28 septiembre 2009

Andar por blogs

a veces es como andar por bares, cuando parece que hasta humea el café entre la pantalla y una, y es como leve, grato, cómodo.
A veces se hace odioso, como si un olor feo en el bondi nos obligara a elegir entre soportarlo o irnos. Seguimos. Yo sigo, hasta la parada, sigo. Frunciendo la nariz, pero estoica hasta llegar a destino. Puteando al bajar, cuando amerita.
O romántico, amoroso, caliente, o todas las variantes de la sensualidad. Como en la vida misma, salvo algunas cuestiones.
O que nos dan envidia. O me conmueven.
O una criaturita propia, feúcha, contrahecha, a la que no estaría mal matar, nada mal. Probar el desamor como un ataque al ego.
O pensar que no es nada y quedárselo, tal vez como un medio hacia ningún designio.

Y tratar de seguir de bar en bar, entre olores y muertes y algunas carcajadas.


04 septiembre 2009

Idos

Permítaseme consolarme tontamente por el mal de muchos, de algunos por lo menos, porque yo tendré quintuplicado mi DNI por perder dos y lavar otros dos veces el susodicho (quizás algo atempera que seis años después haya encontrado uno de los perdidos o quizás lo empeora, ahora no quiero hablar de eso), o me habré caído dos veces seguiditas en la misma vereda, si suena estúpido habría que imaginarse cómo se vio, y una de las dos veces nada dignamente porque mi pollera se levantó a la altura de mi nuca. Ni zapatos nuevos, ni veredas mojadas. Puras distracción y torpeza.

Pero Marta por ejemplo, por más que le decimos y le decimos, siempre queda mal con el señor Ramos García y le dice -inevitablemente, le dice- Ramos Mejía. Y eso que se cuida. Ella se distrae con las palabras, más bien, y por ejemplo repite y una otra vez supositorios en lugar de diapositivas, en una reunión muy seria y solemne con gente importante. Seguía con mi cara impertérrita salvo por las lágrimas de risa que no pude reprimir, hasta que debí salir corriendo al baño. Hundir desesperada mi cara en las toallas del baño no evitó, estoy segura, que mi carcajada se escuchara.

Otro que se distrae con las palabras es Javi, que dice partido rojo cuando quiere referirse al colorado o indígenas en lugar de campesinos.

También consuela, en otro orden, Laurinha, que se toma un taxi con el teléfono inalámbrico en la mano como si fuera un celular, o sólo al entrar en diálogo telefónico con el tipo del servicio técnico del cable, se da cuenta de que no está bien llamar para reclamar indignada que carece de señal, cuando está colgada.

O Jorge, que no sólo se ponía medias de colores distintos sino zapatos de pares diferentes.

O el otro Jorge que dejó el auto estacionado en el supermercado, hizo las compras y se fue caminando con su bolsita tranquilamente a su casa, y al no ver el auto en la puerta desesperó y llamó a la policía denunciando el robo, y sólo se acordó cuando la policía le informó que habían encontrado su auto a cinco cuadras, en el estacionamiento del supermercado. Hay que tener cara de piedra para seguir sosteniendo la denuncia diciendo "qué raro, se lo llevaron para dejarlo allá, lo habrán usado para hacer las compras..."

O unos amigos de Ale que fueron bajando después de la cena todos por el ascensor mientras quedaba, solito y desamparado, el canastito del bebé. Con el bebé adentro.

Así que, viejo, recordemos eso de la paja y el ojo, este... cómo era? Bueno, que a cualquiera le puede pasar, che.

02 septiembre 2009

Como si eso fuera poco

Este señor sí sabe explicar claramente cómo solucionar el problema de la pobreza.

Los fascistas siempre quieren quemar, matar, liquidar. Y cuando salen las viejas a pedir juicio y castigo a los cobardes chiquititos, las quieren quemar, matar, liquidar (siempre en mayúsculas y analfabetamente, como suelen escribir). Las viejas no dicen mátenlos tortúrenlos ojo por ojo y diente por diente. Las viejas dicen juicio y castigo.
Y cuando la vieja a la que le mató el pibito la cana o el prefecto o el señor respetable, pide que se haga justicia la quieren matar, quemar, liquidar.

Y nosotros somos los violentos.

Y esos señores ahora se presentan a elecciones y entonces dicen que apuestan a la democracia.


01 septiembre 2009

Dicen los pibes


Barrio de Monte Castro, Ciudad de Buenos Aires, mayo 2008

24 agosto 2009

Todo es según la lente del óptico que lo mira

"Todas las pasiones tienen dos sentidos, Juliette,
uno muy injusto, relativo a la víctima, y el otro,
singularmente justo, para quien la ejerce". [Sade]

Resulta que ante una sencilla y rápida observación de las cosas que pasan, las personas opinan, sienten e interpretan cosas distintas. Una manifestación en la calle podría ser un estorbo para un automovilista, la convicción de que loquepasaesqueenestepaísnadiequieretrabajar para un vecino del barrio, la posibilidad de más votos para un puntero, una buena fotografía -o la revelación de nuestra idiosincracia nacional- para un turista, un paso en la lucha por la emancipación para un militante, el coraje de luchar por lo que uno quiere para un manifestante, y tantos etcéteras como combinaciones de personas, clases y grupos haya.

Y podrá ser que combinaciones haya muchas, pero una clarísima cuestión -cuestión incuestionable- desde nuestra escasamente rigurosa disciplina o mirada, es que en tiempos y espacios delimitados esas combinaciones no son infinitas, es más: no son tantas. En tiempos y espacios variados probablemente lo sean, pasados insospechados, inexplorados o escasamente comprendidos, o algún mundo lejano posible y desconocido de espacios y épocas impensados, combinaciones distintas de cosas que hoy no conocemos.


Parece una boludez, pero no es... Hay circunstancias materiales, sociales, culturales, familiares, personales que producen esos "modos de ver las cosas", hay intereses concientes e inconcientes, diversas modalidades de extracción social, de formación, pertenencia identitaria que conforman esos diferentes modos de ver. Desde el sentido común –que siempre es útil y es bueno mantener afilado– es posible también comprender que “todo es según de qué lado te parás". El sentido común, pese a sus solemnes detractores, nos encanta a los defensores de las filosofías baratas y las sociologías de mercadito.

Entonces resulta que hay miradillas humanas actuales diametralmente opuestas entre sí, o levemente diferentes o casi iguales pero no tanto, sobre las mismas cosas que objetivamente nos pasan a todos.

Ese campo tan gris -el de lo ideológico-, Gramsci lo define como una "visión del mundo" hegemonizado por la clase dominante, que presenta su propio interés particular como si fuera el de todos (claro que por épocas eso no cierra y se nos viene un 2001), que lee e induce a leer la realidad con sus propias lentes, da o despoja a la realidad de su significado, manifiesta como contingentes cuestiones que son necesarias y al revés (ejemplos clarísimos entre cientos puede ser la elección de los "titulares" de los medios de comunicación masiva, o la exaltación y el nombre que la historiografía oficial coloca a un hecho histórico -esa cuestión del "descubrimiento de América" o la "Campaña al Desierto").

Pero como decía el filósofo: "no tan rápido, 99"

Al discurso hegemónico, en diversos niveles de lo social y con distinta efectividad, se oponen algunos discursos contrahegemónicos, que logran filtrarse, llenar de sentido -de otro sentido- los significantes vacíos: un discurso ecológico, así, puede ser progresista porque se articula con el discurso del bienestar general, etc., o la resignificación en su sentido social, igualitario, del concepto de democracia, hoy bastante devaluado en ese sentido. Los discursos contrahegemónicos son más efectivos -también- cuando sus demandas son apropiadas por otros sectores (las Madres y sus rondas desde el '77 comenzaron demandando por la aparición de sus hijos y terminaron representando la demanda por la investigación de los crímenes de Estado, el juzgamiento de sus responables y finalmente el retorno de la democracia, agrupando tras de sí otros movimientos sociales, partidos políticos, etc.). Antonito sostuvo, junto con otros marxistas más tarde, que en el terreno de lo ideológico es donde se manifiesta el conflicto social (¿puedo decir lucha de clases? ¿eh? ¿puedo?)

A la cuestión de la ideología Althusser le giraba la tuerquita un poco más sosteniendo que los canales a través de los cuales esa ideología se reproduce, se recrea, son los "aparatos ideológicos de Estado" : la escuela, las religiones, los medios de comunicación son encargados de transmitirla para asegurar su perpetuidad (de garantizar la -con perdón- "reproducción de las relaciones sociales de producción") en el poder, y la verdad es que en este ispa y en esta época no hace falta profundizar mucho para darnos cuenta de qué habla.

Por ejemplo, el otro día fui a una óptica a pedir un presupuesto para unos lentes. Me toca por puta prepaga Pförtner. Debo decir que además de no ser muy afecta a modas y marcas, nunca usé anteojos e ignoraba las peripecias de pasear por oftalmólogos, ópticas, y conocer la infinita cantidad, marcas y calidad de distintos marcos y vidrios -con o sin antirreflex- hasta el instante en que me dí cuenta -¿cuán tarde?- de que la enana no veía una vaca adentro de un baño.

Y ahí fui yo, a la concheta zona de la Recoleta, donde llegué a una especie de chópin (como dice Artur el peruano), un Blokbuster, un Farmacity de lo' anteojo, esa onda. Un lugar encastrado en el paisaje de la zona, perfectamente armónico con todo y la gente que lo caminaba y lo atendía, unos "ótpicos" (no sé por qué las comillas, la verdad, supongo que son realmente "ópticos", je) todos o jóvenes lindos o viejos con pinta de sabios (qué proces de selección de personal, pensé) .

Y resulta también que -mientras esperaba que me llamaran- en la tele grande, grandérrima, estaban pasando el noticiero de TN con la gente de la Villa 31 furiosa, tirando piedras y otros objetos contundentes contra la cana.

-Yo no sé, esto a mí me da una bronca, me da una impotencia, vení, pasá por acá. Me indicó el "óptico" pendejo y carilindo, con gesto como fruncido.

-¿Qué cosa te da impotencia? pregunté suspicaz mientras me acercaba, pensando en que SEGURAMENTE me iba a decir lo que segundos después escuchaba:

-Estos tipos. Hace media hora que están tirando piedras y la cana no hace nada.

Silencio...

-Se la pasan afanándonos, hacen lo que quieren y ahora mirá, la cana está ahí mirando, no reprime, no hace nada. Y ellos la pasan bárbaro.

Silencio...

-A vos te gustaría estar en ese lugar, ¿no? Digo, pasarla así de bien..., le dije.

Me miró un rato con cara de bobo: "no, no, yo digo que ellos están rompiendo todo y nadie hace nada", entre avergonzado y furioso.

-Ya hicieron. Un hijo de puta de la prefectura mató a una pibita de 17 años.

¿Qué es lo que permite ese desplazamiento tan impresionante para invertir los términos? ¿cómo operan los mecanismos ideológicos para que se pueda ver como una amenaza al sistema a quienes son, justamente, sus víctimas?

El discurso dominante excluye, criminaliza, juzga y condena. Invierte los términos. La clase media es su transmisora más efectiva, su garantía de persistencia. En una rápida operación de enroque se convierte en víctima (de la inseguridad, de los impuestos, del incremento del costo de los electrodomésticos) y demanda, exige al Estado que los proteja de ellos, sus victimarios.

Ese discurso oscila desde culpar al vendedor callejero de afear la ciudad o de competir deslealmente con los leales comerciantes (como bien muestra en su versión en papel, la maleducada revista Que de reciente y exitosa aparición, habrá que comprarla) hasta justificar, en un no muy lejano extremo, gatillos fáciles, "palizas" aleccionadoras, y mucho palo pa' que aprendan, pasando por un arco variado y pluralista. La izquierda no lo logró, por cierto. Pluralista-pluralista es la derecha.

Ah, y al final fui a la óptica del barrio. Me salió lo mismo, con antirreflex y todo.

18 agosto 2009

Esperas

Contamos día a día treintaydos días faltan para un puto feriado, qué proporción de mierda. Y en noviembre, carajo, ya no hay días, pensamos día a día llegar a fin de año para irnos de una vez del día a día, pero como excepción, no como norma.
Y volvemos y seguimos esperando.
Transcurren los días esperando esperando esperando un día más diez horas más de días para mí, para morir otro poco en una cama, una terraza o una plaza al solcito, como niños felices o viejos decepcionados. Como si la palabra vacaciones fuera poco menos que la felicidad más absoluta.

Y que crezcan los chicos, esperamos, decimos que queremos que sean independientes, para vernos más libres, o esperamos como esperaríamos antes formar una pareja, tener un hijo o dos, no más que tres, para verlos crecer y ser independientes y sentirnos más libres y esperar.

O buscando laburo y buscar y buscar y buscar desesperando.

O esperando que muera, de una vez, tantos días así, pensamos, que se vaya si ya no vuelve atrás y hasta nos da nostalgia su sonrisa entubada. Que empezó a irse yendo y se dejó de ir. Esperar que se vaya, de una vez, sin sonrisa.

O tener una casa y otras banalidades, esperar ser mejores o dejar de fumar, como si se pudiese, como si eso importase. Esperar cosas grandes, inmensas, cosas maravillosas, algo nuevo, vibrante, sin dejar de negar con la cabeza. Esperar que ese perrito de mierda se calle y me deje dormir. Esperar la mañana con insomnio.

¿Que haya un rumbo? ¿se vislumbre un camino, haya conciencia? esperar siempre trae estas incertidumbres, que hacia dónde nos vamos, que cuál es el camino. Este tiempo es un tiempo donde nada se espera. Quizás porque seamos la resaca de un siglo que todo lo esperaba, hoy no esperemos nada.

O nada más que el tiempo que falta para un día, un feriado. O encontrar un laburo, o que me haga vibrar. O que por fin se muera, o vacaciones.

U otras banalidades.