08 diciembre 2009

Sentimientos primarios

Creía que lo que me había pasado con Ceci y su cumpleaños sorpresa número 40 (eso debe estar mal escrito, porque pareciera que Ceci tuvo cuarenta cumpleaños sorpresa, cuando en realidad fue su cumpleaños número 40, que fue toda una sorpresa) había sido un episodio feo. Sin llegar a sentir culpa, confieso que aquello me dejó cierta amarga sensación.
Pero lo que me acaba de pasar no lo voy a poder remontar nunca. Tengo cuarenta y cuatro años. "Casi cuarenta y cinco", dice la guacha de mi hija para provocarme, lo que en un cálculo fácil indica que terminé la primaria hace treinta y dos años. Treinta y dos años atrás yo andaba por mi primer vida (calculo que voy por la cuarta),


[un colegio privado de colectividad (es decir, un termo adentro de otro), una infancia olvidable, un altillo con cosas viejas, una hermana molesta y una timidez que lindaba con el autismo. Mis doce en el 77, el miedo familiar de una clase media inmigrante que no veía por qué meterse a opinar sobre nada, mi tío viendo inexorablemente "Combate" a la hora de la cena, el diálogo bilingüe en la mesa. El 24 de marzo del año anterior grababa de la radio, con un flamante y novedoso grabador que mi viejo había traído, el discurso de Videla, presintiendo que era un momento histórico. En la misma cinta, Lalo había grabado a escondidas unas groserías que jamás en mi vida había escuchado, y que claro, yo rebobinaba una y otra vez, escuchando intercalados el Comunicado Número Uno de la Junta con una versión guarrísima de "A media luz"].


y tenía una compañera que apenas recuerdo que se llamaba -se llama, acabo de confirmarlo- Claudia S. Recuerdo de ella unos ojos y un pelo negrísimos y hermosos.
-Hola, Gra? Soy Claudia S., de la primaria  ¿te acordás de mí?
Silencio de radio. Yo apenas me doy cuenta de lo que pasa, pero la parte más intuitiva -y más instintivamente fóbica- de mí sólo quiere huir. Yo, como creo que a los instintos hay que atenderlos, busco la forma y en un primer impulso se me ocurren simultáneamente las cosas más pelotudas para responder ("no mirá, sufrí un accidente y no me acuerdo ni de mí"; "¿Claudia? ¡¡sos vos, cretina!! te estuve buscando por todos lados"; "¿primaria? si yo la primaria no la hice porque estaba en un instituto de menores"), o hacer (cortar; romper el teléfono; fingir que algo tremendo pasa haciendo ruidos terribles), pero lo pienso mejor y  respondo, sensatamente:
-Sí, claro que me acuerdo... ¡¡que increíble!!
Siguió una verborragia por su parte que incluía un listado de nombres, oficios y trabajos -algunos dignos de mencionar como gerente en una multinacional o médico-, matrimonios e hijos de ella y otros, éxitos varios, intercalados por breves "qué increíble"s míos, que no hacían sino aumentar el entusiasmo de Claudia S. por seguir contándome de Carlitos, que vive en Miami y le va tan bien.


En el '78 al flaco lo secuestró el grupo de tareas de Guglielminetti y yo promediaba mi primer año de secundaria cantando veinticinco millones de argentinos, con la alegría de un pueblo feliz y pacífico. En el Banco, donde lo tenían secuestrado, los milicos alternaban -siempre haciendo patria- el festejo de los goles con la picana. En mi escuela la foto de Videla nos observaba a diario. Unos años después su foto fue reemplazada por la de Viola, y así.
-Ay, te separaste, qué lástima.


Si hay algo que no es una lástima en mi vida (más de unx estará de acuerdo conmigo) es haberme separado (como tampoco fue lástima haberme casado, no se vaya a creer). Pero Claudia S. va mostrando, despacito, sus puntos de vista.


-A mi nena la estoy mandando al sacrosantísimo de la reverenda, ¿viste? Es un ambiente tranquilo, sabés quiénes son sus compañeros, yo estoy más tranquila.
Cuando estaba en tercer año me descubrí siendo comunista o símil, sin terminar de entender bien qué era. El fascismo pronunciado de un profesor de cívica (jefe de un  movimiento político nazistoide, el derechista nacionalista constitucional) me terminó de moldear en un espectro que -iba a saber más tarde- se denominaba izquierda. Dejé de ser hereje cuando supe que era atea y empecé a leer lo que caía en mis manos.


-A Lalo le va rebien, es uno de los que veo cada tanto. Cuatro hijos tiene... ¿sabías que es policía? 
Cuando terminé quinto año  fui a la marcha de la multipartidaria, escapada de la vista de mi viejo que me hubiera matado antes que dejarme ir. Nunca había estado en ninguna manifestación, nunca había visto un carro de asalto y jamás había respirado gases lacrimógenos. Ese día murió Dalmiro Flores en la represión y yo me llevé el susto más grande de mi vida, aumentado al día siguiente cuando leí la noticia. Creo que mi papá algo sospechó, porque empezó a marcarme más de cerca.


-Betty (y sí, soy del '65, en mi generación había esos nombres) se casó con un un tipo de los medios, ¿viste? resulta que están re bien. Él es uno de los directivos de la Editorial Atlántida.
En 1979, ante la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos,  convocados por las denuncias de graves violaciones a los derechos humanos cometidas por el régimen militar y atentos a las campañas de las organizaciones en el exterior, la revista Para Tí contraatacaba editando  unas postales, en lugar de sus habituales fichas de cocina, serie publicada bajo el rótulo "Defienda su Argentina".

Me habló de Adrián, que estaba pelado y de Martín que tiene un negocio de colchones. De los viejos tiempos, de reencontrarnos, de saber  unos de otros. Me contó que el grande de Roxana había empezado el CBC pero se fue despavorido. En la Universidad de Buenos Aires hay tanta política, tanto zurdaje. Mejor que los chicos no estén en nada.


Yo escuchaba sabiendo que esta vez estaba en otro termo. Cuando Claudia S. había hablado unos minutos, yo había preparado un incontestable "justo ese día tengo un asado en una quinta", que no me hacía quedar mal y era más amable que mi desaparición ante Ceci. Pero a medida que la conversación iba avanzando, sentía -de nuevo- esa sensación de odio, esa irascibilidad que me mete todo el tiempo en tantos problemas.


Cuando me preguntó sobre mi vida le dije que mejor desde que me estaba recuperando de una enfermedad complicada (apenas dejé asomar el concepto "transmisión sexual" una sola vez, como cediendo ante su curiosidad) y que vivía en pareja con otra mujer, pero que sólo estaba probando a ver qué onda. Hizo una exclamación y recién en ese momento me acordé de su cara completa, cuando una vez, saliendo de un hospital donde habíamos ido a vacunarnos, una vieja se nos acercó pidiendo una moneda. Ella dijo de una manera contenida "no tenemos" y agregó inmediatamente por lo bajo: "qué asco". La vieja iba llorando.


La conversación no iba a durar mucho más. Estoy segura de que no volverá a llamarme y de que la promoción 77 del primario, cuando se junte el sábado que viene después de treinta y dos años, va a comentar regodeándose sobre algunas noticias divertidas. Brindarán con champán y agradecerán nuevamente pertenecer a nuestra castigada pero heroica clase media que sostiene con su trabajo y con su familia la persistencia de los valores tradicionales: la amistad, la honestidad, la bondad humana.

9 comentarios:

La candorosa dijo...

Es saludable tomar distancia de la gente con la que no se tienen cosas en común... ¡¡sobre todo estás que menciona!!

Saludazos!!

PD: vamos, desde aquí ¡¡una, clase 64!!

emeygriega dijo...

Qué peligrosos son esos revival.
Mi experiencia fue al revés: cuando cumplimos 20 años de egresadas armamos una reunión con presentismo casi absoluto, casi 200 chicas y no preguntes cómo, se generó un clima confesional maravilloso donde cada una hablaba en ronda con absoluta franqueza.
Es rarísimo, pero fue genial encontrar a esas mujeres mucho mejor de lo que estaban en aquella escuela intervenida y bañada en sangre.

Cosas de la vida, doña.

Laura dijo...

Y brindarán (entre risas) porque no te vas a poder volver a casar! (por ahora)
Fui jardin/primaria/secundaria a un colegio privado de colectividad. No sabés como tentiendo...

Gra dijo...

Sí, Cando, eso creo: verás que no es puro prejuicio, me dí el tiempo de saber más o menos en qué andaban ella y un par más. Y la verdad, paso.
Saludos muchos, coetánea!

Eme, jamás de los jamases yo hubiera ido a comprobar en qué andaban 200 mujeres de mi generación (ni 200 personas de nada, creo yo). Me alegro por usted, señora, y su confesional reunión (si vas a persistir con el doña, pibita, vamos a tener que hablar).

Laura, ya veo que "mentendés". Yo no creo que se rieran de todos modos, lo comentarían con preocupación, como la buena gente que son y reflexionarían "si ella es feliz..."

Lo que más me pega es cómo en el medio, en el país, no pareció haber pasado nada de nada de nada.

PÁJARO DE CHINA dijo...

Sobre el post anterior, que me disparó un montón de fantasías:

(i) Sí, a veces es mejor que la fantasía permanezca en su propio territorio, oculta y enterrada. Si no fuera así ya estaría presa o catalogada de ninfómana. El viejo tema de los mecanismos inhibitorios o de incorporación al pie de la letra de los manuales de instrucción. Tiendo a creer en lo segundo, tiendo a creer que todo, absolutamente todo, es una construcción cultural.

(ii) A veces es maravilloso y hasta necesario que los dos territorios se confundan, se mezclen y se revuelquen sin que podamos distinguir cuál es cuál. Es el reino del láudano, del ácido lisérgico, de la poesía o la pintura abstracta, de la percepción abierta en todas sus variantes. Es el tiempo de la infancia temprana donde pintamos perros violetas y no estamos tan seguros de que dos más dos sea cuatro. El estado que nos permite sobrevivir.

Acerca de las reuniones con viejos "compañeros" con los que solo compartimos tres paredes y un piso por tiempo más o menos prolongado ... yo no voy. Y malditos sean los encuentros casuales y esa sensación, como bien decís, de que para otros no ha pasado nada, absolutamente nada.

Pueden ser benditos, también, para afirmarnos en lo que hacemos y en cómo hemos decidido vivir.

Un abrazo fuerte.

PÁJARO DE CHINA dijo...

P.S.: La música de tu rockola violeta tiene una coherencia delicada y absoluta. Cada tema es un estado mental que se enhebra al próximo.

Horacio Gris dijo...

Llega un punto en el que no tiene sentido seguir o retomar contacto con ciertas personas. Está bueno que puedas ponerle humor a la cuestión pero este es un tema que a mí me pone bastante loco. Yo la hubiera mandado a cagar de una.

mariajesusparadela dijo...

Leo y no paro sobre tanto dolor. Y no puedo comprender cómo hay gente en la que no dejó huella, sean del lado que sean.
Las reuniones suelen ser convocadas por algún mediocre triunfador, para mostrar su mediocridad y su triunfo. De su crecimiento como personas no suelen preocuparse demasiado porque creo que no tienen muy claro el significado de "persona".
Y me pongo a temblar cuando el señor Feijóo (presidente de la xunta de galicia) pide el derecho al voto emigrante, porque mucho me temo que está pensando en esa clase media de la que hablás...luego me consuelo pensando que también hay peleonas como vós, emeygriega y el pájaro...que, desgraciadamente no van a solicitar su derecho al voto aquí (supongo que emeygriega y el pájaro podrían).
En fin, que no sé si es una pena o una gloria compartir ésto...

Gra dijo...

Qué de epítetos nos ganaríamos todos y cada uno si las fantasías se hicieran realidad, es cierto, Pájaro. Y en cuanto "las gentes", da para largo y me apasiona pensarlo. Que seamos lo que seamos, que otros sean lo que sean. Qué cosa, che. Da para un post, mujer, de esos que vos sabés escribir.

Horacio, para mí mandarlos a cagar por ahora queda en el terreno de la fantasía, pero en este caso sí me gustaría realizarla alguna vez (a algún jefe se lo he hecho, pero es más fácil).

Y María Jesús, qué decirte (el "peleona" me encanta, cuando mi hija era chica me decía "enojona", que también) más que aquí y allá hay gente afín. No sé si en lo práctico eso se traduce en un mundo mejor o algo al menos. En lo personal es gratificante, que no es poco.