13 abril 2010

Los otros, nosotros y las cosas

Te cambia día a día la vida los días, los meses, las décadas, te cambia década a década la vida y sos tan otra que ayer o hace cinco años que tu espejo adelanta, o atrasa, o no refleja y entonces cómo saber cuán otra sos, si saberlo sirviera para algo. Si las cosas se hicieran porque sirven. Si servir fuera algo.
Cuando ves tu mano algo arruinada y un poquito más sabia, como sin querer escribiendo en una hoja. Escribir en papel, o un solo lápiz son un viaje al pasado, tu mano tomando el lápiz es un viaje al pasado. O tu mismo blog cuando pusiste esos primeros post, sólo por reírte con Laurinha poniendo a Rafaela. 


[Naah, política no, ni pareceres. Nada de seriedad, puro hedonismo y hasta que dé. Sí juegos de palabras, la batata macabra o los oxímoron, sí contemporaneidades, la vida en los ochentas, quizás nunca este texto. Música vieja y linda, unos pocos amigos viejos, algunos nuevos -los nuevos virtuales, se entiende-, otros que se rescatan de las telas de araña del pasado, porque otras redes en estas eras te cruzan de nuevo]. Y no.

Aquello es otra cosa hoy, otra cosa va a ser esto mañana, distinto de antaño cuando el mundo era rojo y tan rápido, o de ayer cuando dije "ya nada me conmueve". O de hoy, cuando como Pessoa, no puedo querer ser nada. Aparte de eso.


Los otros irrumpen y te cambian. Otros son temas y personas, artefactos y sentires. Otras historias que creías olvidadas, perdidas. O inútiles. Un laburo, un amigo, una persiana que cierra mal, un gato abandonado te cambian. Tu mamá muerta, un aborto, encontrar una piedra de la suerte, que te sorprenda un deseo en lo prohibido, sentirte poderosa, tener una hija. Pisar mierda o tener a Tita de vecina. Dejar de creer en Dios, cruzarte  con alguien un segundo y conversar toda una noche con un desconocido que no volverás a ver. Un intento de robo, soñar con tu abuela, un cancionero adolescente. La lágrima de una señora mayor te cambia. Tener un auto te cambia, te cambia querer en algún momento de tu vida dejar de querer ser más bueno y cosas de ese estilo tan inocuas.

Todos somos otros, todos nosotros somos otros. Con juegos de palabras, también, como entonces, y entonces uno es otro y es el mismo, una es otra y es la misma (construcción impensable en un viaje al pasado) y es otra de los otros, que cambiarán con uno.


Las cosas tienen movimiento. Mirá sí no, estos pibitos.



Estos y otros otros fueron cambiando mi vida, mis otros pasados, 
Las cosas tienen movimiento. Mirá si no, estos pibitos ahora.

Me cambió entonces y ahora y pienso -sin parar, pienso- para cuándo la paz. Si la paz fuera, que no sé, dejar de cambiar a cada rato.

10 comentarios:

Horacio Gris dijo...

Muy bueno.
Para cuándo la paz, no? pero la paz sin ningún tipo de paz es -digamos- algo mortuoria. Siempre tiene que haber algún cambio. Capaz que se trata de movimientos, de cambios pero que no sean drásticos. No sé, medio difícil definir la paz hoy por hoy.

saludos!

mariajesusparadela dijo...

Esa paz que tu invocas es la muerte. Te cuento: cuando cumplí cincuenta años, hablando con mi madre le dije "de niña pensaba que a los 15 sería mayor; a los 15, pensé que a los 20; luego a los 35; entonces pensé que , sin duda, a los 50, sería mayor. Y, nada, ¿que me pasa?"" Supongo que lo mismo que a mi (tenía 83 años), que ya me puse el plazo en los 90"...se murió, con 96, estás navidades, asimilando aun el mundo en que vivía, es decir,cambiando.
La paz, para mi es empezar a aceptarnos, a querernos y a disfrutar con las pequeñeces de cada día.
Yo ya soy muy pacífica.

Gra dijo...

Es cierto lo que dicen los dos, sobre la muerte (que no deseo pero acepto con ánimo sereno).
Quizás el plazo sea la muerte, y mientras tanto seguiremos siendo como siento que somos algunos, unos eternos inadaptados. Que así sea.

mujerdeole dijo...

Uf, qué temitas! Yo que este año llego a los primeros cuarenta... Hoy no sé si quiero paz, tal vez algo de serenidad y movimiento, mucho movimiento. Como geminiana necesito moverme pero también necesito parar, será mi ascendente en virgo.
Está bueno cómo se van moviendo nuestros blogs y como a pesar de que van en distintas direcciones se van encontrando.
Celebro esos encuentros, como una voz, como un sentimiento o una canción.
Un abrazo

Laura dijo...

cambiamos vertiginosamente, nuestras manos, como decís, cambian, el aspecto es distinto, la voz es distinta, la cara....èrp lo más importante es que cuando nos miramos en el espejo, cara a cara con nosotras, seguimos viendonos a nosotras mismas, y tratamos de no mentirnos, no engañarnosni traicionarnos. Al menos esa paz podemos alcanzar

emeygriega dijo...

Hace poco pensé todas estas cosas embalando para mudarme. Me deshice de cartas y tonterías que creía que eran míos pero eran de otra que fui.
No creo que la paz sea no cambiar, mas bien imagino que eso sería la guerra.
Dame la tormenta, como recita Cipe Lincovsky, no me des esa paz.

Besos.

Gra dijo...

Celebro también esos encuentros, Mujer, quizás por eso persista este blog pese a que. Voy este fin de mes a por mis 45 y sólo pienso qué de todo aquello me persiste, cuando, como dice más abajo Eme, era otra la que fui (o nosotros los de entonces ya no somos los mismos. Porque nada es lo mismo).
No quiero ni ser siempre la misma ni vivir eternamente ni parar la pelota ni dejar de cambiar de pareceres, amigos, preferencias o gustos. La paz sí, con esos cambios, quizás de reconocerse, como decís Laura, en todas aquellas que fuiste. Saber qué vientos te llevaron a qué lugares, pese a tus alas, o qué aleteos propios te cruzaron con estas gentes hoy...
Me quedó medio de filosofía barata y algo pelotudita, pero como dice mi niña, es lo que hay.

emeygriega dijo...

Ja, ja. No. Nada pelotudita.

Laura dijo...

Quiero seguir cambiando. Me pone bien reconocerme diferente a mí hace unos años atrás. Es una forma de no conformarse, de no amoldarse.
Cambiamos porque buscamos nuevas alternativas que superen a las anteriores, porque nos cruzamos con personas que nos muestran otros puntos de vista, porque queremos vivir en un mundo cada vez más superador de sus propios males, es decir de los nuestros.

Me encanta leerte.
Saludos,
Laura

Gra dijo...

Gracias, Laura!
Saludos!