemente, "salud y RS" y a quienes, irónicos o nostálgicos, lo siguen haciendo.

13 agosto 2010

Víctimas

El perro lloraba afuera, podía ser en la plaza, por ahí. Y los perros de la cuadra replicaban ladrando, quizás pidiendo auxilio para su amigo en desgracia, quizá pretendiendo tranquilizarlo o quién sabe qué cosa de perros. Gemido y ladridos incomodaban la noche, la perturbaban. Escucho la voz de un tipo que fue al auxilio, el bicho que se calma, o al menos calla. Una señora grita "¿está bien?" y todo vuelve, imperceptiblemente, a la tranquilidad, al silencio lejanamente intervenido por el ruido de un auto. Todos nos dormimos.
El pibe debía tener unos once y lloraba. Sucio, maloliente, pasado de pegamento lloraba. Solo, sin grandes ni chicos que lo acompañaran, lloraba dolorosa, angustiosamente. La gente se apartaba lo más posible y hasta podía ser gracioso comparar desde arriba la fila de personas que hacía una curva frente a él, con una fila de hormigas que esquiva un obstáculo. Pero no era gracioso. Nadie preguntó nada, nadie miró, nadie intentó acercarse.
La misma gente.
Algo anda bien para el culo en estas sociedades.



Más murguita oriental. La Mojigata de este verano.

11 agosto 2010

Pero también pudo pasar que...

Porque no siempre lo que pasó es lo único que pudo haber pasado.
Porque el azar, un estado de ánimo, el clima, una palabra, una copa de menos, un prejuicio, un cambio de opinión, un polvo o la situación política pudieron haberlo cambiado.
Porque el tiempo puede volver a atrás aunque más no sea en forma de imagen en nuestras cabezas, y entonces resultar que

de no haber sido mis profesores de ciencias exactas en el secundario todos unos fascistas y el de filosofía un bombonazo, también pudo pasar que lo mío no fueran precisamente las ciencias sociales.
de no haber tenido 18 en el 83 me hubiera perdido la fiesta de mi vida. 
de no haber conocido el sexo sin el sida, me hubiera perdido la fies...(ah, ¿ya lo dije?)
si fuera un poco más alta tendría otra actitud, estoy segura. Más relajada, quizás. 
también pudo pasar que al llegar a esa esquina no me hubiera asustado y que entonces la vida me cruzara con Eduardo, amor intenso y breve del que aprendí tanta cosa.
que nos hubiéramos entendido, pudo pasar, y no haber perdido cada rastro del otro, tamaña estupidez teniendo en cuenta cuánto supimos entendernos.
que creyera en Dios, haciendo un esfuerzo inmenso.
O que fuera vegetariana, y entonces qué desperdicio la parrilla en el patio, con todo respeto por las pizzas a la parrilla y la parrillada de vegetales. Pudo pasar también que no me gustara el vino tinto para acompañar esos asados, y entonces quizás media fórmula de un rato de felicidad.
O que estuviera cocinando algo en lugar de escribir esta huevada, y no lamentarme dentro de dos horas porque tengo hambre y no hay un pito pa morfetear.

26 julio 2010

El armonizador

-Pero qué taxi más pistero -no pude evitar decir apenas subí, inmediatamente después de darle la dirección al conductor. Siempre pienso tarde las cosas, y tarde pensé que el viaje desde la terminal de ómnibus de Retiro (a la que llegaba de noche tras unos días de intenso trabajo en Rosario) hasta el ignoto barrio de Monte Castro donde vivo iba a demorar al menos unos 45 minutos y que darle conversación sin más al tachero casi antes de sentar el culo en el asiento podía ser riesgoso.
Trato de no prejuzgar tontamente, en general, pero sé que siempre intuimos, percibimos, medimos. Y el juicio previo es una acción de ese orden, actualmente con justificada mala prensa porque hegemoniza -así es el lenguaje- su connotación negativa, pero que en su forma positiva no habla sino de datos de la experiencia.
Trato, debía decir quizás, de que mis prejuicios no se conviertan en juicios sin mediación ni causa, por ejemplo, cuando pienso en los tacheros de Buenos Aires. Los tacheros son naturalmente buenos, el tránsito porteño los corrompe, pienso, parafraseando a Rousseau. O que si los taxis vinieran sin radio, quizás no serían -o habría menos- taxista facho. O pienso que la gente es rara, siempre. O que no todos los taxistas son iguales, pienso, esta vez parafraseando a mi abuelita.


Pero trato de no iniciar yo una conversación, además porque los viajes -cuando una no es la que maneja- me sirven para pensar millones de pelotudeces que en otros momentos no puedo.
Lo cierto es que este vehículo lleno de luces y tecnología, me tomó de sorpresa (tenía por ejemplo una pantallita en el dorso del asiento delantero que transmitía repetidamente una extraña programación), y mi exclamación, claro, entusiasmó a su dueño.
-¿Viste? -me dijo, y agregó: -¿Y ya viste todo lo que tiene?
Sospeché, pero como soy suspicaz, no me importó y miré con más cuidado.
-Ah, sí, ahora veo que tenés un GPS ahí abajo, escondidito. Qué bueno, porque por mi barrio se complica un poco. Y la hora digital en el espejito, qué lindo.
-No, no, mirá bien, hay algo que no viste.
Ví de pronto ante mí una especie de hongo blanco, como de plástico, entre los dos asientos delanteros, que no se parecía a nada que yo hubiera visto anteriormente, del tamaño de un huevo de avestruz, por decir algo.
-Eso, -dije señalándolo. -Pero no me atrevo a preguntar qué es.
Ví cómo se alegró. Evidentemente era ése el chiche que quería mostrarme y sobre él la charla que el tachero -Carlos, según la tarjeta que me dejó cuando llegó a destino- prefería tener con sus pasajeros.
-Esto -dijo orgulloso, -es un armonizador.
Lo dejé seguir. Me contó, orgulloso, que eso era un artefacto científico (así dijo, artefacto científico), que lo había inventado su cuñado, físico él, y que servía para armonizar los ambientes. Que funcionaba por absorción de estática (todo hacía suponer que el concepto de estática era equivalente al menos científico de "malas ondas" o "mala vibra") y que él lo había probado en su casa, ocultándolo entre unas plantas a la hora de la cena familiar. Que las cenas en su casa siempre eran problemáticas, porque participaban de ellas su suegra y la hermana, que pasaban la vida peleando y en las cenas particularmente. Que ese día, claramente, habían discutido menos. Que lo había probado con sus hijos, con el mismo resultado.
-Si esto camina, -me dijo Carlos Ortiz, -vas a escuchar hablar de mí.
El monólogo de Carlos se hacía más entusiasta. Decía que el problema principal de la humanidad era la violencia, y que si la misma se erradicaba el mundo sería un mejor lugar para vivir. Por amabilidad y convicción acordé con esta afirmación, lo cual pareció darle todavía más energía para seguir. O era el armonizador.
Lo cierto es que de un minuto a otro -creo que pude haber dicho algo acerca del capitalismo y la mala distribución de las riquezas, pero no podría afirmarlo- estábamos hablando de lo público, más específicamente, de la salud pública y del estado lamentable en que se encuentra, cuando lanza:
-Yo NO estoy de acuerdo con que los hospitales públicos atiendan a los extranjeros.
Ay. Quizás tenía que pasar esto y yo debía haberlo previsto. Pero es así, la previsión no es lo mío.
-¿Cómo? -pregunté, empezando a notar lo inevitable de mi sangre que empezaba a entibiarse.
-No, no tienen que atender a los extranjeros. Una cosa es los argentinos, que pagamos nuestros impuestos, y otra los que vienen de afuera (quiénes si no son los que vienen de afuera más que bolivianos, paraguayos y peruanos).
-Ah. O sea que los dejamos que se caguen muriendo.
No le gustó la afirmación, o la palabra cagar, o yo. Me miró ofuscado y redobló su postura.
-No, yo no digo eso, yo digo que los atendés pero después de atender a los argentinos.
Él se había puesto nervioso. Se había transformado y yo -de nuevo tarde me dí cuenta- no debí agregar, viendo su estado.
-A ver muchachos, los peruanos en esta cola, los bolitas en esta otra y los paraguas acá.
Comenzó a enojarse, a discutir, a alterarse. Hablaba sin parar hasta que me jugué el todo por el todo y casi grité:
-¡¡Eeeeeeeeeeeh!! ¡¡¡el armonizador!!!
Hizo silencio de pronto. Quizás porque realmente se jugaba a que su artefacto científico tenía que funcionar. O quizás porque funcionaba así (yo no sé), comenzó a disculparse de todas las formas posibles.
El breve trayecto que restaba para llegar a casa lo pasamos en silencio, ya que gracias a su precioso GPS, no necesitaba indicarle las calles.
Si alguien quiere conocerlo, me lo hace saber. Carlos Ortiz, como dije, me dejó su tarjeta.

14 julio 2010

Mayúsculas

Sancho Panza: Yo cristiano viejo soy, y para ser Conde esto me basta.
Don Quijote: Y aún te sobra
[Cervantes, Don Quijote de la Mancha, I, 21]


Se discute la hegemonía de un discurso social. Con argumentos científicos, dogmáticos, legales, la posición respecto de la ley de matrimonio universal revela, de nuevo, una discusión ideológica (el conflicto del campo, que terminó produciendo una disputa ideológica, surgió de un conflicto económico -y de poderes, también) y una lucha por mantener posiciones.
En esta, todavía más, se discute ideología, entre otras cosas porque ningún perjuicio material podría producirle a nadie la aprobación de una ley que amplía los derechos de los ciudadanos (ni siquiera se trata de un juego de fojas cero, donde si yo te doy a vos es porque le estoy sacando a otros).
Más allá de los efectos de esta ley, de si es o no es lo importante ahora, de si primero hay que regular para agilizar los procesos de adopción, etcétera, es interesante (por lo menos no me van a decir que no es divertida, posta) la discusión "pública".
La Iglesia católica, y junto con ella los sectores más conservadores de la Sociedad (es así, muchachos, algunas cosas hay que escribirlas con mayúsculas) disputan una visión de mundo (diría el gran Antonito Grasmsci) al discurso secular, y se ponen a sí mismos como la reserva moral de la Argentina. La policía de la moral, los adalides (adalides es de las palabras que suenan raras después de decirla mucho) de las mayúsculas, Tradición y todo lo demás.
Y arrastran tras de sí no solamente al "público cautivo" de los colegios confesionales, cosa que no debería sorprender, sino a un público más amplio (que también viene a ser un público cautivo, no? porque se me hace que es un staff estable) que se siente identificado con estas demandas (y quién si no la Iglesia sería el más legítimo portador de su discurso) y aprovecha también para intercalar otros reclamos, o sea, doblan la apuesta. "No queremos más putos" podría haber sido un lema, más o menos como "sodoma=Argentina" como se veía en la foto del diario de hoy.
De las posturas ultramontanas, extemporáneas e interesadas de la Iglesia católica oficial y la troupe de los malos de Titanes en el Ring se sabe mucho en este ispa por nuestra tristemente célebre historia reciente. Sin embargo el descrédito en el que cayeron las Fuerzas Armadas tras el Proceso no lo sufrió la Iglesia como debía. Y ahí están, y sus feligreses, con diatribas al Satanás puto y a su hijo puto embanderados tras la curia que vocifera gusanos llamando a una guerra santa.
No es su último recurso, es el primero, eso es lo más loco.
Desde esa perspectiva tienen sentido el epíteto de "cruzada" moderna (que no medieval) para referirse al ansia de imposición de sus posturas conservadoras sobre una dimensión que, a todas luces, debería ser absolutamente independiente del poder confesional, que son los derechos de las personas que deben ser garantizados por el Estado. Debería ser, pero. No es fácil sacudirse la resaca de centurias, queremos, pero no tenemos, un Estado laico. La Iglesia católica ocupa un lugar relevante dentro de las estructuras de poder.
Parte de su legitimidad, es ideológica. Otra, claro, es económica.  esos espacios los peleará con uñas y dientes. Porque esos espacios son espacios simbólicos, de poder y son también materiales.

 Fotos de la iglesia en el centro de Colombia (Zona de La Candelaria). By Javi


(Ni hablar de que hay otras religiones. Pero en la Argentina hay libertad de un culto).
Por otra parte, las leyes que amplían los derechos de los ciudadanos suelen tener estos efectos. Más de uno (y una) se habrá escandalizado con la ley -tardía, por demás- de sufragio femenino (que antes, IGUAL, se llamaba universal ¿eh?, sólo para prestar atención a cuál es el "universo" al que se alude cuando se hace referencia a cuestiones "universales") y ni que hablar con la ley de divorcio. Las leyes -lenta, paulatinamente en este país- van respondiendo a los cambios sociales, mal que le pese al Cardenal Bergoglio.
Mientras tanto, Decenas de Familias Argentinas salen a las calles a manifestar por la Defensa de la Familia Argentina. Qué miedito.

08 julio 2010

Purgatorios

Y por qué si nos expulsan de su paraíso quieren obligarnos a compartir su infierno, qué partes de sus fibras se les mueven, en qué extemporáneas eras se quedaron para pensar que los derechos cívicos tienen que ver con su moral y cuánto todos debiéramos ir tras sus pretensiones.
En qué extraña confusión hemos caído donde la ideología retrógrada y fundamentalista legisla para padres preocupados y defienden, convencidos, la integridad humana, en nombre de la persona. Derechos, dijeron. En serio, lo dijeron. E integridad.
Palabras como padre, madre, derechos de los niños que en sus diccionarios se escriben con mayúsculas, para destacar, y por eso ponen Derechos de los Niños a tener Padre y Madre. Lo que se dice, una Familia.
En mis minúsculas, las palabras, quieren decir otra cosa:

[Juli va a tener un bebé y va a ser tan nieta de Marina como de mi hermana, aunque a los padres preocupados les preocupe, como deben preocupar las cosas importantes a la gente preocupada. No lo será judicialmente, no en esta ocasión (se sabe que las leyes corren torpemente detrás de los cambios sociales). Lo será naturalmente (¿cabe la expresión?) y eso será un hecho prepotente, que no pregunta a nadie si puede acontecer].

En cambio, humildemente, yo tengo otra propuesta.
Que se casen los curas, si ellos quieren. Que cojan entre ellos, que legalice (o que absuelva) la Iglesia el sexo anal, coger por placer, la infidelidad. Juntemos firmas. Que los curas promuevan el sexo libre a la salida de misa, en el nombre del señor. Que aprueben el exhibicionismo, que es una ganga al lado de la pederastia.


O que saquen sus rosarios de nuestras vidas privadas. Sean laicas o religiosas.
Y despabilen, muchachos. Mejor temprano que tarde.

05 julio 2010

Ráfagas

A veces la vida pareciera darse por ráfagas. De bondad, de furia, de especulaciones. Brevísimas ráfagas de infelicidad o de desazón. Y mezclarse esas ondas de hoy parecieran -porque quieren- con cierto aire de lunes maldito, por si pudiera empeorar.
Así una congoja se hace carne con otras. Qué importan los motivos, la vida misma, un juego.
Semanas hay que se viven de lunes malditos, meses hay.
De cosas vitales, tremendas, como la muerte misma cuando es completamente absurda (¿qué se nos pedirá, me pregunto? ¿que la ignoremos, que nunca haya pasado, que recordemos lo bueno, que sigamos con el show?). De cosas banales, como un juego.
Y así.
Llegará, ya sabemos, la sensación de viernes, porque transcurrimos entre tesis y antítesis (quién sabe si existirá algo tan pelotudo como una síntesis) sacudiéndonos. El vacilar, diría poéticamente Hegel.
Y llegará, sabemos, la sensación de viernes, como la vida misma, cuando es anunciada a dos abuelas -mujer y mujer, ellas- por el teléfono en altavoz. O de cosas banales, como ese mail amigo.
En medio todo pasa. Me muevo de lugares, tengo sueños prohibidos, me invento un objetivo. Repito las historias o me busco otras nuevas, me alegro, me acelero o pretendo tener el control. Fracaso, me pregunto qué hubiera pasado si, o qué fue lo que hice para, sin respuesta ninguna. Me aterro, a veces.
Brisas, que vengan. Vientitos suaves.

Dios te protegería


Estación Medrano, Subte B
Errata: Estación José Hernández, Subte D
(ni de cerca... ah, y ciertamente, la foto la sacó Guille -ella dice que en el D)

26 junio 2010

Si


Si hubiera justicia más allá que esa abstracta en nuestras cabezas, justicia real, vital, no justicia judicial, que de esa hay menos pero importa menos también,
si las palabras que inventamos alcanzaran para explicar algo de lo que nos pasa cuando nos pasa algo,
si fuera al menos posible un changüí, rebobinar un día y empezar de nuevo y no cruzar. O que tuviéramos siete vidas como dicen que tienen los gatos (y entonces nos reiríamos diciendo "ojo que te quedan seis, que a los 29 años está bastante bien perder tu primera vida pero no hay que descuidarse) o si fuera posible convertir, al revés de lo que es usual desear, una realidad en pesadilla y difuminarla lentamente entre la vigilia y el sueño, hasta amanacer felices y en calma,
si ese espacío no fuera hoy un vacío,
si la vida avisara antes de cometer un atropello o una canallada.

14 junio 2010

Historias de ficción, más o menos policiales, que pasaron denserio

El flaco se alquiló un depto bien grande en el Docke. Desde el balcón, a veces, se veía algún barco inmenso entrando en el Dock y parecía una alucinación. Mi viaje de su casa a Ciudad Universitaria era divino, por la costanera, con el 33. El día de la mudanza nos dimos cuenta de que no había luz y un vecino nos hizo una conexión promocional, gratis y para siempre, bienvenidos al Docke. Ahí mismo, ante otro problemita -donde dos patrulleros con sus licuadoritas encendidas pararon en la puerta de casa y tocaron el rimbre, mientras nosotros esperábamos en la esquina- cuando todo pasó y nosotros volvíamos a casa, se acercó otro vecino diciendo: "no sé ni me importa qué problemas tenés con la ley, pero te aviso que hace un rato estuvieron acá".

Las promociones de los años setenta de los liceos militares habían dado individuos extraños, adolescentes expulsados en su mayoría por insubordinaciones reiteradas (claro) y muchos de los cuales terminaron como fierreros militantes de organizaciones armadas, algunos, otros narcotraficantes, los que siguieron en su mayoría habrán terminado como milicos represores. Lo surtidos que somos. El Ricky militaba en el ERP desde los17 años, había sido compañero de liceo de Fer, que militaba en una orguita anarquista. En 1989 lo mataron en el robo en una pizzería en Banfield (él era el que robaba). Lo leímos en el diario.

Al Gusti -qué será de la vida del yourugua- lo agarraron guardándose cosillas en los bolsillos, en un Disco, ponele. Cuando el tipo de seguridad le dijo "acompáñeme", lo hizo sacar cada producto escondido en bolsillos internos y externos y le lanzó "lo dejás acá, lo pagás y te vas", a lo que el Gusti lo miró desafiante y le dijo: "¡Ah, no hermano, ahora me querés afanar vó a mí!".

Yo esperaba el colectivo en Flores, a mitad de cuadra en una madrugada helada. El patrullero paró al lado mío, bajó un policía, tocó el timbre del portero de un edificio que estaba tras de mí: "¿Quién es?", se escuchó después de un rato bastante largo. "La policía, señora". Dejé pasar el 126, mientras escuché la voz, incrédula: "¿¿¿Quién???" El uniformado miraba a su compañero sentado en el patrullero e intentaba otra vez. "La policía señora, queremos hablar con usted". El recuerdo de la cara del cana me alegró el resto del día, cuando la señora lanzó: "¿Pero por qué no te vas un poco a la reputísima madre que te parió"?

Como cada tanto, le robaron la cartera a Mariale. El policía que le tomaba declaración (porque sólo con la denuncia era posible llamar al remolque para llevarse el auto cuya llave.... bueno) escribió con dotes literarias: "observó, con sumo desagrado, que no estaba su cartera".

Todo el planterío de casa se había armado con gajitos prestados o "robados" de otros jardines, y todo el jardín estaba maravillosamente lindo. Que salir con un cuchillito a buscar más gajitos podía constituir una situación policial lo supe cuando Edu y el flaco contaron que la cana los paró -por portación de rostro- y cuando les vieron el cuchillo (ni Tramontina era) terminaron en el piso, brazos y piernas abiertas y demorados por averiguación de antecedentes.

06 junio 2010

Un todos




Bobby McFerrin: "no importa donde esté. Donde sea, todas las audiencias lo entienden"

02 junio 2010

gatitos

Vuelvo a mi experimento sin demasiada consistencia. Experimentar y no tener consistencia han sido dos antorchas en mi vida, que me han llevado a extraños caminos... 
En una de mis otras vidas, quizás la segunda de mi vida adulta (ésta me suena a la tercera... qué lo parió), estuve inmersa en el país de la educación y sus alrededores. Allí se hablaba de la "reflexión sobre la práctica", que los docentes debían tener. Más allá de la verborragia aplicada a la educación, y de un léxico que se transmite en los profesorados y magisterios absolutamente vacío de contenido y formando los terribles nuevos docentes del futuro (honrosas excepciones nos refutan a veces, graciadió no todo está perdido) está bueno eso de reflexionar sobre la práctica... de pensar sobre lo que se hace... quizás mantenga de aquella intención, la tibia idea de volver sobre aquello, sin dejar de ser esto nuevo...


Me había dado mucha risa (2 de mayo) cuando ví la versión tercermundista del gatito. Lo guardé pero no lo subí porque irrumpió mi superyo increpándome con un "yo me río de cada pelotudez"...







31 mayo 2010

Tiempo de blogs II

Del amigo Javi
Y recomiendo ésta, también.

¡¡¡Cómo estamos muchachos!!!

25 mayo 2010

De la gente y sus banderas

A menos que nuestros viejos fueran muy futboleros o exageradamente nacionalistas, o nos tocara acercarnos a la edad de la comprensión de las cosas en momentos "históricos" (de tan distinta naturaleza como una guerra o un memorable campeonato de fútbol),  las banderas en estas épocas llegan a nuestra vida despacio, naturalmente, como parte de un mundo social prestablecido, heredado, que viene ya con su adorno identificatorio que será el que se lleve a lo largo de la vida con orgullo o pesar, pero mayormente como parte de uno.
Una bandera nos identifica como parte de un grupo, en primer lugar. Y en segundo, no cualquier grupo tiene bandera: banderas que trascienden la coyuntura (la de la promo '82 no le importa mucho a nadie) tiene el país, el equipo de fútbol, algún partido político. No las mujeres, los pobres, los rockeros o los discapacitados -aunque sí algunos íconos-, lo cual habla de alguna particularidad del uso de la bandera, quizás vinculada con determinada "institucionalización" (con perdón) o legitimación del grupo social que la sostiene y/o su reconocimiento social, qué se yo.
La madre de todas las banderas es, lejos, la bandera nacional, si hasta una piensa si no debiera poner Bandera Nacional, inducida por el Ser Nacional de estos días y la proclividad que tenemos los argentinos a poner todo con mayúsculas.
La nacional es la bandera más pesada que heredamos, nos guste o no nos guste. De todos los sinónimos o significados de la palabra nación el que más pareciera encajar con bandera es patria. Quizás porque vengo de una generación en la que ambas eran una y eran de los otros, bandera y patria fueron constituyéndose como palabras ajenas. La bandera se la respeta. Aquella bandera era la que "venía" con los símbolos patrios, el himno, la escarapela. Quizás porque recordábamos que, tristemente, inundaba las calles cuando el mundial del '78 y la guerra de Malvinas y en general estaba acompañada del predicado flamea orgullosa.
No fue otra, creo recordar, la que sacaron los adeptos del movimiento campero y que colocaron gloriosa sobre las 4 x 4. Eso sí era flamear, carajo.

  • "Mi papá la quemó, la bandera", contaba Morena con sus cuatro añitos a mi vecina Tita. Recuerdo que escuché decir que a una bandera no se la lava ni se la plancha, y váyase a saber qué cosas piensa la gente de las banderas, que éste, el papá de More, la quemó. Tuvo durante años la bandera argentina puesta en la terraza, hasta que el clima y el paso del tiempo -ignorantes de la obligación de respeto por los símbolos patrios- la destruyeron. La quemó y yo me pregunté: ¿no iba presa la gente por quemar banderas? 

Mi vecina Tita puso una bandera y Esther le regaló otra. Así estamos, estos días.


Así de irritante me resultaban las que Radio 10 repartía en las fechas patrias a los automovilistas.
Esas banderas -nunca trapos o telones- eran, se decía, las banderas de la patria.

[Quizás porque los colores sean los mismos y entonces se confunda, o porque extrañamente mi televisor perdió el color y me confunda yo, a primera vista pareciera que todos quienes llevan la bandera quisieran lo mismo, pensaran lo mismo, porque claro, llevan los mismos colores (pero en los ochenta, en la izquierda, se discutía que había que disputarle los íconos a la derecha, los símbolos nacionales, la palabra "patria". La trágica experiencia del Movimiento Todos por la Patria, y la propia devastación de la izquierda terminaron por sepultar esa intención), sin embargo los "banderazos", suelen tener motivaciones, significaciones y apropiaciones diversas. Es una especie de paradoja que se diga como un elogio "no se veía ninguna bandera partidaria, sólo la celeste y blanca", si pensamos que después de todo embanderarse quiere decir tomar partido por algo. La bandera es entonces una mezcla confusa de sentimientos].

  • "Cuando yo era pendejo no entendía cómo había gente en la calle que caminaba con una escarapela, ¡si ellos eran adultos, a ellos nadie los obligaba a usarla!", contaba Joni el otro día.

A la bandera nos la encajan como nos encajaban la escarapela en el primario o nos ponían sanciones por no llevarla en el secundario. Nos obligan a compartirla con el garca de mi vecino o el milico genocida, nos hacen creer que un sentimiento común nos hermana a todos y cada uno de los pobladores de estas tierras, por más que seamos tratados distinto, tengamos distintos derechos y obligaciones, o enarbolemos, orgullosos otras banderas. La Nación requiere que todos nos identifiquemos con sus íconos.

  • El libro de primer grado mostraba una foto que había que describir: el seleccionado argentino, con su camiseta celeste y blanca festejando un gol en un mundial. La enana escribió prolijita sobre la línea punteada, convencida y orgullosa: "gol de rasin".

Es inevitable asociar la bandera con cierto sentimiento chauvinista (cuál otra connotación tendría si no el término "argentinazo" como si eso quisiera decir algo), y por eso a veces de una familiaridad algo fascistoide, me disculpen los legítimamente nacionalistas. En los actos del festejo del bicentenario, el recuerdo de Malvinas traía su inevitable "y ya lo vé, y ya lo vé, el que no salta es un inglés" con su carga de nacionalismo actualizada por los acontecimientos recientes. Pero la incomodidad daba paso rápidamente a la era del advenimiento de la democracia: "la vuelta a la democracia está signada por murgas, porque es la alegría contra  el oscurantismo de la dictadura. Una murga que también incluye travestis", vociferaba la locutora, notoriamente conmovida. Lanata estaba preocupado por la propaganda política.
Quizás favorecidos por la connotación de cumpleaños, quizás por la calidad de los festejos, seguramente por la amplia convocatoria (quizás la más amplia de esta época) y su respuesta, (además de por prepotencia de los números), las manifestaciones adquieren un carácter más plural, más "laico" si cupiera el término, y la alegría, después de mucho tiempo, pareciera ser de la gente.
Después de mucho tiempo (el 2001 puede ser el contraejemplo) el país se llenó de banderas .
Insospechada yo de ser oficialista (habría que preguntarle a la enana), pienso que este gobierno aprovechó de la mejor manera la fiesta del bicentenario. Cristina bailó casi desbocada y los funcionarios y delegados y presidentes de otro países trataron de no hacer demasiado el ridículo, aplaudiendo entusiastamente. El relato histórico de la refundación estaba teniendo lugar.
Por esta noche, el país fue una fiesta de todos.

Otras banderas llevamos y esas las elegimos por voluntad propia, más o menos condicionados por nuestras circunstancias, pero eligiendo al fin. No podría sostener por qué me hice de River, sí de izquierda.  Otras fueron tejidas por imperio de la historia. Las Madres de Plaza de Mayo -hoy íconos centrales de la refundación de la nación en la construcción del relato histórico- siguen cargando su pregunta eterna y levantan esa inmensa bandera, levantado a la vez las banderas de sus hijos. Entran y salen -deben salir- del relato histórico oficial, porque la pregunta es prepotente, persistente. Si no fuera, nada quedaría por hacer.



Estos días mi barrio, renegando quizás de tanto festejo nacional, se tiñó como mi televisor de blanco y negro y festejó en paralelo otra fiesta. Floresta, Monte Castro, Villa Real o estos barrios olvidados de Dios (que será porteño pero atiende en Congreso), festejaron también la fiesta del Albo. No sé nada de fútbol pero fui de All Boys por orgullo de barrio. Sentirse parte de la fiesta no estuvo nada mal.