19 marzo 2010

Tontas e inocuas revanchas

Me encanta cuando los dos perrazos se presienten, se olfatean, se escuchan y se buscan hasta trenzarse en una lucha encarnizada. No que se peleen -de hecho la mayor parte de las veces no se pelean- aunque de todos modos allá ellos si quieren hacerlo, dejemos fluir a la naturaleza. Lo que me encanta es que en esta pacifícima placita frente a la cual habito, en una arruga del culo de la ciudad de Buenos Aires, cuando dos perrazos se presienten, se olfatean, se escuchan y se buscan, sus amos, sus dueños, se desesperan, se ponen a gritarles, a ordenarles frenéticamente que se queden quietos y se asustan.
Me encanta la cara de estos boludos tratando de frenar a sus inmensos perros, ya ladrantes, con órdenes tan firmes, cortas y tan en alemán que cualquier reminiscencia del Tercer Reich sería hasta obvia.
-¡¡Ramsés!! ¡¡¡sit!!!!
-¡¡¡Guau!!!
Me mata que los perros ni se enteren.
Adoro, por sobre todo, que si van a interrumpir mi tranquila tarde, que si van a interrumpirme unos pensamientos mansos, divertidos, trémulos o intensos, esos señores tengan su merecido y se asusten se enojen se avergüencen e inventen explicaciones para salir del mal rato.
Me encanta que los perros los miren como quien ve llover y tironeen de su correa, ahora hacia el lado opuesto, gruñiendo, babeando, arrastrando a sus avergonzados dueños y dejándome de nuevo en esta paz.

4 comentarios:

mariajesusparadela dijo...

No me gusta que los perros se peleen, porque cuando sucede, pierden ambos.
Me gustaría que se pelearan sus dueños y que fueran los perros los que les dieran órdenes.

Gra dijo...

Sería buenísimo, María Jesús. Pero esa necesidad de dominio -de dar órdenes- sólo puede ser humana, cuánto más felices viviríamos si pudiéramos desprendernos de ella (y los perros ni hablar, de aquellos que se sienten sus amos).
Un abrazo.

La candorosa dijo...

Adoro ver a muchos de estos sonsos dueños de perrotes que, más de una vez, pasan flameando prendidos de la correa de sus perros, esos canes que no entienden ni de alemán, ni de órdenes humanas, solo de instintos...

Saludazos!!

Horacio Gris dijo...

Muy bueno. Qué buen detalle el notar las reminiscencias del Tercer Reich!

saludos