15 octubre 2009

La polisemia de las palabras actuales

Democracia es una de las palabras más polisémicas que debe existir. Incluso, si el "polisemismo" de las palabras se midiera por épocas (calculo que sí, pero mucho del tema no sé, seguramente los amigos de letras o comunicación pueden darme una mano), esta época es una donde la palabra "democracia" adquiere más significados aún, quizás porque su sentido está en juego.
En sociedades donde la posibilidad de existencia de las democracias es contingente, donde los problemas más pesados se arreglan con palo y a la bolsa, donde te dejo opinar pero no me rompas demasiado las pelotas porque siempre hay alguna patota por ahí buscando empleo, que la democracia "valga" (que su sentido sea disputado) no es moco 'e pavo.
La amenaza del atajo siempre está, de todos modos, a la vuelta de la esquina para quienes detentan el poder en nuestros lares. Y los poderes en las sombras, que los hay, sino qué fácil. Pero parece -al menos por estas épocas donde se habla de leyes, parlamento y debates- que a veces el atajo no es tan fácil y hay que atenerse a determinadas reglas de juego. Al menos. 
Eso, me parece, está lejos de querer suponer que hay un terreno ganado. Los atajos tienen múltiples formas, y muchas de ellas parecieran "colarse" en lo cotidiano. Si el fascismo es fácil de detectar, preocuparía sólo en su "tipo ideal" de representación política, quizás como apología. Bestias como el animal ese, candidato al pro, de ciudad de Gálvez que proponía quemar las villas, o como el inefable rabino Bergman, habrá muchas para nuestros gustos, pero son las menos. 
Discursos más sutiles se cuelan con las mismas ambiciones de homegeneización, control o dominación, que aquellos otros tan fácilmente detectables. O tan fácilmente cuestionables, también.
Se puede también proclamar -declamar- el debate y las reglas de juego democráticas, escondiendo el cuchillo en la espalda (como la primer espeluznante y realista publicidad de Coto -quién lo diría, no?-, cuando era un matadero nomás, que seguramente por alguna denuncia de sociedad protectora de animales terminó eliminando el cuchillo del dibujo... ¿nadie se acuerda de eso? ¿tan vieja soy? ¿eh?) y mientras agazaparse, conformar alianzas, prorrumpir a cuatro vientos el respeto por la democracia, murmurar por lo bajo lo feos, sucios y malos que son los peruanos o decir que el campo somos nosotros y el olor a bosta es rico pero el olor a mierda es feo. Y que la patria somos todos nosotros los porteños.  
Y esto no es pensar en políticas conspirativas sino, de nuevo, en los hilos sociales del poder y en sus múltiples formas ideológicas.


Funcionó durante un tiempo, en ese sentido, el discurso del liberalismo cuando minimizó el espacio de lo público, y terminó estrepitosamente. En aquella época, hasta donde yo me acuerdo, no se hablaba mucho de democracia. 
Desde aquel tiempo a esta parte, sentidos de la palabra: fue transicional o posdictatorial. Fue restringida. Liberal. Se quiere consolidar o profundizar. Se democratiza, o se democratizará, o se debería democratizar: el gremio, el sindicato, el partido. Las relaciones familiares, las relaciones amorosas. La escuela, la educación, la cultura. La justicia. Se la quiere más participativa, claro que algunos la querrán menos participativa. 
Se le adosa al concepto de cultura política para enaltecerlo, tan vapuleado él, pobrecito.
O es, sencillamente injusta. A veces puta.
Formal es la que le cierra al poder hegemónico. Por eso no tolera la gente en la calle, la manifestación, los espacios comunes, los contenidos.  En otra época, no hace tanto, ni esta necesitó.

En aquellos hilos sociales, quizás insectos en sus telarañas, qué vocación de moscas, pensar en qué sentidos contrahegemónicos, en qué nosotros, en qué.
Si existen modos mejores de vivir, no hay otra: van a tener que ver con lo común: regulado, autogestionado, comunitario, cooperativo, asociativo. Disputar el sentido de democracia desde su posibilidad de existencia hoy es poco, por más Honduras y López que haya. Ahí tené, la democracia, nos pueden decir. ¿Qué más queré? (la ley de medios es más, por ejemplo).
Moscas insaciables.
Una vez nos dijo una profe que en los setenta salían a la calle a gritar por el socialismo (y eso terminó en el golpe). Y yo me acuerdo que en los ochenta gritábamos porque se acabara la dictadura militar (y eso terminó en el indulto).
En los noventa nada (y eso terminó en crisis).
En el dosmiluno se escuchó qusevayantodos y la-la-lá, la-lá.
Sentidos, sentidos.
And now what?
¿Qué democracia tenemos? ¿consolidada? ¿en transición? (¿hacia dónde? ¡mamita!) ¿inestable? ¿imperfecta? (qué sagaz) y más...
¿Qué democracia pretendemos?
y quizás, y simultáneamente a todas ellas, el mismo autoritarismo en lo microsocial que rige las relaciones sociales, laborales, familiares, escolares. 
Lo personal es político, reza el lema feminista.
Un concepto de democracia vinculado con la convivencia, con la negociación, el consenso y el disenso, también, que se proclama pero vos callate.


Quizás por versátil se lo use para decir cosas tan distintas, o quizás porque es expresión de conflictos, de luchas que tienen que ver con espacios disputados.

5 comentarios:

PÁJARO DE CHINA dijo...

Gra, creo que es una democracia burguesa, con todo lo que eso implica. No avanza en la distribución equitativa del ingreso, no grava las transacciones especulativas, no expropia ni estatiza. Pero empuja ciertos límites (la nueva Corte Suprema, la nueva ley de medios, la despenalización de tenencia de drogas para consumo personal).

No creo en la toma por asalto de los palacios de invierno (ese tren ya pasó), pero sí en una "ampliación del imaginario democrático", a la manera de Laclau y algunos otros, que va ganando espacios a partir de la presión de las minorías y las organizaciones sociales y la resistencia cultural. Planta temas en la agenda a partir de los cuales ya no puede volverse atrás.

Creo también en el "agítese desde adentro". Sin ir más lejos, la "apropiación" de la tecnología burguesa para generar islas de resistencia, como el blog, que para mí es un instrumento finísimo para la denuncia y la generación de "comunidades de pensamientos".

Cuando te digo que te "enlazo" a mi blog, ya estoy sumándote a una constelación afectiva que es también política. Son escritores, periodistas, comunicadores, docentes, prodigiosos adolescentes a los que la escritura les quema la mano, trabajadores (que escriben y leen, porque escritores/lectores somos todos), todos sujetos movilizados por un deseo, en la misma dirección.

No vislumbro un gran día en el que esta democracia equivalente a un genocidio económico salte por el aire. Es un día a día de empujar y cavar túneles y agujeros y no comprar las baratijas del progresismo "cool" (¿palermitano?) que le pega a la izquierda militante de los '70 (lo aborrezco, repudio su desprecio por los que pusieron el cuerpo mientras ellos lo ponen para salir en la foto y traficar en la feria de vanidades).

Un abrazo mientras amanece (que no es poco ...).

Gra dijo...

De acuerdo, Pájaro. Hay pequeñas instancias de resistencia y múltiples posibilidades, creo.
Y poca agitación. De acuerdo con tu razonamiento, de lo que puede y no puede ofrecernos la democracia burguesa y de que debería ser posible ampliar el imaginario democrático (y además demandar por la distribución equitativa del ingreso o gravar las transacciones especulativas, ni siquiera deja de ser una democracia burguesa si lo hace). Me pregunto hasta dónde. Digo, ¿cuál es el límite de ampliación? ¿que no dispute qué determinado poder, qué determinada hegemonía? ¿y que pasa si realmente lo disputa?
What a questions
Haré lo propio con tu blog. Si se trata de socavar, agitar, molestar, o sencillamente ir de bares virtuales, yo me engancho.
Un abrazo

PÁJARO DE CHINA dijo...

El dedo en la llaga. Tu dedo. Para mí no hay límite. Lo que no hay es Un Momento Culminante ("la Revolución"). Es avanzar empujando y sin que tiemble el pulso. Sería algo semejante a la liquidación en cuotas de la democracia burguesa. El propio Marx habló de la necesidad de modificar la matriz teórica de acuerdo al contexto. Si se disputa cualquier hegemonía (de medios, agraria, financiera)y la disputa es claramente comunicada, la mayoría debería encolumnarse en su defensa, porque los castigados por el estado de las cosas son la inmensa mayoría. Razonablemente, el país no debería "incendiarse".

Lo que yo siento es que al gobierno no se lo corre por izquierda y, cuando se lo hace, es en nombre de una izquierda anacrónica y fuera de foco. No veo una izquierda teóricamente sólida (la destrozan de un plumazo en cualquier debate). Los supuestos intelectuales de "izquierda" son intelectuales orgánicos y funcionales. Acompañan como lameculos pero no aprietan.

Un abrazo.

Laura dijo...

Leyéndolas, creo que volvemos a la pregunta del post, es decir; definime democracia y te diré qué pretendes. Si en los 70 se hablaba de socialismo, la democracia debía "tender" hacia eso, por lo tanto la distribución no debía ser "equitativa" debía forzarse más. Pedir distribución equitativa es lo mismo quen pedir democracia burguesa, ése es el límite, y me pregunto, existe otra democracia que la burguesa? la podemos dibujar, hermosear, volver más multi y pluri, pero siempre me cuestiono esto de la emergencia de los "nuevos actores sociales", las identidades a partir de lo étnico, de género, de edad, de reliogión....llegado el momento de votar, de decidir si se aprueba o no la ley de medios, la despenalización de aborto o la expropiación de Kraft...de qué lado están? Pertenecer y militar en un grupo de género, implica necesariamente estar a favor del impuesto a las herencias millonarias (o la expropiación en casos de mostrada usurpación). A veces pienso que esta fragmentación en los reclamos es eso, fragmentación (por supus, estoy convencida que los reclamos y las "identidaes" son absolutamente legítimos, el tema es cómo se van conectando en instancias más amplias, mayores al reclamo particular.
más preguntas, pero formulárselas implica intentar responderlas, y eso me gusta, me desafía
Un abrazo

Gra dijo...

Por ese lado iba, también, Laura. Laclau habla de significante vacíos desde donde es posible construir -disputar- hegemonías (dicho seguramente rápido y mal) y Mouffe habla también de la construcción de identidad, de aquel nosotros que juega en política y que induce también en su propia práctica a la ampliación de los espacios democráticos, como decía Pájaro antes. La pregunta que persiste, dios me perdone, es por las condiciones materiales de producción.
Es cierto, las grandes revoluciones, los cambios intempestivos, los nosotros inmensos, no lograron dar por tierra una forma económica y política inequitativa por esencia. ¿Pero esto? Me queda clarísimo que hay que disputarlos, pero las inequidades siguen reproduciéndose simultaneámente. Más emancipación de la mujer en las clases altas y medias, más mujeres mueren por violencias domésticas en favelas, villas y asentamientos. Más derechos ciudadanos legitimados menos gente que entra en la categoría de ciudadano.
MOuffe habla del espacio de la política "agonista" (en ppio nada que ver con la agonía, je) que pretende pluralizar, ampliar los espacios de participación política. Pero cuál es el límite hacia abajo? en qué momento tienen o pueden tener represetación los que nada tienen? Quizás -siempre en esa lógica de esta gente- una nueva "ampliación de la ciudadanía" (y sólo será posible a partir de la disputa de esos espacios hegemónicos, fragmentarios y todo) sea el camino, largo y tortuoso que haya que caminar, sin atajos...