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22 agosto 2011

La subversión de estos días

Una de las notas de oscuro color en relación a estas últimas elecciones fueron las declaraciones del señor Duhalde al conocer los resultados. Deschavetado o no, el tipo puso en palabras algo que muchos piensan y pocos dicen, aunque sugieran, balbuceen o murmuren por lo bajo. Bah, en realidad lo dicen en voz alta también, sin ningún drama. No sólo -cuestión que despertó la sorpresa, iracundia, acusación, denuncia- la mención del término subversión, que sabemos demais que en este ispa debería usarse aludiendo exclusivamente al pasado, sino más ampliamente, la identificación de su discurso con un sector de nuestra derecha más rancia, que persiste a través del tiempo siempre igual a sí misma, increíblemente. "Actualiza" su discurso, e introduce entonces un término como "subversión", porque le sirve, y porque aprovecha además este revival setentista (después que me digan que Carlitos le pifiaba cuando decía de cómo se repite la historia, tragedia y farsa...). Renuncie, montonero. A la Cámpora, la Solano Lima, la Cooke  le ponemo la López Rega, la Vandor y la Isabelita, no? de última si no, ¿qué gracia tendría?  Pero creo que el dato es más importante porque delimita cierto arco ideológico y político de una manera bastante más clara.
El mérito de Duhalde es aglutinarlos, por qué no reconocérselo, aunque anden dispersos por todos lados:
Se mezclan entre sus apologistas  garcas, fachos declarados o inconcientes, señoras de la hái sosáieti y de la clase media, jovencillos imberbes vírgenes, trolas de toda trolez, universitarios de universidades públicas y privadas, putos, blanquitos taxistas, ingenieros, gorilas de los más puros, católicosapostólicosromanos, señores de negocios, militares, periodistas, chicos bien y señoras de su casa.
No son muchos, se vio que no eran muchos y  ya más o menos se analizó de dónde, por qué,

[Esperábamos con Lau en la esquina a que el semáforo nos permitiera cruzar, mientras un señor bajo y gordito de unos sesenta y cinco años cruzaba correctamente por la lateral. La camioneta venía rápido por la avenida y el señor obstaculizaba su intención de tomar la lateral rápidamente.
-¡Apurate, gordo pelotudo! -le gritó el camionero.
Nos cruzamos las miradas, él sólo hizo un gesto.
-No hay que escuchar estas cosas, -le dijimos, consintiéndolo, haciéndole saber que estábamos con él, que además de haber sido grosero y bestia, el peatón debe tener prioridad y esas cosas. Ese acuerdo efímero, ese espacio de identificación instantánea no podía durar nada. El tipo agregó:
-Esto es lo que votaron. Jueces trolos, Shoklender, esta gente.
Se metió en el colegio religioso privado de la santanosecuánto de nosequién]

y no sé cuánto importa. Exabrupto o no,  incluso, esa nostalgia de una época donde las cosas se dirimían de otra manera (basta mirar un cacho los comentarios de Perfil, sí, soy masoca y qué), hay un odio de clase, cultural, político, hacia un enemigo que para ellos continúa siendo la "subversión", aunque tengan que detenerse ha decir "lo han sido", por si acaso, por eso de rozar el borde de lo políticamente correcto hasta para la derecha.
Quizás, no haber entendido que las cosas cambiaron sea parte de la derrota, quedarse confundidos en un enemigo que ya no existe (más allá de que algún trasnochado  -demasiados para mi gusto- flamee la bandera de montoneros o siga cantando "y los desaparecidos compañeros peronistas"), digo, más allá y a pesar de, la subversión de estos días no lo es, porque juega en el terreno de lo políticamente posible, y encima obtiene una aplastante mayoría de votos, a pesar del veneno que destile Duhalde. No, señor, eso no puede ser subversivo. No pareciera haber ningún intento de subvertir absolutamente nada en estos días.
A excepción de Altamira, ponele.

18 julio 2011

Cosas que pasan en un viaje II

-Ochocientos diez pesos, -dijo ella. -Por si no te acordás, te dí ochocientos diez pesos.
-No tenemos que hablar de esto ahora. Pero no.
-Yo sí tengo que hablar de esto ahora. ¿Cómo que no? ¿Cuánto te dí?
-¿Si no qué? ¿Se acaba el mundo si no hablamos de esto ahora? Quinientos me diste. Quinientos diez.
-Sí. MI mundo se acaba si no hablamos de esto ahora. Está bien, ahora me estás robando.

Discutían así, dos cosas simultáneamente, como si tuvieran cierta práctica. La línea E del subte suele ser muy ruidosa, pero quedé frente a ellos cuando las puertas se cerraron. Era imposible no escuchar. O moverse.

Sus frases eran breves, de una ira contenida quizás por mi presencia involuntaria. Rondarían los cuarenta, pero ése y otros detalles los fui viendo después. Otros los fui inventando por diversión o gajes del oficio, por ejemplo que ellos no suelen tomar el subte a menudo, o que no viven juntos. Clasemediaporteñapropietaria. Ufff.

Antes de todo eso lo que sentí fue la voz de dos personas, hombre y mujer, que discutían en voz baja.

-Acordate, te di ochocientos diez del piloto que le regalamos a tu papá.
-No voy a discutir esto ahora. Y no fueron ochocientos diez.

No debe haber sido, o capaz que sí y yo estaba justo ahí, yo sentí como una cosa física. Quizás sea cierto lo de la vibra, lo de las ondas, sentí como si un impulso eléctrico los atravesara. O quizás los sentimientos cuando son muy profundos se hacen carne. Estas últimas frases las dijeron entre dientes, con una rabia intensa como pocas veces presencié.

-Entonces ¿sabés qué?, -dijo ella furiosa, y abrió su cartera. Tuve que apartarme un poco.
-Tomá, -le dijo, y le puso unos billetes en la mano, -ahí tenés entonces.

Tanta violencia en tan poco espacio, con tan poca libertad de movimiento, sin posibilidad alguna de gritar.

En La Plata se bajó bastante gente. Su ropa era fina, pude ver.


Él le tomó la mano, le apretó la muñeca.
-Guardate esto ya.
-No, si te lo debo, tomalo, -y le metió la mano con los billetes en el bolsillo del piloto. Lindo piloto, tenía.


Apartó la mano de ella con los billetes. Se había puesto feo en serio. A mí me hubiera gustado ver los billetes desparramándose alegremente frente a la mirada atónita de todos, pero no. Ella los tenía bien agarrados. Y en un gesto altanero soltó su mano, abrió su cartera, su billetera, colocó los billetes y cerró todo, de una manera tan brillantemente sincronizada que apenas terminó, las puertas se abrieron y ella salió, diciendo:
-No nos debemos nada.

La escena fue patética. Pero qué salida.

13 julio 2011

Impresiones secundarias

A la (ex) enana, que preguntaba 

Durante 13 años, entre mis 26 y mis 39, di clases en colegios secundarios. Alguna reminiscencia estoy empezando a tener, ahora que esta hija va abrazando inevitablemente la adolescencia, y me acordé (le contaba) de algunas mesas de examen que integré.
Solían ser de disciplinas afines, sociales, pero también podían tocarte otras.

Las que recuerdo como más divertidas siempre fueron las de francés, pero es irreproducible por acá. Yo siempre tenía que hacer malabarismos para no estallar en carcajadas cuando los pibes más vagos tenían que pronunciar "fgreeeeeeere" como ella, "poniendo la boquita así" y emitiendo sólo sonidos guturales.
De otras más fáciles de contar, recuerdo:

I
De Historia, 3º año (moderna y contemporánea)
Profesora: -Mencione una de las reformas de los Borbones
Alumna (piensa largo rato): -¡el ferrocarril Buenos Aires-Madrid!

II
De Química, 4º
Profesora: -Dígame la composición química de la madera
Alumna: -Esteeee.... bueno.... eeeee.... está la sustaaaancia....
Profesora: -¿Síiiii? Siga, siga
Alumna: -esteeee que tiene carboooono.... hidro esteeee nitro.... hidrógeno
Profesora: -Siiiii´? Qué más? ¿Cuál es la sustancia principal?
Alumna: -eeeee..... esteeeee
Profesora: -Ce- lu.....
Alumna: -¡¡¡¡¡Celulitis!!!!

III
De Geografía, 3º
Profesor: -Y dígame... ¿por qué la corriente oceánica del Golfo es cálida?
Alumno: -eeeeee.... esteeeee... eeeeee....
Profesor: Piense, piense
Alumno: -eeee.... esteeee....(piensa, cierra los ojos)
Profesor: -Vamos, razone.
Alumno: -¡¡Porque los peces nadan más rápido!!
Nos quedamos un segundo los tres profes pasmados, y el de geografía:
-Ah, claaaaaaro. ¡¡Por fricción, dice usted!!

18 abril 2011

Cosas que pasan en un viaje

-Parece que seguimo así hasta Virreyes, -dijo el de traje y se rieron el de remera deportiva y la mujer que había quedado parada al lado mío cuando el subte cerró las puertas. No estaban cerca entre sí y yo trataba pero no podía encontrarles el denominador común: puestos distintos en una empresa, trabajadores de una galería, el cadete y los abogados, gente que siempre coincide a la misma hora en el mismo viaje, pero no, nada de eso encajaba bien, por edad, vestimentas, ondas.
Cómo nos compartimentamos, las personas.
-Ya te dije, Kevin, tenés que cambiar de actitud (le gritaba al Blackberry)
Me di cuenta de que esa voz femenina y algo estridente podía ser la respuesta cuando otros en el mismo vagón se buscaron las miradas. La situación me preexistía, preexistía a la estación Jujuy del E, quién sabe si no vendría de la misma Bolivar, pensé, aunque inmediatamente me pareció exagerado.
-Vos tenés que cambiar de actitud. Así, con esa actitud no vas a ningún lado, ya discutimos eso.
No hacía falta escuchar durante mucho tiempo para darse cuenta de que esas frases se iban a repetir a lo largo de toda la charla entre la chica del subte y Kevin. Y seguramente fueran las mismas al comenzarla, pongámosle Independencia, para darle tiempo a la gente a miradas, sonrisas, complicidades. Kevin bien podría estar escuchando lo que ella le recriminaba, o haber dejado el celu lejos de su escucha.
-Actitud, dijiste, tu mamá, conversar, reflexionar, actitud, futuro, cambiá, cambiá. Ningún lado, -siguió diciendo, indistintamente, incansablemente.
-Parece que Kevin no quiere entender, -opinó, el de remera que se había reído cuando el de traje dijo que parece que seguiríamo hasta Virreyes. Y un gordito, petiso, sonriente, dijo: -a ver cuál es, - y se acercó unos pasos a la voz estridente.
La gente del vagón, los primeros espectadores, nos invitaban a los nuevos a presenciar el acto.
-Vas a tener que pensar muy bien las cosas, porque con esa actitud no vas a ir a ningún lado.
Urquiza, Boedo.
Hablaba, se enojaba, parecía que la situación se extremaba. La chica exaltada, nosotros mirándonos, sonriendo, algunos hablando por lo bajo y uno:
-¡Kevin, hermano, cortale por favor!,
El chico lo gritó, desde lejos, hasta dónde había llegado la audiencia. Las sonrisas devenidas risas de todos instigaron a los más chistosos o corajudos. -Kevin, mejor andate ahora, todavía no es tarde, -Kevin, me parece que esto no está bien, algunas guarangas y otras que no escuché. No creí que Kevin pudiera escuchar todo eso desde su celular.
Cortó.
Creo que ninguno de nosotros podía haberla descripto, porque ninguno se animó a mirarla directamente. No se podía, lanzaba chispazos por los ojos.
Avenida La Plata.
El gracioso de remera y el de traje sonrieron más cuando se paró, pero en cuanto empujó y se paró adelante, otro dijo:
-¡Eeeeh, todos bajamos!
Yo lo ví en cámara lenta, por eso lo puedo contar. La mujer volvió lentamente la cabeza, su pelo rubio se movió despacio y dijo, con furia: -Perdón, ¿VOS ME HABLASTE A MÍ? (lo dijo en mayúsculas, yo estaba ahí).
Ni siquiera sé con certeza si era joven o vieja, podía jurar que tenía voz de joven pero me aterraba mirarla.
El chico primero puso cara de boludo, como si no fuera a decir nada. Cuando la mujer repitió la pregunta, el flaco farfulló: -Dije que todos nos bajábamos, que pidiera permiso.
-YO PEDI PERMISO, -dijo, a los gritos, como si fuera a pegarle.
-Ahora sí pidió permiso. Pase, por favor, -dijo el pibe y todos estallaron en carcajadas.
Como cuando uno siente que quiere más a su pareja, o a su mamá, o es mejor persona, cuando presencia peleas de otros, las estaciones que me quedaron hasta Varela transcurrieron en un sosiego mayor al de otros viajes.

12 diciembre 2010

La inminente amenaza de un silbido a la propiedad privada

Si alguien quiere alquilar este lugar, me avisa hasta antes de fin de mes.
Eso sí, hay que ser de estómago resistente:


—Aprovechan ese terreno ahí a la vuelta, eso da justo a lo de Marta, esa casa está tomada. Yo tengo miedo de que vengan saltando por las azoteas. Yo dejo la rendijita abierta de la persiana porque desde ahí se ve si hay alguna sombra y no se veía nadie, pero yo lo escuché clarito.
—¿así? Fiu—fiuuuuuu
—sí, algo así, no sé, no escuché tan bien por el viento y la tormenta, pero que escuché silbidos, eso sí. No sé si venían de la plaza o de dónde.
—Aprovechan cuando hay tormenta para afanar. Hay que mat… yo los odio Tita, no sé, hay que tener mucho cuidado. Los negros silban así, se silban entre ellos. Esos son códigos que tienen, siempre chiflan cuando están afanando. Fi— fiuúuuu, silbó y miró a Tita.

Sic

31 agosto 2010

No tomen la escuela, tomen cerveza

Convencida, la señora, habló después del piiip cuando llamó al programa de radio:

-Hola Víctor Hugo, yo quería decir que prefiero toda la vida que los chicos estén en la escuela, ocupando la escuela, que en la esquina alcoholizándose.

-¿Eh?

25 mayo 2010

De la gente y sus banderas

A menos que nuestros viejos fueran muy futboleros o exageradamente nacionalistas, o nos tocara acercarnos a la edad de la comprensión de las cosas en momentos "históricos" (de tan distinta naturaleza como una guerra o un memorable campeonato de fútbol),  las banderas en estas épocas llegan a nuestra vida despacio, naturalmente, como parte de un mundo social prestablecido, heredado, que viene ya con su adorno identificatorio que será el que se lleve a lo largo de la vida con orgullo o pesar, pero mayormente como parte de uno.
Una bandera nos identifica como parte de un grupo, en primer lugar. Y en segundo, no cualquier grupo tiene bandera: banderas que trascienden la coyuntura (la de la promo '82 no le importa mucho a nadie) tiene el país, el equipo de fútbol, algún partido político. No las mujeres, los pobres, los rockeros o los discapacitados -aunque sí algunos íconos-, lo cual habla de alguna particularidad del uso de la bandera, quizás vinculada con determinada "institucionalización" (con perdón) o legitimación del grupo social que la sostiene y/o su reconocimiento social, qué se yo.
La madre de todas las banderas es, lejos, la bandera nacional, si hasta una piensa si no debiera poner Bandera Nacional, inducida por el Ser Nacional de estos días y la proclividad que tenemos los argentinos a poner todo con mayúsculas.
La nacional es la bandera más pesada que heredamos, nos guste o no nos guste. De todos los sinónimos o significados de la palabra nación el que más pareciera encajar con bandera es patria. Quizás porque vengo de una generación en la que ambas eran una y eran de los otros, bandera y patria fueron constituyéndose como palabras ajenas. La bandera se la respeta. Aquella bandera era la que "venía" con los símbolos patrios, el himno, la escarapela. Quizás porque recordábamos que, tristemente, inundaba las calles cuando el mundial del '78 y la guerra de Malvinas y en general estaba acompañada del predicado flamea orgullosa.
No fue otra, creo recordar, la que sacaron los adeptos del movimiento campero y que colocaron gloriosa sobre las 4 x 4. Eso sí era flamear, carajo.

  • "Mi papá la quemó, la bandera", contaba Morena con sus cuatro añitos a mi vecina Tita. Recuerdo que escuché decir que a una bandera no se la lava ni se la plancha, y váyase a saber qué cosas piensa la gente de las banderas, que éste, el papá de More, la quemó. Tuvo durante años la bandera argentina puesta en la terraza, hasta que el clima y el paso del tiempo -ignorantes de la obligación de respeto por los símbolos patrios- la destruyeron. La quemó y yo me pregunté: ¿no iba presa la gente por quemar banderas? 

Mi vecina Tita puso una bandera y Esther le regaló otra. Así estamos, estos días.


Así de irritante me resultaban las que Radio 10 repartía en las fechas patrias a los automovilistas.
Esas banderas -nunca trapos o telones- eran, se decía, las banderas de la patria.

[Quizás porque los colores sean los mismos y entonces se confunda, o porque extrañamente mi televisor perdió el color y me confunda yo, a primera vista pareciera que todos quienes llevan la bandera quisieran lo mismo, pensaran lo mismo, porque claro, llevan los mismos colores (pero en los ochenta, en la izquierda, se discutía que había que disputarle los íconos a la derecha, los símbolos nacionales, la palabra "patria". La trágica experiencia del Movimiento Todos por la Patria, y la propia devastación de la izquierda terminaron por sepultar esa intención), sin embargo los "banderazos", suelen tener motivaciones, significaciones y apropiaciones diversas. Es una especie de paradoja que se diga como un elogio "no se veía ninguna bandera partidaria, sólo la celeste y blanca", si pensamos que después de todo embanderarse quiere decir tomar partido por algo. La bandera es entonces una mezcla confusa de sentimientos].

  • "Cuando yo era pendejo no entendía cómo había gente en la calle que caminaba con una escarapela, ¡si ellos eran adultos, a ellos nadie los obligaba a usarla!", contaba Joni el otro día.

A la bandera nos la encajan como nos encajaban la escarapela en el primario o nos ponían sanciones por no llevarla en el secundario. Nos obligan a compartirla con el garca de mi vecino o el milico genocida, nos hacen creer que un sentimiento común nos hermana a todos y cada uno de los pobladores de estas tierras, por más que seamos tratados distinto, tengamos distintos derechos y obligaciones, o enarbolemos, orgullosos otras banderas. La Nación requiere que todos nos identifiquemos con sus íconos.

  • El libro de primer grado mostraba una foto que había que describir: el seleccionado argentino, con su camiseta celeste y blanca festejando un gol en un mundial. La enana escribió prolijita sobre la línea punteada, convencida y orgullosa: "gol de rasin".

Es inevitable asociar la bandera con cierto sentimiento chauvinista (cuál otra connotación tendría si no el término "argentinazo" como si eso quisiera decir algo), y por eso a veces de una familiaridad algo fascistoide, me disculpen los legítimamente nacionalistas. En los actos del festejo del bicentenario, el recuerdo de Malvinas traía su inevitable "y ya lo vé, y ya lo vé, el que no salta es un inglés" con su carga de nacionalismo actualizada por los acontecimientos recientes. Pero la incomodidad daba paso rápidamente a la era del advenimiento de la democracia: "la vuelta a la democracia está signada por murgas, porque es la alegría contra  el oscurantismo de la dictadura. Una murga que también incluye travestis", vociferaba la locutora, notoriamente conmovida. Lanata estaba preocupado por la propaganda política.
Quizás favorecidos por la connotación de cumpleaños, quizás por la calidad de los festejos, seguramente por la amplia convocatoria (quizás la más amplia de esta época) y su respuesta, (además de por prepotencia de los números), las manifestaciones adquieren un carácter más plural, más "laico" si cupiera el término, y la alegría, después de mucho tiempo, pareciera ser de la gente.
Después de mucho tiempo (el 2001 puede ser el contraejemplo) el país se llenó de banderas .
Insospechada yo de ser oficialista (habría que preguntarle a la enana), pienso que este gobierno aprovechó de la mejor manera la fiesta del bicentenario. Cristina bailó casi desbocada y los funcionarios y delegados y presidentes de otro países trataron de no hacer demasiado el ridículo, aplaudiendo entusiastamente. El relato histórico de la refundación estaba teniendo lugar.
Por esta noche, el país fue una fiesta de todos.

Otras banderas llevamos y esas las elegimos por voluntad propia, más o menos condicionados por nuestras circunstancias, pero eligiendo al fin. No podría sostener por qué me hice de River, sí de izquierda.  Otras fueron tejidas por imperio de la historia. Las Madres de Plaza de Mayo -hoy íconos centrales de la refundación de la nación en la construcción del relato histórico- siguen cargando su pregunta eterna y levantan esa inmensa bandera, levantado a la vez las banderas de sus hijos. Entran y salen -deben salir- del relato histórico oficial, porque la pregunta es prepotente, persistente. Si no fuera, nada quedaría por hacer.



Estos días mi barrio, renegando quizás de tanto festejo nacional, se tiñó como mi televisor de blanco y negro y festejó en paralelo otra fiesta. Floresta, Monte Castro, Villa Real o estos barrios olvidados de Dios (que será porteño pero atiende en Congreso), festejaron también la fiesta del Albo. No sé nada de fútbol pero fui de All Boys por orgullo de barrio. Sentirse parte de la fiesta no estuvo nada mal.


24 agosto 2009

Todo es según la lente del óptico que lo mira

"Todas las pasiones tienen dos sentidos, Juliette,
uno muy injusto, relativo a la víctima, y el otro,
singularmente justo, para quien la ejerce". [Sade]

Resulta que ante una sencilla y rápida observación de las cosas que pasan, las personas opinan, sienten e interpretan cosas distintas. Una manifestación en la calle podría ser un estorbo para un automovilista, la convicción de que loquepasaesqueenestepaísnadiequieretrabajar para un vecino del barrio, la posibilidad de más votos para un puntero, una buena fotografía -o la revelación de nuestra idiosincracia nacional- para un turista, un paso en la lucha por la emancipación para un militante, el coraje de luchar por lo que uno quiere para un manifestante, y tantos etcéteras como combinaciones de personas, clases y grupos haya.

Y podrá ser que combinaciones haya muchas, pero una clarísima cuestión -cuestión incuestionable- desde nuestra escasamente rigurosa disciplina o mirada, es que en tiempos y espacios delimitados esas combinaciones no son infinitas, es más: no son tantas. En tiempos y espacios variados probablemente lo sean, pasados insospechados, inexplorados o escasamente comprendidos, o algún mundo lejano posible y desconocido de espacios y épocas impensados, combinaciones distintas de cosas que hoy no conocemos.


Parece una boludez, pero no es... Hay circunstancias materiales, sociales, culturales, familiares, personales que producen esos "modos de ver las cosas", hay intereses concientes e inconcientes, diversas modalidades de extracción social, de formación, pertenencia identitaria que conforman esos diferentes modos de ver. Desde el sentido común –que siempre es útil y es bueno mantener afilado– es posible también comprender que “todo es según de qué lado te parás". El sentido común, pese a sus solemnes detractores, nos encanta a los defensores de las filosofías baratas y las sociologías de mercadito.

Entonces resulta que hay miradillas humanas actuales diametralmente opuestas entre sí, o levemente diferentes o casi iguales pero no tanto, sobre las mismas cosas que objetivamente nos pasan a todos.

Ese campo tan gris -el de lo ideológico-, Gramsci lo define como una "visión del mundo" hegemonizado por la clase dominante, que presenta su propio interés particular como si fuera el de todos (claro que por épocas eso no cierra y se nos viene un 2001), que lee e induce a leer la realidad con sus propias lentes, da o despoja a la realidad de su significado, manifiesta como contingentes cuestiones que son necesarias y al revés (ejemplos clarísimos entre cientos puede ser la elección de los "titulares" de los medios de comunicación masiva, o la exaltación y el nombre que la historiografía oficial coloca a un hecho histórico -esa cuestión del "descubrimiento de América" o la "Campaña al Desierto").

Pero como decía el filósofo: "no tan rápido, 99"

Al discurso hegemónico, en diversos niveles de lo social y con distinta efectividad, se oponen algunos discursos contrahegemónicos, que logran filtrarse, llenar de sentido -de otro sentido- los significantes vacíos: un discurso ecológico, así, puede ser progresista porque se articula con el discurso del bienestar general, etc., o la resignificación en su sentido social, igualitario, del concepto de democracia, hoy bastante devaluado en ese sentido. Los discursos contrahegemónicos son más efectivos -también- cuando sus demandas son apropiadas por otros sectores (las Madres y sus rondas desde el '77 comenzaron demandando por la aparición de sus hijos y terminaron representando la demanda por la investigación de los crímenes de Estado, el juzgamiento de sus responables y finalmente el retorno de la democracia, agrupando tras de sí otros movimientos sociales, partidos políticos, etc.). Antonito sostuvo, junto con otros marxistas más tarde, que en el terreno de lo ideológico es donde se manifiesta el conflicto social (¿puedo decir lucha de clases? ¿eh? ¿puedo?)

A la cuestión de la ideología Althusser le giraba la tuerquita un poco más sosteniendo que los canales a través de los cuales esa ideología se reproduce, se recrea, son los "aparatos ideológicos de Estado" : la escuela, las religiones, los medios de comunicación son encargados de transmitirla para asegurar su perpetuidad (de garantizar la -con perdón- "reproducción de las relaciones sociales de producción") en el poder, y la verdad es que en este ispa y en esta época no hace falta profundizar mucho para darnos cuenta de qué habla.

Por ejemplo, el otro día fui a una óptica a pedir un presupuesto para unos lentes. Me toca por puta prepaga Pförtner. Debo decir que además de no ser muy afecta a modas y marcas, nunca usé anteojos e ignoraba las peripecias de pasear por oftalmólogos, ópticas, y conocer la infinita cantidad, marcas y calidad de distintos marcos y vidrios -con o sin antirreflex- hasta el instante en que me dí cuenta -¿cuán tarde?- de que la enana no veía una vaca adentro de un baño.

Y ahí fui yo, a la concheta zona de la Recoleta, donde llegué a una especie de chópin (como dice Artur el peruano), un Blokbuster, un Farmacity de lo' anteojo, esa onda. Un lugar encastrado en el paisaje de la zona, perfectamente armónico con todo y la gente que lo caminaba y lo atendía, unos "ótpicos" (no sé por qué las comillas, la verdad, supongo que son realmente "ópticos", je) todos o jóvenes lindos o viejos con pinta de sabios (qué proces de selección de personal, pensé) .

Y resulta también que -mientras esperaba que me llamaran- en la tele grande, grandérrima, estaban pasando el noticiero de TN con la gente de la Villa 31 furiosa, tirando piedras y otros objetos contundentes contra la cana.

-Yo no sé, esto a mí me da una bronca, me da una impotencia, vení, pasá por acá. Me indicó el "óptico" pendejo y carilindo, con gesto como fruncido.

-¿Qué cosa te da impotencia? pregunté suspicaz mientras me acercaba, pensando en que SEGURAMENTE me iba a decir lo que segundos después escuchaba:

-Estos tipos. Hace media hora que están tirando piedras y la cana no hace nada.

Silencio...

-Se la pasan afanándonos, hacen lo que quieren y ahora mirá, la cana está ahí mirando, no reprime, no hace nada. Y ellos la pasan bárbaro.

Silencio...

-A vos te gustaría estar en ese lugar, ¿no? Digo, pasarla así de bien..., le dije.

Me miró un rato con cara de bobo: "no, no, yo digo que ellos están rompiendo todo y nadie hace nada", entre avergonzado y furioso.

-Ya hicieron. Un hijo de puta de la prefectura mató a una pibita de 17 años.

¿Qué es lo que permite ese desplazamiento tan impresionante para invertir los términos? ¿cómo operan los mecanismos ideológicos para que se pueda ver como una amenaza al sistema a quienes son, justamente, sus víctimas?

El discurso dominante excluye, criminaliza, juzga y condena. Invierte los términos. La clase media es su transmisora más efectiva, su garantía de persistencia. En una rápida operación de enroque se convierte en víctima (de la inseguridad, de los impuestos, del incremento del costo de los electrodomésticos) y demanda, exige al Estado que los proteja de ellos, sus victimarios.

Ese discurso oscila desde culpar al vendedor callejero de afear la ciudad o de competir deslealmente con los leales comerciantes (como bien muestra en su versión en papel, la maleducada revista Que de reciente y exitosa aparición, habrá que comprarla) hasta justificar, en un no muy lejano extremo, gatillos fáciles, "palizas" aleccionadoras, y mucho palo pa' que aprendan, pasando por un arco variado y pluralista. La izquierda no lo logró, por cierto. Pluralista-pluralista es la derecha.

Ah, y al final fui a la óptica del barrio. Me salió lo mismo, con antirreflex y todo.