Mostrando entradas con la etiqueta Ideologia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ideologia. Mostrar todas las entradas

24 abril 2012

¡Comunistas!


Fragmento de "Humor dulce hogar", 1986

22 agosto 2011

La subversión de estos días

Una de las notas de oscuro color en relación a estas últimas elecciones fueron las declaraciones del señor Duhalde al conocer los resultados. Deschavetado o no, el tipo puso en palabras algo que muchos piensan y pocos dicen, aunque sugieran, balbuceen o murmuren por lo bajo. Bah, en realidad lo dicen en voz alta también, sin ningún drama. No sólo -cuestión que despertó la sorpresa, iracundia, acusación, denuncia- la mención del término subversión, que sabemos demais que en este ispa debería usarse aludiendo exclusivamente al pasado, sino más ampliamente, la identificación de su discurso con un sector de nuestra derecha más rancia, que persiste a través del tiempo siempre igual a sí misma, increíblemente. "Actualiza" su discurso, e introduce entonces un término como "subversión", porque le sirve, y porque aprovecha además este revival setentista (después que me digan que Carlitos le pifiaba cuando decía de cómo se repite la historia, tragedia y farsa...). Renuncie, montonero. A la Cámpora, la Solano Lima, la Cooke  le ponemo la López Rega, la Vandor y la Isabelita, no? de última si no, ¿qué gracia tendría?  Pero creo que el dato es más importante porque delimita cierto arco ideológico y político de una manera bastante más clara.
El mérito de Duhalde es aglutinarlos, por qué no reconocérselo, aunque anden dispersos por todos lados:
Se mezclan entre sus apologistas  garcas, fachos declarados o inconcientes, señoras de la hái sosáieti y de la clase media, jovencillos imberbes vírgenes, trolas de toda trolez, universitarios de universidades públicas y privadas, putos, blanquitos taxistas, ingenieros, gorilas de los más puros, católicosapostólicosromanos, señores de negocios, militares, periodistas, chicos bien y señoras de su casa.
No son muchos, se vio que no eran muchos y  ya más o menos se analizó de dónde, por qué,

[Esperábamos con Lau en la esquina a que el semáforo nos permitiera cruzar, mientras un señor bajo y gordito de unos sesenta y cinco años cruzaba correctamente por la lateral. La camioneta venía rápido por la avenida y el señor obstaculizaba su intención de tomar la lateral rápidamente.
-¡Apurate, gordo pelotudo! -le gritó el camionero.
Nos cruzamos las miradas, él sólo hizo un gesto.
-No hay que escuchar estas cosas, -le dijimos, consintiéndolo, haciéndole saber que estábamos con él, que además de haber sido grosero y bestia, el peatón debe tener prioridad y esas cosas. Ese acuerdo efímero, ese espacio de identificación instantánea no podía durar nada. El tipo agregó:
-Esto es lo que votaron. Jueces trolos, Shoklender, esta gente.
Se metió en el colegio religioso privado de la santanosecuánto de nosequién]

y no sé cuánto importa. Exabrupto o no,  incluso, esa nostalgia de una época donde las cosas se dirimían de otra manera (basta mirar un cacho los comentarios de Perfil, sí, soy masoca y qué), hay un odio de clase, cultural, político, hacia un enemigo que para ellos continúa siendo la "subversión", aunque tengan que detenerse ha decir "lo han sido", por si acaso, por eso de rozar el borde de lo políticamente correcto hasta para la derecha.
Quizás, no haber entendido que las cosas cambiaron sea parte de la derrota, quedarse confundidos en un enemigo que ya no existe (más allá de que algún trasnochado  -demasiados para mi gusto- flamee la bandera de montoneros o siga cantando "y los desaparecidos compañeros peronistas"), digo, más allá y a pesar de, la subversión de estos días no lo es, porque juega en el terreno de lo políticamente posible, y encima obtiene una aplastante mayoría de votos, a pesar del veneno que destile Duhalde. No, señor, eso no puede ser subversivo. No pareciera haber ningún intento de subvertir absolutamente nada en estos días.
A excepción de Altamira, ponele.

10 julio 2011

Humanum est

Los sociólogos denserio y los de mercadito decimos que no hay nada natural en los seres humanos, o lo que es más o menos lo mismo, que todo lo humano es natural, porque es la propia naturaleza humana la que puede producir los más variados efectos, conductas, relaciones, realizaciones, contextos (escribo mientras compro tierra para mis plantas por mercadolibre. De la naturaleza a su mesa).

[de viaje con la mochila, de nuevo, en el Sur, cuando éramos jóvenes, felices e indocumentados. Mandarse por caminitos, montaña arriba, en lugares casi vírgenes pegados a la Cordillera, y subir y subir y subir y subir, mientras escuchábamos cada vez más cerca la caída del agua. Y de pronto, la maravilla: la cascada sobre el lago turquesa, las piedras, las flores, el cielo de un azul intenso. Y cuando lo ví dije sin pensar (la especialidad del casa): "¡¡esto es tan lindo que parece artificial!!].

Las gentes somos de diversas maneras y nos relacionamos entre nosotros de diversas maneras, y eso podrá estar condicionado por el contexto y otras yerbas, pero no está predeterminado. El modo como encaramos las relaciones con los demás, podría (acá sólo hablo por los de mercadito) condicionar (darle forma) a la realidad social, e'cir, al mundo en el que vivimos cotidianamente. No es lo mismo (ni hay una determinación fijada para) establecer relaciones más democráticas y simétricas (en la familia, en el laburo) que relaciones autoritarias y jodidas, entre unas y otras todas las formas son posibles y nosotros y nuestras circunstancias somos los responsables de producirlas.

En todo caso, no hemos sido exitosos, los seres humanos, en esto de crear sociedades o colectivos muy democráticos, ni siquiera en establecer mejores relaciones entre nosotros ¿no? No lo hemos sido -no lo somos- los argentinos (no jodamos), no lo ha sido la izquierda (muchachos), las gentes de izquierda, nosotros (no jodamos, muchachos)...

Digo, no necesariamente tenés que llevarte para el orto con tu ex, maltratar a tu empleado o atosigar a tus hijos. No es algo que esté escrito en lado alguno que haya que ser celosos o que sea necesario castigar a tu hijo para que entienda. Ninguna corriente social nos lleva a ser machistas o histéricas, y no se trata de ninguna condición social ni cultural ni política ser un cretino o un manipulador. Habrá condicionamientos sociales, culturales, qué sé yo, hasta biológicos, pero en ningún lugar está escrito que haya que martirizar a nuestra pareja, ni se es muy hippie por tratar bien al prójimo, sea el prójimo que sea. 

Y sin embargo.
Y sin embargo, lo que es peor, entre gentes que dicen ser, pertenecer, empatizar, acercarse, coquetear, conocer o frecuentar cierto arco ideológico político cultural emotivo afectivo anal de las izquierdas.

¿A quién cargarle el fracaso? ¿A la caída del muro? ¿a la derrota de los setenta? ¿a la dictadura? ¿a los populismos? ¿a la condición humana? ¿al descenso de River?










¿Y hacernos cargo?

03 abril 2011

Diatriba de la primavera

Viendo una deliciosa lluvia otoñal que disfruto por primera vez en esta casa a través de la ventana pienso en que no es justo que la primavera sea la estación con mejor prensa de todas. Se podría entender un poco cuando se habla de edades personales (se supone que según la analogía entre estaciones y edades una estaría el otoño de la vida -¿están bien hechas las cuentas? No jodamos... ¿otoño? ¿cuál otoño? ¿cuándo pasó qué cosa?-) sólo si pensamos que cuanto más lejos de la primavera más cerca de la muerte (y la muerte, se sabe, es de todas las cosas lo que tiene peor prensa), pero es un pensamiento muy pequeño y me niego a suscribirlo porque la rueda seguirá girando sin nosotros más allá de destinos, méritos,  voluntades o deseos.


Pasa a veces que nuestras propias estaciones vitales se cruzan con lo que nos toca, para decirlo rapidito, y entonces parece que nos coinciden las estaciones.


Por ejemplo, en aquella época, agarré el envión y me mandé porque parecía que por lo menos eso había que hacer, en los ochenta. Manotear una bandera, la que más encajara conmigo y con mi "modus operanding" (pal careta de Javi ;-) , aprenderme las consignas y cantarlas. Ooooo somos revolucionaarioooos, ahora no me acuerdo bien, pero más o menos, así de raros eran los ochenta en los parajes por los que deambulaba en mi primera juventú (a ver quién te ganaba a zurdo. Hasta si eras peronista, mirá lo que te digo ¡¡o radical!!). La cuestión era que de una manera o de otra todos "andábamos en algo" político,  porque así fue esa época. Veníamos de un país que nos había mostrado sus colmillos feroces chorreando baba, amedrentándonos, y esa era la forma de salir del bajón. La calle era nuestra, cada barrio, cada esquina.
Y aquello fue llamado primavera.
Había un estado de ánimo generalizado de optimismo, producto de la sensación de que habiendo llegado al final del pozo, como cantaba el Nano


[me detengo un momento, algo indignada, para hacer una reivindicación, un desagravio, porque en mi grupo de birra de ciertos viernes hay unos imberbes irreverentes que vienen a cuestionar, desde la ignorancia y el desdén más supinos, la calidad del catalán, adhiriendo yo creo a cierta moda reciente: yo os digo, oh niñatos, que os documentéis: que no miréis tan sesgados por lo que les dejó el posmodernismo, el neoliberalismo, la ridiculización de la utopía, estos breves presentes que os tocó vivir. Que escuchéis, leáis y miréis con la cabeza y los oídos más abiertos. Y el bobo, también, por qué no. Un tipo que cantaba hermosamente, que escribía letras relativamente buenas pero cantaba las poesías de los enormes (¿demérito?), que fue tanto una expresión de aquellos años para más de una generación. Un poco de respeto, che.]


también por aquella época, sólo cabía (¿cupía? ¿quepaba?) ir mejorando.
La noción de primavera es promisoria, inicial, desprejuiciada. Lo por venir debe ser mejor, más libre, más ancho, renaciente, joven. Si coincide además con una juventud vital, el mundo por descubrir parece potenciarse. Y la primavera pareciera convertirse en  un fin en sí misma, igual que la juventud.


Puyo, Ecuador, donde siempre es primavera (2009).
Primavera de los pueblos fueron llamados los años efervescentes: la ola de revoluciones de los años 48 en Europa, después de las restauraciones monárquicas; también los sesentas en el mundo, donde parecía que todo podía cambiar, que -dicho en léxico flower power de época- las flores podían ganarle la batalla a las armas.
Primavera se llamó acá, unos pocos años después, a la camporista, quizás porque también se combinaron ciertas condiciones de efervescencia política con perspectivas de cambio (un tema aparte es la resignificación actual del camporismo como rasgo ideológico o identidad política -habría que ver trasladado hasta qué punto).

[Definición del diccionario de la sociología de mercadito: primavera: fenómeno socio-político producto de una determinada combinación de factores sociales (y políticos, culturales, ideológicos),  que posee al menos, tres particularidades: a) es de corta duración, b) hay un sentimiento compartido de optimismo -un estado de ánimo generalizado, y c) promete demasiado].


Pero pasa con la primavera que es una estación. Y contrariamente a lo que indica su nombre, la estaciones no se estacionan sino que transcurren, se podría decir que una de las principales características de las estaciones es que dan lugar a otras. Y entre las estaciones, pareciera que la primavera fuera más efímera, la que pasa más rápido (quizás por eso de que lo bue si bre dos veces bue). 
No sé bien si entonces dentro de la definición de primavera habría que incluir que terminan (y cómo terminaron aquellas).


Quizás sea porque la condición de la naturaleza humana es alternar, un devenir permanente entre modos posibles de compartir estos breves presentes y sus mundos sociales, entonces ni primaveras ni inviernos sino el propio oscilar entre estaciones pueden servirnos para ver qué pasa, qué nos pasa.

12 diciembre 2010

La inminente amenaza de un silbido a la propiedad privada

Si alguien quiere alquilar este lugar, me avisa hasta antes de fin de mes.
Eso sí, hay que ser de estómago resistente:


—Aprovechan ese terreno ahí a la vuelta, eso da justo a lo de Marta, esa casa está tomada. Yo tengo miedo de que vengan saltando por las azoteas. Yo dejo la rendijita abierta de la persiana porque desde ahí se ve si hay alguna sombra y no se veía nadie, pero yo lo escuché clarito.
—¿así? Fiu—fiuuuuuu
—sí, algo así, no sé, no escuché tan bien por el viento y la tormenta, pero que escuché silbidos, eso sí. No sé si venían de la plaza o de dónde.
—Aprovechan cuando hay tormenta para afanar. Hay que mat… yo los odio Tita, no sé, hay que tener mucho cuidado. Los negros silban así, se silban entre ellos. Esos son códigos que tienen, siempre chiflan cuando están afanando. Fi— fiuúuuu, silbó y miró a Tita.

Sic

02 diciembre 2010

Una semanita en Río

Ojalá me diera el cuero para hacer un análisis político o algo así, pero no es el caso. Ni la información, ni la capacidad deductiva, ni la pluma (aunque es láser, la mía) me alcanzan para siquiera intentarlo.
Sí puedo (porque si no es para eso, para qué podría una querer tener un blog) decir lo que me parece, lo que vi, lo que viví, lo que conversé, presentí y sentí la semana pasada, cuando fui a caer, por esas putas casualidades de la vida, justo esa semanita en Río de Janeiro.
Y por más que reniegue de los métodos científicos, hasta en la sociología de mercadito son necesarios algunos datos duros, como dicen que les dicen, porque si no los me parece, los sentí, los conversé pueden ser simples delirios de la imaginación.
Y si serán duros los datos que muestran que Río es una ciudad donde 1.5 de sus 6 millones de habitantes vive en favelas, en un país donde el ¡1%! de la población concentra más del 50% de la de la renta (de América Latina, lejos el más inequitativo y del mundo anda por ahí), donde -como Joni también sabe- el homicidio es la principal causa de muerte para las personas de 15 a 44 años de edad, y las víctimas son mayoritariamente jóvenes, varones, negros y pobres. La gran mayoría de las muertes las provoca la policía: entre 2003 y 2009 sólo en Río y San Pablo se registraron más de 11.000 muertes, inscriptas en los registros policiales -vaya novedad el nombre, no la cifra- en contexto de "actos de resistencia".
Otro durísimo dato es la situación de los medios de comunicación. 107 son las emisoras televisivas que tiene la monopólica red O' Globo, y un tiraje de 350 mil ejemplares del diario de mayor circulación, entre otras exorbitancias  (y no llevaba ninguna hache, qué cosa, che...).
La combinación de esas realidades no puede dar un buen resultado, pese al esfuerzo por disminuir la desigualdad-exitoso si se tienen en cuenta números relativos pero casi invisible en términos absolutos- del PT.  Eso ya es una opinión.

De las cosas que ví esa semanita puedo contar las playas hermosas y tranquilas, con los meninos de las escuelitas de fútbol jugando en las praias de Copacabana, con esos mulatos jugando "futivoley", gente paseando, corriendo, tomando uma cervejinha geladinha con una casquinha de siri o agüita de coco helada. La gente de la calle, como siempre, las mujeres que te miran sagazmente, las mulatas y las negras con muchos hijos, los shoppings, los locos, cada color en su lugar, mayormente, los músicos, los funcionarios, los desayunos con jugos de frutas raras y exquisitas, el desinterés por la política.
Y mientras eso, lo de todos los días acontecía, paralelamente el despliegue de las fuerzas de seguridad: la policía federal, la estadual, el ejército, la prefectura, el temidísimo BOPE, y entre ellos los que tienen su negocio, los asesinos, narcotraficantes, contrabandistas. Y la señora transmitiendo en pleno centro con el chaleco antibalas, entre miles de personas que pasaban por delante y por detrás.
"Caos en Río de Janeiro". Una versión corregida y aumentada de lo que nos pasa.
Y ahora, quién podrá ayudarnos. O bem chega, o mal foge.


De lo que conversé, 18 mil efectivos es como mucho. Los tanques en las calles, la ostentación de fierros pesados en autos de civil sin identificación alguna, helicópteros (se podían ver casi en la misma proporción de la Globo y de los milicos). La gente devoró las imágenes en las televisiones de bares y vidrieras, pagó su cuenta y se fue. Caos en Río.

Por casa, De Narváez diciendo que así se hace, muchachos, y así se debe hacer.



Ahora que terminamos con el problema del narcotráfico, dicen sin pudor los medios, preparémonos para recibir las Olimpíadas.

De lo que sentí, por unas callecitas de por ahí, este reparo:

  Beth Carvalho - Saudades da Guanabara

20 octubre 2010

Cuestión de jeraquías

-Lo que me preocupa es la ocupación del espacio público, -dijo una persona que veo con más frecuencia que la que quisiera, cuando nos anoticiamos de lo de hoy.
Es increíble que sea una respuesta posible, porque -sin ninguna pretensión de jactancia humanista- ese pensamiento podía extenderse hacia la temeraria afirmación de que hasta esa muerte podía haber estado justificada. Si bien es cierto que en este caso la muerte probablemente no haya sido producida por la policía -aunque si la policía hubiera intervenido seguramente no habría pasado lo que pasó- el argumento es funcional a un pensamiento peligroso, que en los ochenta se llamaba la "teoría de los dos demonios" según la cual las fuerzas armadas (demonio 2) respondieron con violencia a la violencia de la guerrilla (demonio 1) frente a la consternación de la sociedad que fue una simple víctima. Esa teoría -gracias en parte a la potencia de las organizaciones de derechos humanos- ha sido afortunadamente superada, y sin embargo, como la vida misma, vuelve corregida, que es lo mismo que decir que la historia se repite una vez como tragedia y otra como farsa.
Si de los acontecimientos de hoy terminamos discutiendo más la cuestión "de fondo" de la ocupación del espacio público (cuando estos discursos se hacen fundamentalistas es cuando hay que escribir con mayúsculas CIUDADANO, INSTITUCIONALIZACIÓN, LO PÚBLICO, y eso importa más que los pobres, que ni siquiera entenderían todo esto) que la muerte de un pibe (¡"aunque"! hubiera sido del P.O, léase, se lo anduviera buscando) tenemos -como mínimo- cierto problemita con la jerarquización de los temas, por no decir mala leche.
Lo de hoy pudo haber sido infortunado si bien no fue un accidente, pudo haber sido extraordinario aunque siempre haya muertos en las calles argentinas, pudo haberse evitado si no se hubiera permitido que pase. Lo cierto es que pasó, habrá que no dejarlo impune y echará luz sobre lo que hoy es el sindicalismo mafioso en nuestro país (y de paso cañazo, lo que es la izquierda, aunque con una muerte en el medio no se pueda hablar tan plácidamente), pero habrá que prestar atención a cuál es el tema que discutimos a partir de esto.
Si discutimos el rol de la burocracia sindical, la persistencia de la flexibilización laboral, la situación de fragilidad de ciertos sectores sociales.
Si discutimos el rol de la izquierda, su lectura de la realidad, o la posibilidad de política con pretensiones emancipatorias en esta época.
Si discutimos sobre los modelos económicos, de cómo intentar disminuir los niveles de exclusión social.
Si discutimos sobre el rol de la policía, sobre el derecho a la protesta, sobre los más débiles del sistema.
O si pensamos en la ocupación del espacio público.
Y después me dicen que la lucha de clases no existe.

30 septiembre 2010

Sobre la democracia en América Latina, la prepotencia de la derecha y las fuerzas de seguridad

Que Correa en Ecuador vino a cuestionar intereses arraigadísimos de las oligarquías locales, no es ninguna novedad, como no lo es que las fuerzas de seguridad en nuestros países bananeros siempre hayan estado subordinadas a tales intereses.
La loca idea de un ejército o una policía del pueblo no encaja con el capitalismo casi por razones obvias, pero en nuestros países periféricos la fórmula se hace todavía más imposible: las fuerzas de seguridad deben "velar" por los intereses de los sectores poderosos, porque hay mucha gente que está afuera del sistema, porque los pobres son muchos y porque -cada tanto- la cosa se puede desmadrar. El pueblo siempre es un peligro, ni que hablar cuando viene con las tripas vacías. Y como el "monopolio de la violencia legítima" es del Estado, ahí están -siempre listos- los uniformados.
Forros en manos de la derecha o corporaciones con intereses propios (siempre son ambas variables), las fuerzas de seguridad son reaccionarias por naturaleza.
No nos van a contar a los latinoamericanos lo que sus armas pueden hacer en contra de los derechos de la gente, que es supuestamente lo que deberían defender.
Y sin embargo.
Ahí tenemos a la derecha retrógrada, para quienes pareciera que nada demasiado grave ha pasado, más que algunos muertos. La derecha SIEMPRE, siempre va a ser golpista en nuestros países porque los intereses que ellos creen que deben ser defendidos, van en contra de los intereses populares.
La democracia les sirve si es berreta, si es antidemocrática, si es la de un Menem, o un Lucio Gutiérrez. Ahí son democratistas.
En estas (que les falta mucho para ser la gloria, por otra parte) la derecha busca cualquier motivo para declamar sin vergüenza que necesitamos más armas, más policía, más ejército, más picanitas.
Que desde la derecha vernácula se proponga que los chicos que no trabajen ni estudien vayan a "educarse a los cuarteles" y que se lo llame "servicio cívico voluntario" (cínico, debería ser)  para "aprender oficios o artes" (mirá vos, ahora resulta que matar, reprimir o ser violento es un arte u oficio) nos habla de sus convicciones. Matamos dos pájaros de un tiro, habrán pensado estos energúmenos (como esa pintada que cerca de mi casa en Flores, rezaba: "combata el hambre y la pobreza: cómase a un pobre") y con la complicidad de algunos que se dicen progresistas aprueban esa ley en el senado.
No hay forma, definitivamente de que esa gente pueda realmente ser democrática, por más que se llenen sus inmundas bocas hablando de institucionalización.
La política es compleja, es cierto. Pero antes de llegar a esa complejidad (si no se es un estúpido analfabeto político, como decía Brecht) hay para pararse, tomar posición: hay un nosotros y un ellos.


31 agosto 2010

No tomen la escuela, tomen cerveza

Convencida, la señora, habló después del piiip cuando llamó al programa de radio:

-Hola Víctor Hugo, yo quería decir que prefiero toda la vida que los chicos estén en la escuela, ocupando la escuela, que en la esquina alcoholizándose.

-¿Eh?

13 agosto 2010

Víctimas

El perro lloraba afuera, podía ser en la plaza, por ahí. Y los perros de la cuadra replicaban ladrando, quizás pidiendo auxilio para su amigo en desgracia, quizá pretendiendo tranquilizarlo o quién sabe qué cosa de perros. Gemido y ladridos incomodaban la noche, la perturbaban. Escucho la voz de un tipo que fue al auxilio, el bicho que se calma, o al menos calla. Una señora grita "¿está bien?" y todo vuelve, imperceptiblemente, a la tranquilidad, al silencio lejanamente intervenido por el ruido de un auto. Todos nos dormimos.
El pibe debía tener unos once y lloraba. Sucio, maloliente, pasado de pegamento lloraba. Solo, sin grandes ni chicos que lo acompañaran, lloraba dolorosa, angustiosamente. La gente se apartaba lo más posible y hasta podía ser gracioso comparar desde arriba la fila de personas que hacía una curva frente a él, con una fila de hormigas que esquiva un obstáculo. Pero no era gracioso. Nadie preguntó nada, nadie miró, nadie intentó acercarse.
La misma gente.
Algo anda bien para el culo en estas sociedades.



Más murguita oriental. La Mojigata de este verano.

14 julio 2010

Mayúsculas

Sancho Panza: Yo cristiano viejo soy, y para ser Conde esto me basta.
Don Quijote: Y aún te sobra
[Cervantes, Don Quijote de la Mancha, I, 21]


Se discute la hegemonía de un discurso social. Con argumentos científicos, dogmáticos, legales, la posición respecto de la ley de matrimonio universal revela, de nuevo, una discusión ideológica (el conflicto del campo, que terminó produciendo una disputa ideológica, surgió de un conflicto económico -y de poderes, también) y una lucha por mantener posiciones.
En esta, todavía más, se discute ideología, entre otras cosas porque ningún perjuicio material podría producirle a nadie la aprobación de una ley que amplía los derechos de los ciudadanos (ni siquiera se trata de un juego de fojas cero, donde si yo te doy a vos es porque le estoy sacando a otros).
Más allá de los efectos de esta ley, de si es o no es lo importante ahora, de si primero hay que regular para agilizar los procesos de adopción, etcétera, es interesante (por lo menos no me van a decir que no es divertida, posta) la discusión "pública".
La Iglesia católica, y junto con ella los sectores más conservadores de la Sociedad (es así, muchachos, algunas cosas hay que escribirlas con mayúsculas) disputan una visión de mundo (diría el gran Antonito Grasmsci) al discurso secular, y se ponen a sí mismos como la reserva moral de la Argentina. La policía de la moral, los adalides (adalides es de las palabras que suenan raras después de decirla mucho) de las mayúsculas, Tradición y todo lo demás.
Y arrastran tras de sí no solamente al "público cautivo" de los colegios confesionales, cosa que no debería sorprender, sino a un público más amplio (que también viene a ser un público cautivo, no? porque se me hace que es un staff estable) que se siente identificado con estas demandas (y quién si no la Iglesia sería el más legítimo portador de su discurso) y aprovecha también para intercalar otros reclamos, o sea, doblan la apuesta. "No queremos más putos" podría haber sido un lema, más o menos como "sodoma=Argentina" como se veía en la foto del diario de hoy.
De las posturas ultramontanas, extemporáneas e interesadas de la Iglesia católica oficial y la troupe de los malos de Titanes en el Ring se sabe mucho en este ispa por nuestra tristemente célebre historia reciente. Sin embargo el descrédito en el que cayeron las Fuerzas Armadas tras el Proceso no lo sufrió la Iglesia como debía. Y ahí están, y sus feligreses, con diatribas al Satanás puto y a su hijo puto embanderados tras la curia que vocifera gusanos llamando a una guerra santa.
No es su último recurso, es el primero, eso es lo más loco.
Desde esa perspectiva tienen sentido el epíteto de "cruzada" moderna (que no medieval) para referirse al ansia de imposición de sus posturas conservadoras sobre una dimensión que, a todas luces, debería ser absolutamente independiente del poder confesional, que son los derechos de las personas que deben ser garantizados por el Estado. Debería ser, pero. No es fácil sacudirse la resaca de centurias, queremos, pero no tenemos, un Estado laico. La Iglesia católica ocupa un lugar relevante dentro de las estructuras de poder.
Parte de su legitimidad, es ideológica. Otra, claro, es económica.  esos espacios los peleará con uñas y dientes. Porque esos espacios son espacios simbólicos, de poder y son también materiales.

 Fotos de la iglesia en el centro de Colombia (Zona de La Candelaria). By Javi


(Ni hablar de que hay otras religiones. Pero en la Argentina hay libertad de un culto).
Por otra parte, las leyes que amplían los derechos de los ciudadanos suelen tener estos efectos. Más de uno (y una) se habrá escandalizado con la ley -tardía, por demás- de sufragio femenino (que antes, IGUAL, se llamaba universal ¿eh?, sólo para prestar atención a cuál es el "universo" al que se alude cuando se hace referencia a cuestiones "universales") y ni que hablar con la ley de divorcio. Las leyes -lenta, paulatinamente en este país- van respondiendo a los cambios sociales, mal que le pese al Cardenal Bergoglio.
Mientras tanto, Decenas de Familias Argentinas salen a las calles a manifestar por la Defensa de la Familia Argentina. Qué miedito.

08 julio 2010

Purgatorios

Y por qué si nos expulsan de su paraíso quieren obligarnos a compartir su infierno, qué partes de sus fibras se les mueven, en qué extemporáneas eras se quedaron para pensar que los derechos cívicos tienen que ver con su moral y cuánto todos debiéramos ir tras sus pretensiones.
En qué extraña confusión hemos caído donde la ideología retrógrada y fundamentalista legisla para padres preocupados y defienden, convencidos, la integridad humana, en nombre de la persona. Derechos, dijeron. En serio, lo dijeron. E integridad.
Palabras como padre, madre, derechos de los niños que en sus diccionarios se escriben con mayúsculas, para destacar, y por eso ponen Derechos de los Niños a tener Padre y Madre. Lo que se dice, una Familia.
En mis minúsculas, las palabras, quieren decir otra cosa:

[Juli va a tener un bebé y va a ser tan nieta de Marina como de mi hermana, aunque a los padres preocupados les preocupe, como deben preocupar las cosas importantes a la gente preocupada. No lo será judicialmente, no en esta ocasión (se sabe que las leyes corren torpemente detrás de los cambios sociales). Lo será naturalmente (¿cabe la expresión?) y eso será un hecho prepotente, que no pregunta a nadie si puede acontecer].

En cambio, humildemente, yo tengo otra propuesta.
Que se casen los curas, si ellos quieren. Que cojan entre ellos, que legalice (o que absuelva) la Iglesia el sexo anal, coger por placer, la infidelidad. Juntemos firmas. Que los curas promuevan el sexo libre a la salida de misa, en el nombre del señor. Que aprueben el exhibicionismo, que es una ganga al lado de la pederastia.


O que saquen sus rosarios de nuestras vidas privadas. Sean laicas o religiosas.
Y despabilen, muchachos. Mejor temprano que tarde.

19 mayo 2010

Un tablerito

En tren de recuperar, el 4 de mayo escribía esto, que dejé porque me pareció una huevada, además de que no sabía bien adónde iba. Pensaba en gentes que conozco, que se nos cruzan. Gentes que tienen algunas características comunes, y que se trata más de una cuestión de medios que de fines, digamos  de una forma de hacer las cosas, más allá del objetivo que se persiga . 
Pensaba en el poema de Borges de más abajo y lo poco que somos, puestos en contexto.


De las categorizaciones de las gentes que hacemos en la inrigurosa sociología de mercadito, toda una ciencia del canyengue, hay una categoría, la que denominamos jugadores de ajedrez, que conforman un grupo bien delimitado (nota: la rama de la sociología de mercadito que estudia las conductas sociales es la psicología social de mercadito, y este intento debiera encuadrarse en esa disciplina. Dado que la misma aún no ha sido debidamente desarrollada, será la propia sociología de mercadito la que se ocupe de comprender por ejemplo por qué catzo Tita mi vecina es tan jodidamente reaccionaria, si porque escucha a Longobardi o por la cultura machista, por clase social o por crianza, o por cuántas otras variables y sus combinaciones).
Jugador de ajedrez es una categoría que combina un carácter astuto, audaz y premeditado, con un escenario que él mismo intenta transformar a medida que los acontecimientos se desenvuelven.
Es un jugador de ajedrez quien sabe inclinar la cancha para que las cosas salgan a su favor, es aquél que intenta (no que siempre lo logre) caer de pie, o se sobrepone, o es capaz de esperar para lanzar la estocada. Es el que suele acomodarse mejor, el que sabe en qué momento de la fiesta hay que llegar, el que sabe controlar los silencios. Puede ser jodido o no, bien o malintencionado, auténtico o hipócrita, valiente o cobarde. Los hay de izquierdas y de derechas, en lo privado y en lo público, en lo cotidiano y en lo que lo trasciende. Según las combinaciones serán oscuros, astutos, esquivos, pícaros, inquietantes, odiosos, conspirativos, interesantes.


Todos ellos son enemigos no declarados (porque declararlo sería mostrar el juego y eso no es de buen jugador) de los espontáneos, los intempestivos, los irreverentes, los indiscretos, los desmedidos.
Los jugadores de ajedrez son premeditados, por eso corren con ventaja, por eso nos sorprenden, nos ganan, nos engañan o nos enamoran. Ellos saben lo que a veces olvidamos quienes no jugamos, que estamos en un tablero y que se vale adelantar las jugadas, dominar el escenario, prevenir, premeditar, saber cuándo es el mejor momento para estar, para parecer, para semejar o para desaparecer. Los que nos olvidamos sólo nos sorprendemos de vernos a veces piezas y otras veces no.


Ajedrez [Jorge Luis Borges]

I
En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.
Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.
Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.
En el Oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.
Como el otro, este juego es infinito.
II
Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.
No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.
También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y blancos días.
Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?

21 abril 2010

Todo por contestar el teléfono

A Güi, compañera de birras y filosofías baratas.....

Lo cierto es que me equivoqué, porque pensé que Claudia S. jamás volvería a llamarme. Pensé que escandalizándola desaparecería, como suele esfumarse de nuestras vidas la gente que piensa pobres de nosotros, siempre tan equivocados (sépase que si bien no pretendo "tener la razón", tampoco acepto que mi vida sea un error, caramba). Así perdí parientes, amigos de otras vidas, algún que otro novio. Mi prima Silvia la pánfila insiste, pero porque la han convencido de haber heredado el don de la bondad humana, con cuya impronta cualquier desviación puede ser reencaminada, hasta la de drogarse (eufemismo familiar por fumarse un porrito) que -tras el escandálo de "saberlo"- se concluye sabiamente con que es mejor que morirse o tener cáncer.
Y todo el escándalo por contestar el teléfono.
Parece -me pareció cuando volví a hablar- que Claudia S. también cree tener el don. Yo creo que viene de la iglesia, pero honestamente no me he detenido a pensarlo: la gente que se cree buena (no la que ES, que la hay, sino la que SE CREE), se cree buena samaritana... En realidad es más bien una pregunta: ¿la gente se cree buena porque cree que puede ayudar al prójimo? me encantaría saberlo. Como no lo sé, y la inconsciente de mi hermana me espetó, impertérrita: "el teléfono tuyo a Claudia S. se lo di yo, no te jode ¿no? ah, ¿te dije que era evangelista?", tiendo a creer que la iglesia algo tiene que ver. Con perdón a los creyentes (los que creen en la iglesia, digo, que los que sólo creen en Dios no se verán damnificados por este humilde post), yo creo que la iglesia nos hace mucho daño (y no me pongo monotemática hablando de la dictadura, la complicidad y esas yerbas...).
Lo cierto que no sé para qué mierda tengo un identificador de llamadas, si cuando suena el telefóno atiendo (y de nuevo, apenas el "¿hola?" de mi interlocutora resuena del otro lado del tubo me revela un peligro inminente) y me doy cuenta ya tarde de que no debí haberlo hecho.
Si cuando escucho "¿Gra? por fin te encuentro" me viene a las neuronas días y días de leer en el ID ese puto 4566 nosecuánto nosecuánto y nunca preguntarme si era alguien que me buscaba, nunca buscar en el putisimo telexplorer quién carajo estaba tratando de ubicarme, nunca pensar coherentemente que la vida está llena de peligros. Y anotar en el ID, para cuando llame, que la que llamó cuatro veces por día es, efectivamente, Claudia S.
Y Claudia S., después de dedicarle dos minutos al tema de que nunca-te-encuentro-en-tu-casa y de sorprenderse (nuevamente) porque "no tengo celular", me habla de lo linda que fue la reunión pasada con los ex compañeros de primaria, me recrimina por lo difícil que es encontrarme y me reta con tal autoridad que a su mínimo pedido de una dirección de correo, le dicto: "ca guión bajo graciela....". Y se la dicto correctamente, ni una letra de más, como cuando el Edgar llamó por el cumpleaños de Ceci.
El listado de mails que me fue llegando a continuación con cadenas, las invitaciones a visitar Armenia o las precauciones que tenemos que tener antes de darle la mano a un extraño, me han convencido de darle de baja a esa dirección. Pero sé igual que es inútil. Claudia volverá a encontrarme. Me mandará fotos de cuarentones pelados, de señoras con niños y adolescentes, de fiestas de casamientos y brindis con champán en los que lamentarán -y se jactarán, secretamente- de que Gra no haya ido.
En fin

12 diciembre 2009

Los virus ideológicos

Un fantasma recorre la Argentina. El fantasma de la guerrilla  trotsko-leninista . Y ese fantasma -amenazador, presente, revanchista- es el que, moviéndose como un pez en el agua en el orden caótico y anárquico en el que vivimos, quiere, de nuevo, echar por tierra los principios democráticos y republicanos fundamentales de Seguridad y Orden y de Defensa de los Principios del Estado.
A esto no se llegó por casualidad, no señor. Esto es producto de años de quietismo en las políticas represivas del Estado, las mismas que hoy los propios gobernantes proponen inhibir, rodeados de -y siendo ellos mismos- gente contagiada o productora de este virus ideológico, que planea quedarse con el poder eternamente para instaurar un país comunista. No fue azar de una sociedad decadente. 
Son años de entrenamiento militar, ideológico y político de una secta que nuevamente, arremete contra el orden institucional y a la que es crucial aniquilar antes de que de nuevo sea demasiado tarde. 
Y esas señoras -tan poquitas, tan ancianas que hasta uno podría enternecerse pero ¡no! ¡no hay que dejarse engañar!- que el jueves dieron su vuelta nuevamente a la Plaza, que persisten como si no se dieran cuenta de que algo ha pasado en este país, (¡¡pidiendo justicia!!! es el colmo que pongan en sus bocas términos tan legítimos para nuestro orden, para que se encarcele a los patriotas) porque sus hijos quién sabe dónde -pero seguramente en Europa- estarán procreando hoy mismo también pequeños guerrilleros que atentarán contra nuestra seguridad futura.
No entiendo cómo algunos no lo ven, pero por suerte son pocos. La gente de Argentina está indignada, crispada por el mundo clamando por el tema de la inseguridad, reclaman que maten a los gangster. Este país se deshace por la cobardía de todos, estamos demoliendo este país magnífico que tenemos y todo por desarmar a los militares, por no darle a la policía carta libre para que combata el crimen, la guerrilla y este virus ideológico que produjo lo que todos sabemos que tenemos.

Si no entendemos esto no podemos progresar como país. Lo entiende por ejemplo el patriota Menéndez que nunca dejó de entenderlo y por eso está donde está ahora, por servir a la Patria. Una medalla habría que darle y estos montoneros lo ponen en la cárcel, para que quede claro de qué lado están.
Hay que censurar los manuales actuales de sociales de las escuelas de nuestra queridísima y amenazada Ciudad, volver a la vieja educación Moral y Cívica que nunca deberíamos haber abandonado, instruir a nuestros niños para entiendan que, si este país está como está, es porque la guerrilla finalmente triunfó, porque estamos rodeados, porque el comunismo sigue siendo como un pulpo, que expande sus tentáculos por todos lados.
Y te corté.

08 diciembre 2009

Sentimientos primarios

Creía que lo que me había pasado con Ceci y su cumpleaños sorpresa número 40 (eso debe estar mal escrito, porque pareciera que Ceci tuvo cuarenta cumpleaños sorpresa, cuando en realidad fue su cumpleaños número 40, que fue toda una sorpresa) había sido un episodio feo. Sin llegar a sentir culpa, confieso que aquello me dejó cierta amarga sensación.
Pero lo que me acaba de pasar no lo voy a poder remontar nunca. Tengo cuarenta y cuatro años. "Casi cuarenta y cinco", dice la guacha de mi hija para provocarme, lo que en un cálculo fácil indica que terminé la primaria hace treinta y dos años. Treinta y dos años atrás yo andaba por mi primer vida (calculo que voy por la cuarta),


[un colegio privado de colectividad (es decir, un termo adentro de otro), una infancia olvidable, un altillo con cosas viejas, una hermana molesta y una timidez que lindaba con el autismo. Mis doce en el 77, el miedo familiar de una clase media inmigrante que no veía por qué meterse a opinar sobre nada, mi tío viendo inexorablemente "Combate" a la hora de la cena, el diálogo bilingüe en la mesa. El 24 de marzo del año anterior grababa de la radio, con un flamante y novedoso grabador que mi viejo había traído, el discurso de Videla, presintiendo que era un momento histórico. En la misma cinta, Lalo había grabado a escondidas unas groserías que jamás en mi vida había escuchado, y que claro, yo rebobinaba una y otra vez, escuchando intercalados el Comunicado Número Uno de la Junta con una versión guarrísima de "A media luz"].


y tenía una compañera que apenas recuerdo que se llamaba -se llama, acabo de confirmarlo- Claudia S. Recuerdo de ella unos ojos y un pelo negrísimos y hermosos.
-Hola, Gra? Soy Claudia S., de la primaria  ¿te acordás de mí?
Silencio de radio. Yo apenas me doy cuenta de lo que pasa, pero la parte más intuitiva -y más instintivamente fóbica- de mí sólo quiere huir. Yo, como creo que a los instintos hay que atenderlos, busco la forma y en un primer impulso se me ocurren simultáneamente las cosas más pelotudas para responder ("no mirá, sufrí un accidente y no me acuerdo ni de mí"; "¿Claudia? ¡¡sos vos, cretina!! te estuve buscando por todos lados"; "¿primaria? si yo la primaria no la hice porque estaba en un instituto de menores"), o hacer (cortar; romper el teléfono; fingir que algo tremendo pasa haciendo ruidos terribles), pero lo pienso mejor y  respondo, sensatamente:
-Sí, claro que me acuerdo... ¡¡que increíble!!
Siguió una verborragia por su parte que incluía un listado de nombres, oficios y trabajos -algunos dignos de mencionar como gerente en una multinacional o médico-, matrimonios e hijos de ella y otros, éxitos varios, intercalados por breves "qué increíble"s míos, que no hacían sino aumentar el entusiasmo de Claudia S. por seguir contándome de Carlitos, que vive en Miami y le va tan bien.


En el '78 al flaco lo secuestró el grupo de tareas de Guglielminetti y yo promediaba mi primer año de secundaria cantando veinticinco millones de argentinos, con la alegría de un pueblo feliz y pacífico. En el Banco, donde lo tenían secuestrado, los milicos alternaban -siempre haciendo patria- el festejo de los goles con la picana. En mi escuela la foto de Videla nos observaba a diario. Unos años después su foto fue reemplazada por la de Viola, y así.
-Ay, te separaste, qué lástima.


Si hay algo que no es una lástima en mi vida (más de unx estará de acuerdo conmigo) es haberme separado (como tampoco fue lástima haberme casado, no se vaya a creer). Pero Claudia S. va mostrando, despacito, sus puntos de vista.


-A mi nena la estoy mandando al sacrosantísimo de la reverenda, ¿viste? Es un ambiente tranquilo, sabés quiénes son sus compañeros, yo estoy más tranquila.
Cuando estaba en tercer año me descubrí siendo comunista o símil, sin terminar de entender bien qué era. El fascismo pronunciado de un profesor de cívica (jefe de un  movimiento político nazistoide, el derechista nacionalista constitucional) me terminó de moldear en un espectro que -iba a saber más tarde- se denominaba izquierda. Dejé de ser hereje cuando supe que era atea y empecé a leer lo que caía en mis manos.


-A Lalo le va rebien, es uno de los que veo cada tanto. Cuatro hijos tiene... ¿sabías que es policía? 
Cuando terminé quinto año  fui a la marcha de la multipartidaria, escapada de la vista de mi viejo que me hubiera matado antes que dejarme ir. Nunca había estado en ninguna manifestación, nunca había visto un carro de asalto y jamás había respirado gases lacrimógenos. Ese día murió Dalmiro Flores en la represión y yo me llevé el susto más grande de mi vida, aumentado al día siguiente cuando leí la noticia. Creo que mi papá algo sospechó, porque empezó a marcarme más de cerca.


-Betty (y sí, soy del '65, en mi generación había esos nombres) se casó con un un tipo de los medios, ¿viste? resulta que están re bien. Él es uno de los directivos de la Editorial Atlántida.
En 1979, ante la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos,  convocados por las denuncias de graves violaciones a los derechos humanos cometidas por el régimen militar y atentos a las campañas de las organizaciones en el exterior, la revista Para Tí contraatacaba editando  unas postales, en lugar de sus habituales fichas de cocina, serie publicada bajo el rótulo "Defienda su Argentina".

Me habló de Adrián, que estaba pelado y de Martín que tiene un negocio de colchones. De los viejos tiempos, de reencontrarnos, de saber  unos de otros. Me contó que el grande de Roxana había empezado el CBC pero se fue despavorido. En la Universidad de Buenos Aires hay tanta política, tanto zurdaje. Mejor que los chicos no estén en nada.


Yo escuchaba sabiendo que esta vez estaba en otro termo. Cuando Claudia S. había hablado unos minutos, yo había preparado un incontestable "justo ese día tengo un asado en una quinta", que no me hacía quedar mal y era más amable que mi desaparición ante Ceci. Pero a medida que la conversación iba avanzando, sentía -de nuevo- esa sensación de odio, esa irascibilidad que me mete todo el tiempo en tantos problemas.


Cuando me preguntó sobre mi vida le dije que mejor desde que me estaba recuperando de una enfermedad complicada (apenas dejé asomar el concepto "transmisión sexual" una sola vez, como cediendo ante su curiosidad) y que vivía en pareja con otra mujer, pero que sólo estaba probando a ver qué onda. Hizo una exclamación y recién en ese momento me acordé de su cara completa, cuando una vez, saliendo de un hospital donde habíamos ido a vacunarnos, una vieja se nos acercó pidiendo una moneda. Ella dijo de una manera contenida "no tenemos" y agregó inmediatamente por lo bajo: "qué asco". La vieja iba llorando.


La conversación no iba a durar mucho más. Estoy segura de que no volverá a llamarme y de que la promoción 77 del primario, cuando se junte el sábado que viene después de treinta y dos años, va a comentar regodeándose sobre algunas noticias divertidas. Brindarán con champán y agradecerán nuevamente pertenecer a nuestra castigada pero heroica clase media que sostiene con su trabajo y con su familia la persistencia de los valores tradicionales: la amistad, la honestidad, la bondad humana.

03 diciembre 2009

Ma sí (retrato de época)



Para mi amigo "Pichi" (que me dice "doña" el borrego irreverente), que me lo envió. 
Y para Concordia, su pueblo natal. Que descubrió que ama .

25 octubre 2009

Un desprolijo deshilván

Como mi estotro generó aquello (y estos movimientos me parecen taan interesantes),  acepto esa especie de  desafío de deshilvane. Iba a decir desentrañe, pero dejemos mejor al concepto con todo y sus entrañas, al menos por ahora y hago mi pequeño aporte al deshilván (que también puede ser) desde lo que -creo- significa la democracia para el imaginario social argentino actual.
En primer lugar la discriminación (una dice algunos términos y ahí está agazapada la policía de las palabras) que no por evidente es tonta: democracia es un concepto político. Su significación alude a la dimensión política de las relaciones humanas -la que tiene que ver, en su sentido amplio, con los modos de organización social, de convivencia y disposición para la supervivencia de todo el conjunto social- y desde allí desplaza su sentido hacia otras dimensiones (un padre autoritario, un jefe tirano, una educación fascista, un grupo democrático), pero se nutre también de aquél producido en estas relaciones: de cómo somos, de cómo es nuestra cultura, de qué modo tenemos de vincularnos. La micropolítica, dicen algunos.
Pellizco entonces apenas la punta de otro hilo que tiene que ver con una mirada generacional, inevitablemente (puedo, ¿no? hablamos de "imaginarios", esa palabra tan laxa también, tan difícil de precisar). Y me pregunto, de paso, por esa idea de democracia que pueden tener hoy quienes nacieron en ella, para quienes su oposición de sentido al de dictadura es inexistente o alude sencillamente a la historia y para quienes tampoco existe obviamente, su sentido más profundo como cuando en los setenta aparecía ligada a socialismo.
Esos sentidos no están presentes quizás en el imaginario actual de la palabra,y hay que decir que tampoco  aquél vinculado a la equidad social, eso de que con la democracia se come, se cura y se educa.
Los noventa, más que la dictadura, cercenaron el camino de la construcción de un nosotros común desde el cual fuera posible modificar -para mejorarla- la realidad social.
Una época donde lo político se encuentre restringido a la mínima expresión del voto, de lo gobernable, de la privatización del espacio de lo común, dará como resultado una democracia -o ya que estamos en esto, un imaginario de la democracia- también restringido y limitado a unas pocas instancias de la vida social.
Eso, sumado a un contexto internacional en donde el concepto también debe reconvertirse, reacomodarse y ser nuevamente interpretado tan lejos de aquel sueño "líberal" americano donde el sistema podía permitir que cualquier persona pudiera progresar, como del comunista donde a cada quien según su necesidad y a cada cual etcétera, podría dar por resultado, es cierto, una idea de democracia que es lo más parecido a la paz de los cementerios. Sobre todo si la comparamos con épocas donde la latencia del conflicto social hacía que la disputa por su sentido fuera permanente y claro, violenta.

Pero no necesariamente el cambio social, el conflicto, la participación -lo que cargaría al concepto de un sentido popular, pluralista- se comprueba en las elecciones o se da a través de disputas violentas o de convulsiones, cualquiera sean éstas. La paradoja argentina es, quizás, que la tibia perspectiva de cambio progresista (en su sentido de no regresivo) hoy esté más presente en el discurso del gobierno y desde ahí logre articular ciertas expresiones populares, que al revés (y por eso se hace difícil -me parece- la profundización del proceso. Es una opinión, sencillamente. Ni una respuesta, ni una hipótesis).

Quizás lo que falte sea aquél sujeto social que pueda hacerse cargo de esas reivindicaciones. Quizás los intensos-y poco exitosos- esfuerzos de espacios tales como el "pinismo" o Carta Abierta intenten esa construcción. La izquierda no creo. Y el movimiento social, quién sabe bien qué es  hoy. Así como en Brasil, en Bolivia o en Uruguay los gobiernos existentes son expresión de un proceso en donde estos movimientos sociales fueron conformándose en políticos y llegando a gobernar, en nuestro país esa articulación hasta podría decirse que fue inversa.
De todos modos, los debates generados alrededor de las leyes, la situación de la corte suprema de justicia, la apropiación del discurso reivindicador de los derechos humanos y la continuación de los procesos judiciales a los represores, el acercamiento a la problemática regional, son sin embargo instancias en donde los sentidos, el imaginario democrático, se consolidan, se profundizan. O van en esa dirección. Al menos, sientan escalones, mojones desde los que es difícil volver. Los debates acerca de la ley de medios o de la redistribución, háyanse o no construidos, tengan o no (y es legítimo que lo tengan) intereses detrás, han generado participaciones que eran impensables en los años del menemismo o del delarruismo.
Pero aunque la pretensión de democracia como la paz de los cementerios es efectivamente deseable para algunos (aquellos quienen "no quieren que les rompan las pelotas" son quienes no sienten que estén involucrados en ninguna cuestión común, como si fueran parte de una realidad desvinculada ), la realidad indica permanentemente que el conflicto siempre está, la cuestión es de qué modo se dirime y cuáles actores sociales intervienen.
Hay una democracia que es conveniente. Conveniente a los intereses de los grupos dominantes, conveniente a un modo de acumulación. En otras épocas, hay que decirlo, ninguna democracia era conveniente.
El sentido que hoy adquiere tiene que estar necesariamente vinculado con la ampliación de sus posibilidades. Una disputa, por poner un ejemplo, por el reconocimiento de la CTA podría ser vista como un simple debate burocrático acerca del otorgamiento o no de personería jurídica, o como la construcción de nuevos espacios de legitimidad que avanzan en la democratización de ciertos espacios de poder.
Digo, sencillamente, que eppur si muove.


--------------------------


Y ya que hoy es hoy, como saludo a mis hermanos charrúas, que con otra cultura política, atraviesan, charco mediante, situaciones que acá estarían muy lejos de acontecer (que si tenemos coincidencias culturales con alguien es con los yoruguas, aunque tendamos a olvidarlo de puro porteños que somos: existe una cultura rioplatense, riquísima a la que estúpidamente solemos dar la espalda y de la que tanto podríamos aprender).
Y ellos saben, sabían antes, cuando el genial (siempre como Columbo disfrazado de torpe) Masliah decía esto, por ejemplo, que los argentinos en nuestra puta vida diríamos: eso de que el "se va a acabar" podía derivar, podía tener el riesgo de ser, también, la paz de los cementerios.
16 regreso a la normalidad  by  Gachi ]
Y ahí están ahora en la calle (todos menos Lacalle, je) para que no lo sea, con las banderas del Frente.
Mis respetos para ellos.

15 octubre 2009

La polisemia de las palabras actuales

Democracia es una de las palabras más polisémicas que debe existir. Incluso, si el "polisemismo" de las palabras se midiera por épocas (calculo que sí, pero mucho del tema no sé, seguramente los amigos de letras o comunicación pueden darme una mano), esta época es una donde la palabra "democracia" adquiere más significados aún, quizás porque su sentido está en juego.
En sociedades donde la posibilidad de existencia de las democracias es contingente, donde los problemas más pesados se arreglan con palo y a la bolsa, donde te dejo opinar pero no me rompas demasiado las pelotas porque siempre hay alguna patota por ahí buscando empleo, que la democracia "valga" (que su sentido sea disputado) no es moco 'e pavo.
La amenaza del atajo siempre está, de todos modos, a la vuelta de la esquina para quienes detentan el poder en nuestros lares. Y los poderes en las sombras, que los hay, sino qué fácil. Pero parece -al menos por estas épocas donde se habla de leyes, parlamento y debates- que a veces el atajo no es tan fácil y hay que atenerse a determinadas reglas de juego. Al menos. 
Eso, me parece, está lejos de querer suponer que hay un terreno ganado. Los atajos tienen múltiples formas, y muchas de ellas parecieran "colarse" en lo cotidiano. Si el fascismo es fácil de detectar, preocuparía sólo en su "tipo ideal" de representación política, quizás como apología. Bestias como el animal ese, candidato al pro, de ciudad de Gálvez que proponía quemar las villas, o como el inefable rabino Bergman, habrá muchas para nuestros gustos, pero son las menos. 
Discursos más sutiles se cuelan con las mismas ambiciones de homegeneización, control o dominación, que aquellos otros tan fácilmente detectables. O tan fácilmente cuestionables, también.
Se puede también proclamar -declamar- el debate y las reglas de juego democráticas, escondiendo el cuchillo en la espalda (como la primer espeluznante y realista publicidad de Coto -quién lo diría, no?-, cuando era un matadero nomás, que seguramente por alguna denuncia de sociedad protectora de animales terminó eliminando el cuchillo del dibujo... ¿nadie se acuerda de eso? ¿tan vieja soy? ¿eh?) y mientras agazaparse, conformar alianzas, prorrumpir a cuatro vientos el respeto por la democracia, murmurar por lo bajo lo feos, sucios y malos que son los peruanos o decir que el campo somos nosotros y el olor a bosta es rico pero el olor a mierda es feo. Y que la patria somos todos nosotros los porteños.  
Y esto no es pensar en políticas conspirativas sino, de nuevo, en los hilos sociales del poder y en sus múltiples formas ideológicas.


Funcionó durante un tiempo, en ese sentido, el discurso del liberalismo cuando minimizó el espacio de lo público, y terminó estrepitosamente. En aquella época, hasta donde yo me acuerdo, no se hablaba mucho de democracia. 
Desde aquel tiempo a esta parte, sentidos de la palabra: fue transicional o posdictatorial. Fue restringida. Liberal. Se quiere consolidar o profundizar. Se democratiza, o se democratizará, o se debería democratizar: el gremio, el sindicato, el partido. Las relaciones familiares, las relaciones amorosas. La escuela, la educación, la cultura. La justicia. Se la quiere más participativa, claro que algunos la querrán menos participativa. 
Se le adosa al concepto de cultura política para enaltecerlo, tan vapuleado él, pobrecito.
O es, sencillamente injusta. A veces puta.
Formal es la que le cierra al poder hegemónico. Por eso no tolera la gente en la calle, la manifestación, los espacios comunes, los contenidos.  En otra época, no hace tanto, ni esta necesitó.

En aquellos hilos sociales, quizás insectos en sus telarañas, qué vocación de moscas, pensar en qué sentidos contrahegemónicos, en qué nosotros, en qué.
Si existen modos mejores de vivir, no hay otra: van a tener que ver con lo común: regulado, autogestionado, comunitario, cooperativo, asociativo. Disputar el sentido de democracia desde su posibilidad de existencia hoy es poco, por más Honduras y López que haya. Ahí tené, la democracia, nos pueden decir. ¿Qué más queré? (la ley de medios es más, por ejemplo).
Moscas insaciables.
Una vez nos dijo una profe que en los setenta salían a la calle a gritar por el socialismo (y eso terminó en el golpe). Y yo me acuerdo que en los ochenta gritábamos porque se acabara la dictadura militar (y eso terminó en el indulto).
En los noventa nada (y eso terminó en crisis).
En el dosmiluno se escuchó qusevayantodos y la-la-lá, la-lá.
Sentidos, sentidos.
And now what?
¿Qué democracia tenemos? ¿consolidada? ¿en transición? (¿hacia dónde? ¡mamita!) ¿inestable? ¿imperfecta? (qué sagaz) y más...
¿Qué democracia pretendemos?
y quizás, y simultáneamente a todas ellas, el mismo autoritarismo en lo microsocial que rige las relaciones sociales, laborales, familiares, escolares. 
Lo personal es político, reza el lema feminista.
Un concepto de democracia vinculado con la convivencia, con la negociación, el consenso y el disenso, también, que se proclama pero vos callate.


Quizás por versátil se lo use para decir cosas tan distintas, o quizás porque es expresión de conflictos, de luchas que tienen que ver con espacios disputados.

29 septiembre 2009

Pecado, redención y después

Mal que nos pese a algunos, qué persistente el capitalismo. Ante cada nueva crisis global respondió doblando la apuesta. Habrá que reconocer, también mal que nos pese (¿será ésta la era del mal que nos pese?), que ha logrado ser flexible frente a la rigidez o ineficacia de los socialismos realmente existentes o como se dieran en llamar, ante sus crisis: anduvo intentando, probando distintas alternativas, como apostando tramposamente siempre a ganador sin que veamos la trampa, cayendo y levantándose, recomponiéndose, tantenado y cayendo parado, o casi: así, combinó altos grados de intervencionismo estatal con gobiernos más o menos democráticos; modelos de mínima intervención en la economía con democracias más o menos restringidas y gobiernos con mayor o menor legitimidad; totalitarismos y autoritarismos varios; mayores representaciones sociales, tiranías.
Sistemas y situaciones representados, jugados, dirimidas sus relaciones de poder entre distintos actores sociales, partidos políticos, movimientos sociales, personas. Otra vez la gelatina, González.

En fin, toda una maraña que combinándose de tales o cuales maneras, rescató (mejor o peor, pero hasta ahora viene haciéndolo) al capitalismo de sucumbir, cada vez que estuvo -o pareció estar- a punto de.
Yo no lo inventé, y si suena marxista me perdone Alá, pero la cosa en común que tiene cada uno de los resultados de esas combinaciones es que persiste en todas ellas la forma, el modo en que se producen los productos, valga la redundancia, para que las sociedades subsistan, es decir, se reproduzcan a sí mismas. Lo característico del capitalismo -y para no tener que pedir perdón de nuevo guait a mínut, que el que hablaba de esto antes que Karlitos era Adam Smith (Adancito vendría a ser)-, es que como todas las cosas se compran o se venden, pa comprar hay que vender, cosas del intercambio, mire vea. Y habemus algunus que nada más que nosotros mismos tenemos para vender, para alguien a quien le interese comprarlo.
Hay otro sector social, otra clase, que posee lo que se llama -Jehová me ampare si suena de izquierdas- la propiedad privada de los medios de producción.

Lejos de querer sugerir que todo es lo mismo, hay una condición material común en la socialdemocracia europea, el fascismo italiano, el peronismo, la nueva izquierda latinoamericana, la nueva derecha europea, el imperio yanki, el nazismo, las dictaduras del cono sur, las democracias representativas o plebiscitarias, las representaciones de los nuevos movimientos sociales.

-Tú, que posees la propiedad, serás propietario.
Vos callate.
Los anarcos la hacen corta y dicen la propiedad es el robo. Yo digo con ellos y vaya pequeña venganza de quienes nada tienen, ver tanta inversión en rejas y pastillas para dormir.
El capitalismo nace de un pecado original, decía, de nuevo, Lord Voldemort.

Y además está la gente, las cosas que pasan, las coyunturas, los desastres naturales, la idiosincrasia de los pueblos. El contexto internacional, está y también si Cris es más linda que Bachelet pero menos popular. Está si el precio del petróleo aumenta y que sigamos produciendo soja y la renta diferencial de la tierra. (Las pampas, las vacas, batatas, papas, calabazas, nada más, nada para armar, nada para arrancar, a plantar, a plantar, las pampas darán pan, nada más falta... aaah, ¿habrá atrás más trampas? Mañana habrá más papas, más batatas, más pampas, vacas para pastar las pampas, nada más habrá mañana).
Que haya sido el peronismo, en este país, que siga siendo. Que seamos tan argentinos y tan machos y la tengamos tan grande, también está y la izquierda devastada en todo el mundo y acá una y cien veces, y nuestro pasado tremendo.

Aclarar que es la regla y no la excepción del capitalismo esta inequidad de base puede sonar hasta ocioso.

Pero es cierto también que las sociedades pueden ser más o menos injustas y que la diferencia hace al vivir o morir, que la democracia es el mejor sistema que el capitalismo puede ofrecernos y que no se trata solamente de votar y otras cuestiones formales, sino de una convivencia lo mejor posible, dentro de un estado de derecho naturalmente injusto, ante el cual sólo el Estado puede atenuar tanta desigualdad, garantizando el bienestar de su población y de toda ella. No de sus ciudadanos exclusivamente, categoría tramposa que hoy dejaría afuera a cerca del 30% de la población de nuestras regiones. De todos, trabajen o no, tengan o no documentos, sean o no nativos, sepan o no leer. Garantizar su vida, primero, y sus derechos.

Y eso, no jodamos, no lo logró el capitalismo. Produce y no cura la miseria. Nuestros desintegrados crecen y hacen parecer a nuestra asustada burguesía, un paraíso aquel aluvión zoológico del 45. Aquellos negros venían peinaditos, por lo menos. Este aluvión asusta más, además, porque no irrumpe. Se agazapa, amenaza, se queda y gana espacio allá, en los márgenes.

En los suburbios. Allí abajo, o arriba, paradoja de las favelas en los morros y su vista incomparable del mar. Quizás la justa venganza de los pobres o una compensación cósmica que nivela lo material con lo inmaterial, lo artificial con lo natural, lo feo con lo bello, el smog y el aire diáfano.

La furia de los ricos, la consternación de los estúpidos, la incertidumbre idiota de los bienintencionados.


-Pues que es una linda ciudad Rio de Janeiro, lástima que Brasil sea un país tan mal administrado.
Nadie dice que así quede, lo político, los conflictos, siguen sus cursos, los "hilos sociales del poder" se tejen a partir de estas realidades concretas y sujetos más o menos existentes se dirimen en ellas, con mayor o menor protagonismo y éxito, sin certezas de rumbos, sin el Partido o la Revolución, o el Duce o el Mercado pero también sin Fin. Sí quizás con Historia y sin un gran Nosotros.
El pasado no ha muerto. Ni siquiera ha pasado, decía Faulkner. ¿Pero el futuro?