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01 marzo 2011

De la política, lenguajes

que se suponían perimidos:
nacional-popular, dirigentes, militancias, cuadros medios, modelo.
perimidos o en tren de:
radicalismo, izquierda revolucionaria, intelectual crítico.
que nunca deberían haber desaparecido:
libertario, solidario, representación, consenso, treinta mil.
que deberían perimir:
centro derecha, centro izquierda, nacionalismo, centro, alternativa progresista.
que nunca perimirán:
Estado, poder, violencia, manifestación, protesta, hegemonía, resistencia.
Y sangrar por la herida.

Con y Contra, Kandinsky, 1921

13 agosto 2010

Víctimas

El perro lloraba afuera, podía ser en la plaza, por ahí. Y los perros de la cuadra replicaban ladrando, quizás pidiendo auxilio para su amigo en desgracia, quizá pretendiendo tranquilizarlo o quién sabe qué cosa de perros. Gemido y ladridos incomodaban la noche, la perturbaban. Escucho la voz de un tipo que fue al auxilio, el bicho que se calma, o al menos calla. Una señora grita "¿está bien?" y todo vuelve, imperceptiblemente, a la tranquilidad, al silencio lejanamente intervenido por el ruido de un auto. Todos nos dormimos.
El pibe debía tener unos once y lloraba. Sucio, maloliente, pasado de pegamento lloraba. Solo, sin grandes ni chicos que lo acompañaran, lloraba dolorosa, angustiosamente. La gente se apartaba lo más posible y hasta podía ser gracioso comparar desde arriba la fila de personas que hacía una curva frente a él, con una fila de hormigas que esquiva un obstáculo. Pero no era gracioso. Nadie preguntó nada, nadie miró, nadie intentó acercarse.
La misma gente.
Algo anda bien para el culo en estas sociedades.



Más murguita oriental. La Mojigata de este verano.

14 julio 2010

Mayúsculas

Sancho Panza: Yo cristiano viejo soy, y para ser Conde esto me basta.
Don Quijote: Y aún te sobra
[Cervantes, Don Quijote de la Mancha, I, 21]


Se discute la hegemonía de un discurso social. Con argumentos científicos, dogmáticos, legales, la posición respecto de la ley de matrimonio universal revela, de nuevo, una discusión ideológica (el conflicto del campo, que terminó produciendo una disputa ideológica, surgió de un conflicto económico -y de poderes, también) y una lucha por mantener posiciones.
En esta, todavía más, se discute ideología, entre otras cosas porque ningún perjuicio material podría producirle a nadie la aprobación de una ley que amplía los derechos de los ciudadanos (ni siquiera se trata de un juego de fojas cero, donde si yo te doy a vos es porque le estoy sacando a otros).
Más allá de los efectos de esta ley, de si es o no es lo importante ahora, de si primero hay que regular para agilizar los procesos de adopción, etcétera, es interesante (por lo menos no me van a decir que no es divertida, posta) la discusión "pública".
La Iglesia católica, y junto con ella los sectores más conservadores de la Sociedad (es así, muchachos, algunas cosas hay que escribirlas con mayúsculas) disputan una visión de mundo (diría el gran Antonito Grasmsci) al discurso secular, y se ponen a sí mismos como la reserva moral de la Argentina. La policía de la moral, los adalides (adalides es de las palabras que suenan raras después de decirla mucho) de las mayúsculas, Tradición y todo lo demás.
Y arrastran tras de sí no solamente al "público cautivo" de los colegios confesionales, cosa que no debería sorprender, sino a un público más amplio (que también viene a ser un público cautivo, no? porque se me hace que es un staff estable) que se siente identificado con estas demandas (y quién si no la Iglesia sería el más legítimo portador de su discurso) y aprovecha también para intercalar otros reclamos, o sea, doblan la apuesta. "No queremos más putos" podría haber sido un lema, más o menos como "sodoma=Argentina" como se veía en la foto del diario de hoy.
De las posturas ultramontanas, extemporáneas e interesadas de la Iglesia católica oficial y la troupe de los malos de Titanes en el Ring se sabe mucho en este ispa por nuestra tristemente célebre historia reciente. Sin embargo el descrédito en el que cayeron las Fuerzas Armadas tras el Proceso no lo sufrió la Iglesia como debía. Y ahí están, y sus feligreses, con diatribas al Satanás puto y a su hijo puto embanderados tras la curia que vocifera gusanos llamando a una guerra santa.
No es su último recurso, es el primero, eso es lo más loco.
Desde esa perspectiva tienen sentido el epíteto de "cruzada" moderna (que no medieval) para referirse al ansia de imposición de sus posturas conservadoras sobre una dimensión que, a todas luces, debería ser absolutamente independiente del poder confesional, que son los derechos de las personas que deben ser garantizados por el Estado. Debería ser, pero. No es fácil sacudirse la resaca de centurias, queremos, pero no tenemos, un Estado laico. La Iglesia católica ocupa un lugar relevante dentro de las estructuras de poder.
Parte de su legitimidad, es ideológica. Otra, claro, es económica.  esos espacios los peleará con uñas y dientes. Porque esos espacios son espacios simbólicos, de poder y son también materiales.

 Fotos de la iglesia en el centro de Colombia (Zona de La Candelaria). By Javi


(Ni hablar de que hay otras religiones. Pero en la Argentina hay libertad de un culto).
Por otra parte, las leyes que amplían los derechos de los ciudadanos suelen tener estos efectos. Más de uno (y una) se habrá escandalizado con la ley -tardía, por demás- de sufragio femenino (que antes, IGUAL, se llamaba universal ¿eh?, sólo para prestar atención a cuál es el "universo" al que se alude cuando se hace referencia a cuestiones "universales") y ni que hablar con la ley de divorcio. Las leyes -lenta, paulatinamente en este país- van respondiendo a los cambios sociales, mal que le pese al Cardenal Bergoglio.
Mientras tanto, Decenas de Familias Argentinas salen a las calles a manifestar por la Defensa de la Familia Argentina. Qué miedito.

08 julio 2010

Purgatorios

Y por qué si nos expulsan de su paraíso quieren obligarnos a compartir su infierno, qué partes de sus fibras se les mueven, en qué extemporáneas eras se quedaron para pensar que los derechos cívicos tienen que ver con su moral y cuánto todos debiéramos ir tras sus pretensiones.
En qué extraña confusión hemos caído donde la ideología retrógrada y fundamentalista legisla para padres preocupados y defienden, convencidos, la integridad humana, en nombre de la persona. Derechos, dijeron. En serio, lo dijeron. E integridad.
Palabras como padre, madre, derechos de los niños que en sus diccionarios se escriben con mayúsculas, para destacar, y por eso ponen Derechos de los Niños a tener Padre y Madre. Lo que se dice, una Familia.
En mis minúsculas, las palabras, quieren decir otra cosa:

[Juli va a tener un bebé y va a ser tan nieta de Marina como de mi hermana, aunque a los padres preocupados les preocupe, como deben preocupar las cosas importantes a la gente preocupada. No lo será judicialmente, no en esta ocasión (se sabe que las leyes corren torpemente detrás de los cambios sociales). Lo será naturalmente (¿cabe la expresión?) y eso será un hecho prepotente, que no pregunta a nadie si puede acontecer].

En cambio, humildemente, yo tengo otra propuesta.
Que se casen los curas, si ellos quieren. Que cojan entre ellos, que legalice (o que absuelva) la Iglesia el sexo anal, coger por placer, la infidelidad. Juntemos firmas. Que los curas promuevan el sexo libre a la salida de misa, en el nombre del señor. Que aprueben el exhibicionismo, que es una ganga al lado de la pederastia.


O que saquen sus rosarios de nuestras vidas privadas. Sean laicas o religiosas.
Y despabilen, muchachos. Mejor temprano que tarde.

25 mayo 2010

De la gente y sus banderas

A menos que nuestros viejos fueran muy futboleros o exageradamente nacionalistas, o nos tocara acercarnos a la edad de la comprensión de las cosas en momentos "históricos" (de tan distinta naturaleza como una guerra o un memorable campeonato de fútbol),  las banderas en estas épocas llegan a nuestra vida despacio, naturalmente, como parte de un mundo social prestablecido, heredado, que viene ya con su adorno identificatorio que será el que se lleve a lo largo de la vida con orgullo o pesar, pero mayormente como parte de uno.
Una bandera nos identifica como parte de un grupo, en primer lugar. Y en segundo, no cualquier grupo tiene bandera: banderas que trascienden la coyuntura (la de la promo '82 no le importa mucho a nadie) tiene el país, el equipo de fútbol, algún partido político. No las mujeres, los pobres, los rockeros o los discapacitados -aunque sí algunos íconos-, lo cual habla de alguna particularidad del uso de la bandera, quizás vinculada con determinada "institucionalización" (con perdón) o legitimación del grupo social que la sostiene y/o su reconocimiento social, qué se yo.
La madre de todas las banderas es, lejos, la bandera nacional, si hasta una piensa si no debiera poner Bandera Nacional, inducida por el Ser Nacional de estos días y la proclividad que tenemos los argentinos a poner todo con mayúsculas.
La nacional es la bandera más pesada que heredamos, nos guste o no nos guste. De todos los sinónimos o significados de la palabra nación el que más pareciera encajar con bandera es patria. Quizás porque vengo de una generación en la que ambas eran una y eran de los otros, bandera y patria fueron constituyéndose como palabras ajenas. La bandera se la respeta. Aquella bandera era la que "venía" con los símbolos patrios, el himno, la escarapela. Quizás porque recordábamos que, tristemente, inundaba las calles cuando el mundial del '78 y la guerra de Malvinas y en general estaba acompañada del predicado flamea orgullosa.
No fue otra, creo recordar, la que sacaron los adeptos del movimiento campero y que colocaron gloriosa sobre las 4 x 4. Eso sí era flamear, carajo.

  • "Mi papá la quemó, la bandera", contaba Morena con sus cuatro añitos a mi vecina Tita. Recuerdo que escuché decir que a una bandera no se la lava ni se la plancha, y váyase a saber qué cosas piensa la gente de las banderas, que éste, el papá de More, la quemó. Tuvo durante años la bandera argentina puesta en la terraza, hasta que el clima y el paso del tiempo -ignorantes de la obligación de respeto por los símbolos patrios- la destruyeron. La quemó y yo me pregunté: ¿no iba presa la gente por quemar banderas? 

Mi vecina Tita puso una bandera y Esther le regaló otra. Así estamos, estos días.


Así de irritante me resultaban las que Radio 10 repartía en las fechas patrias a los automovilistas.
Esas banderas -nunca trapos o telones- eran, se decía, las banderas de la patria.

[Quizás porque los colores sean los mismos y entonces se confunda, o porque extrañamente mi televisor perdió el color y me confunda yo, a primera vista pareciera que todos quienes llevan la bandera quisieran lo mismo, pensaran lo mismo, porque claro, llevan los mismos colores (pero en los ochenta, en la izquierda, se discutía que había que disputarle los íconos a la derecha, los símbolos nacionales, la palabra "patria". La trágica experiencia del Movimiento Todos por la Patria, y la propia devastación de la izquierda terminaron por sepultar esa intención), sin embargo los "banderazos", suelen tener motivaciones, significaciones y apropiaciones diversas. Es una especie de paradoja que se diga como un elogio "no se veía ninguna bandera partidaria, sólo la celeste y blanca", si pensamos que después de todo embanderarse quiere decir tomar partido por algo. La bandera es entonces una mezcla confusa de sentimientos].

  • "Cuando yo era pendejo no entendía cómo había gente en la calle que caminaba con una escarapela, ¡si ellos eran adultos, a ellos nadie los obligaba a usarla!", contaba Joni el otro día.

A la bandera nos la encajan como nos encajaban la escarapela en el primario o nos ponían sanciones por no llevarla en el secundario. Nos obligan a compartirla con el garca de mi vecino o el milico genocida, nos hacen creer que un sentimiento común nos hermana a todos y cada uno de los pobladores de estas tierras, por más que seamos tratados distinto, tengamos distintos derechos y obligaciones, o enarbolemos, orgullosos otras banderas. La Nación requiere que todos nos identifiquemos con sus íconos.

  • El libro de primer grado mostraba una foto que había que describir: el seleccionado argentino, con su camiseta celeste y blanca festejando un gol en un mundial. La enana escribió prolijita sobre la línea punteada, convencida y orgullosa: "gol de rasin".

Es inevitable asociar la bandera con cierto sentimiento chauvinista (cuál otra connotación tendría si no el término "argentinazo" como si eso quisiera decir algo), y por eso a veces de una familiaridad algo fascistoide, me disculpen los legítimamente nacionalistas. En los actos del festejo del bicentenario, el recuerdo de Malvinas traía su inevitable "y ya lo vé, y ya lo vé, el que no salta es un inglés" con su carga de nacionalismo actualizada por los acontecimientos recientes. Pero la incomodidad daba paso rápidamente a la era del advenimiento de la democracia: "la vuelta a la democracia está signada por murgas, porque es la alegría contra  el oscurantismo de la dictadura. Una murga que también incluye travestis", vociferaba la locutora, notoriamente conmovida. Lanata estaba preocupado por la propaganda política.
Quizás favorecidos por la connotación de cumpleaños, quizás por la calidad de los festejos, seguramente por la amplia convocatoria (quizás la más amplia de esta época) y su respuesta, (además de por prepotencia de los números), las manifestaciones adquieren un carácter más plural, más "laico" si cupiera el término, y la alegría, después de mucho tiempo, pareciera ser de la gente.
Después de mucho tiempo (el 2001 puede ser el contraejemplo) el país se llenó de banderas .
Insospechada yo de ser oficialista (habría que preguntarle a la enana), pienso que este gobierno aprovechó de la mejor manera la fiesta del bicentenario. Cristina bailó casi desbocada y los funcionarios y delegados y presidentes de otro países trataron de no hacer demasiado el ridículo, aplaudiendo entusiastamente. El relato histórico de la refundación estaba teniendo lugar.
Por esta noche, el país fue una fiesta de todos.

Otras banderas llevamos y esas las elegimos por voluntad propia, más o menos condicionados por nuestras circunstancias, pero eligiendo al fin. No podría sostener por qué me hice de River, sí de izquierda.  Otras fueron tejidas por imperio de la historia. Las Madres de Plaza de Mayo -hoy íconos centrales de la refundación de la nación en la construcción del relato histórico- siguen cargando su pregunta eterna y levantan esa inmensa bandera, levantado a la vez las banderas de sus hijos. Entran y salen -deben salir- del relato histórico oficial, porque la pregunta es prepotente, persistente. Si no fuera, nada quedaría por hacer.



Estos días mi barrio, renegando quizás de tanto festejo nacional, se tiñó como mi televisor de blanco y negro y festejó en paralelo otra fiesta. Floresta, Monte Castro, Villa Real o estos barrios olvidados de Dios (que será porteño pero atiende en Congreso), festejaron también la fiesta del Albo. No sé nada de fútbol pero fui de All Boys por orgullo de barrio. Sentirse parte de la fiesta no estuvo nada mal.


12 marzo 2010

Gambetas

Raras épocas para los que nacimos en los sesentas, estas épocas. Y en estos lares, como si fuera poco. 
Quizás porque tuvimos la posibilidad de vivir otras realidades bastante diferentes, quizás porque nos fueron dados a conocer mundos posibles que hoy son, sencillamente, impensables.
Pero que lo fueron muy rápidamente, como si nos hubieran hecho una gambeta para gritarnos burlonamente "ooooole" más tarde.
Distinto -no digo que más fácil- es haber nacido con el muro ya caído, con el SIDA existiendo, derrotada la utopía, decretado el fin de la historia. O con una -mala- democracia garantizada.
Nuestra generación bien podría ser recordada como la generación de los amagues, te la muestro, te la doy... te la saco y te jodiste (algo habremos hecho): crecimos con la dictadura y maduramos con la certeza de su final inminente, sin haber hecho nada por merecer ni la una ni el otro. Los vimos pasar, aberramos de ellos, los gozamos, y creímos que con la democracia se comía, se curaba y se educaba. Óle.
En los primeros ochenta, cuando la política formaba parte de la vida cotidiana, ganar la calle fue la respuesta inmediata, espontánea, frente a tantas calles vacías durante años (recuerdo que en el 83 si te ponías a cantar "se va a acabar" con cinco amigos al ratito había que cortar la calle por la cantidad de gente que se sumaba). La calle, la universidad, el barrio, todo estaba cargado de política. Democracia era una palabra muy significativa, tenía un sentido compartido por muchos, quizás como "mérito" propio de la dictadura, como si aquél notemetás de la dictadura hubiera tenido su antítesis en un fugaz metámonos que duró hasta que nos comimos el sapito color verde oliva de nuevo. Óle.
(Ay, Alfonso).
Nos alcanzó el tiempo un poquito para ver de qué se trataba: la participación popular, el juzgamiento de los milicos, parecía venirse una era. Y quizás sí se haya venido, qué se yo.
Los futuros historiadores oficiales vernáculos tomarán seguramente los años ochenta como un hito, el antes y el después que marcaría rotundamente el fin de siglo en estas coordenadas (similar a la significación que tuvo a nivel internacional la caída del muro pero localito, vio, pobretón). El invento -buen invento- del siglo corto de Hobsbawm podría traducirse así en su versión tercermundista y sociomercaditológica: Si tomamos en cuenta la vida institucional del país,  podemos decir que en la Argentina el siglo XX corto va desde los años treinta, cuando el primer golpe de Estado a un gobierno constitucional -y donde los milicos se dieron cuenta cuán fácil era hacerse con el poder- hasta 1985, en que los procesos políticos en toda la región comienzan, si no consolidarse, a establecerse, ocluyendo -al menos en principio- la posibilidad de nuevos golpes de Estado.
Un siglo cortititito, bah. Pero bueno, puede ser una mirada. De última, si por algo estará marcada mi generación, es por el hito de la vuelta a la democracia (La revista Humo(r) de los ochenta definía dictadura como un período de gobierno ocasionalmente interrumpido por elecciones, así estábamos).
Ahora sí, esta democracia parecía poner fin al siglo infame (ma qué década).
El Juicio a las Juntas fue otro hito en ese camino. Los máximos responsables iban a ser juzgados.
Me emociona, siempre y mucho -y la ví tantas veces- la escena de la lectura del alegato, del ahora tan borracho Strassera : "Señores jueces: quiero renunciar expresamente a toda pretensión de originalidad..." 
El aplauso que crecía desde tímido hasta emocionado. El desborde incontrolado, los abrazos, las lágrimas.  Ver las caras impertérritas de los victimarios mientras la gente les gritaba, sus miradas pretendidamente amenazadoras pero inevitablamente humilladas. 
Cómo no comerse el amague.
Por las mismas épocas, para colmo, nos comimos la gambeta con el sexo libre, también, hasta que alguien empezó a murmurar cierta cosa acerca de una rara enfermedad, o sea que ya no fue el único problema acordarse de "la pastillita del martes" sino que se ponía pesadito... sobrevinieron desconfianza y miedo, enemigos declaradísimos del goce.
Hay acontecimientos sociales, políticos, económicos. Hay cuestiones culturales, personales, hay más allás cósmicos y magias, hay incidencias y coincidencias. Las cosas son lo que son porque se conjugan de determinada manera en determinado momento. Y a nuestra generación le tocó la de haber saboreado una posibilidad.
Tan poco, parece, y es tanto...

07 febrero 2010

Cortitos del Ecuador

Daría como una especia de vergüenza andar teniendo que preguntar todo, si ellos no respondieran con esa sonrisa amable y esa naturalidad: que Correa lleva tres años justito, que le había ganado a Noboa que es el dueño de las 40 empresas más importantes del Ecuador, que el Cotopaxi es el que tiene nieve, aunque ahora menos y que vale la pena acercarse, que no existen los volcanes inactivos sino que a veces son perezosos, que coexisten 14 nacionalidades indígenas, como 20 pueblos quichuas y poblaciones afroecuatorianas.

(el Cotopaxi)
Otras cosas se ven sin necesidad de preguntar mucho. Que los otavalos se dedican a los textiles y que los sábados todo el pueblo es una fiesta increíble de colores y música y que cuando les "pichincheás", como dicen los brasucas te sonríen y te preguntan: "¿usted cuánto ofrece?"


(la feria de Otavalo)
Que en medio de la ciudad de Cuenca, de cerca de 350 mil habitantes, pase un río claro, transparente, que es así porque es respetado como toda la pachamama.
Que hay gente en la calle, trabajo informal o semi informal, pobreza. Que hay más indios que blancos ocupando esos lugares.
(kiosco en la calle, en Quito)
Algunas otras se intuyen. Como acá pero más, que la derecha se irrite tanto, se enfurezca, mienta con desenfado, pareciera ser una señal de que Correa no es solamente -como ellos sostienen- un charlatán, sino que en algún lugar deben sentirse amenazados. Cada sábado, Correa va a distintos pueblos del Ecuador, y ofrece su informe semanal durante dos horas (al mejor estilo Correa, chicanenando, bromeando, lo cual irrita todavía más) contando cada reunión y acto de gobierno. Cada ministerio y dependencia pública tiene la obligación de informar sobre sus actos también. La derecha ladra, Sancho, que habla demasiado y que favorece la burocracia estatal. Los burócratas, por su parte, lo odian porque los puso a trabajar. Se intuye que tiene apoyo popular aunque los medios intenten reflejar lo contrario, se veía el día del "Comicio" en Ambato, cuando sólo bastaba mirar alrededor, y bastaba leer los diarios al otro día. 
 (Correa en el acto, tenía que poner esa foto)
Que tiene carisma, se ve en la foto. 
Se intuye también que no es fácil, que hay cuestionamientos, que hay errores. Que hay críticas destructivas por izquierda o por derecha, pero también de las otras, que cuestionan sin dejar de apoyar y apuestan al cambio.
Se intuye que son tan longevos porque tienen un clima espectacular, las mejores frutas, una humildad que es parte de su cultura, un paraíso diversísimo en un espacio tan chiquito. Nunca ví tanta gente tan anciana y tan bien como ví en Ecuador (sí, sí, no soy muy viajada, pero de todo lo que ví....).

(mercado público, Cuenca)
Se intuye también, que hay hoy un contexto internacional distinto, otras identidades en juego, que los movimientos sociales que antes no tenían voz ni participación alguna en la política hoy debaten, discuten la política, disputan su representatividad, imprimen un sello distinto a un juego político que siempre había estado en manos de las oligarquías más recalcitrantes (y siendo así entonces bienvenidos los errores si traen posibilidades enmendatorias).
Cuánto.

15 octubre 2009

La polisemia de las palabras actuales

Democracia es una de las palabras más polisémicas que debe existir. Incluso, si el "polisemismo" de las palabras se midiera por épocas (calculo que sí, pero mucho del tema no sé, seguramente los amigos de letras o comunicación pueden darme una mano), esta época es una donde la palabra "democracia" adquiere más significados aún, quizás porque su sentido está en juego.
En sociedades donde la posibilidad de existencia de las democracias es contingente, donde los problemas más pesados se arreglan con palo y a la bolsa, donde te dejo opinar pero no me rompas demasiado las pelotas porque siempre hay alguna patota por ahí buscando empleo, que la democracia "valga" (que su sentido sea disputado) no es moco 'e pavo.
La amenaza del atajo siempre está, de todos modos, a la vuelta de la esquina para quienes detentan el poder en nuestros lares. Y los poderes en las sombras, que los hay, sino qué fácil. Pero parece -al menos por estas épocas donde se habla de leyes, parlamento y debates- que a veces el atajo no es tan fácil y hay que atenerse a determinadas reglas de juego. Al menos. 
Eso, me parece, está lejos de querer suponer que hay un terreno ganado. Los atajos tienen múltiples formas, y muchas de ellas parecieran "colarse" en lo cotidiano. Si el fascismo es fácil de detectar, preocuparía sólo en su "tipo ideal" de representación política, quizás como apología. Bestias como el animal ese, candidato al pro, de ciudad de Gálvez que proponía quemar las villas, o como el inefable rabino Bergman, habrá muchas para nuestros gustos, pero son las menos. 
Discursos más sutiles se cuelan con las mismas ambiciones de homegeneización, control o dominación, que aquellos otros tan fácilmente detectables. O tan fácilmente cuestionables, también.
Se puede también proclamar -declamar- el debate y las reglas de juego democráticas, escondiendo el cuchillo en la espalda (como la primer espeluznante y realista publicidad de Coto -quién lo diría, no?-, cuando era un matadero nomás, que seguramente por alguna denuncia de sociedad protectora de animales terminó eliminando el cuchillo del dibujo... ¿nadie se acuerda de eso? ¿tan vieja soy? ¿eh?) y mientras agazaparse, conformar alianzas, prorrumpir a cuatro vientos el respeto por la democracia, murmurar por lo bajo lo feos, sucios y malos que son los peruanos o decir que el campo somos nosotros y el olor a bosta es rico pero el olor a mierda es feo. Y que la patria somos todos nosotros los porteños.  
Y esto no es pensar en políticas conspirativas sino, de nuevo, en los hilos sociales del poder y en sus múltiples formas ideológicas.


Funcionó durante un tiempo, en ese sentido, el discurso del liberalismo cuando minimizó el espacio de lo público, y terminó estrepitosamente. En aquella época, hasta donde yo me acuerdo, no se hablaba mucho de democracia. 
Desde aquel tiempo a esta parte, sentidos de la palabra: fue transicional o posdictatorial. Fue restringida. Liberal. Se quiere consolidar o profundizar. Se democratiza, o se democratizará, o se debería democratizar: el gremio, el sindicato, el partido. Las relaciones familiares, las relaciones amorosas. La escuela, la educación, la cultura. La justicia. Se la quiere más participativa, claro que algunos la querrán menos participativa. 
Se le adosa al concepto de cultura política para enaltecerlo, tan vapuleado él, pobrecito.
O es, sencillamente injusta. A veces puta.
Formal es la que le cierra al poder hegemónico. Por eso no tolera la gente en la calle, la manifestación, los espacios comunes, los contenidos.  En otra época, no hace tanto, ni esta necesitó.

En aquellos hilos sociales, quizás insectos en sus telarañas, qué vocación de moscas, pensar en qué sentidos contrahegemónicos, en qué nosotros, en qué.
Si existen modos mejores de vivir, no hay otra: van a tener que ver con lo común: regulado, autogestionado, comunitario, cooperativo, asociativo. Disputar el sentido de democracia desde su posibilidad de existencia hoy es poco, por más Honduras y López que haya. Ahí tené, la democracia, nos pueden decir. ¿Qué más queré? (la ley de medios es más, por ejemplo).
Moscas insaciables.
Una vez nos dijo una profe que en los setenta salían a la calle a gritar por el socialismo (y eso terminó en el golpe). Y yo me acuerdo que en los ochenta gritábamos porque se acabara la dictadura militar (y eso terminó en el indulto).
En los noventa nada (y eso terminó en crisis).
En el dosmiluno se escuchó qusevayantodos y la-la-lá, la-lá.
Sentidos, sentidos.
And now what?
¿Qué democracia tenemos? ¿consolidada? ¿en transición? (¿hacia dónde? ¡mamita!) ¿inestable? ¿imperfecta? (qué sagaz) y más...
¿Qué democracia pretendemos?
y quizás, y simultáneamente a todas ellas, el mismo autoritarismo en lo microsocial que rige las relaciones sociales, laborales, familiares, escolares. 
Lo personal es político, reza el lema feminista.
Un concepto de democracia vinculado con la convivencia, con la negociación, el consenso y el disenso, también, que se proclama pero vos callate.


Quizás por versátil se lo use para decir cosas tan distintas, o quizás porque es expresión de conflictos, de luchas que tienen que ver con espacios disputados.

29 septiembre 2009

Pecado, redención y después

Mal que nos pese a algunos, qué persistente el capitalismo. Ante cada nueva crisis global respondió doblando la apuesta. Habrá que reconocer, también mal que nos pese (¿será ésta la era del mal que nos pese?), que ha logrado ser flexible frente a la rigidez o ineficacia de los socialismos realmente existentes o como se dieran en llamar, ante sus crisis: anduvo intentando, probando distintas alternativas, como apostando tramposamente siempre a ganador sin que veamos la trampa, cayendo y levantándose, recomponiéndose, tantenado y cayendo parado, o casi: así, combinó altos grados de intervencionismo estatal con gobiernos más o menos democráticos; modelos de mínima intervención en la economía con democracias más o menos restringidas y gobiernos con mayor o menor legitimidad; totalitarismos y autoritarismos varios; mayores representaciones sociales, tiranías.
Sistemas y situaciones representados, jugados, dirimidas sus relaciones de poder entre distintos actores sociales, partidos políticos, movimientos sociales, personas. Otra vez la gelatina, González.

En fin, toda una maraña que combinándose de tales o cuales maneras, rescató (mejor o peor, pero hasta ahora viene haciéndolo) al capitalismo de sucumbir, cada vez que estuvo -o pareció estar- a punto de.
Yo no lo inventé, y si suena marxista me perdone Alá, pero la cosa en común que tiene cada uno de los resultados de esas combinaciones es que persiste en todas ellas la forma, el modo en que se producen los productos, valga la redundancia, para que las sociedades subsistan, es decir, se reproduzcan a sí mismas. Lo característico del capitalismo -y para no tener que pedir perdón de nuevo guait a mínut, que el que hablaba de esto antes que Karlitos era Adam Smith (Adancito vendría a ser)-, es que como todas las cosas se compran o se venden, pa comprar hay que vender, cosas del intercambio, mire vea. Y habemus algunus que nada más que nosotros mismos tenemos para vender, para alguien a quien le interese comprarlo.
Hay otro sector social, otra clase, que posee lo que se llama -Jehová me ampare si suena de izquierdas- la propiedad privada de los medios de producción.

Lejos de querer sugerir que todo es lo mismo, hay una condición material común en la socialdemocracia europea, el fascismo italiano, el peronismo, la nueva izquierda latinoamericana, la nueva derecha europea, el imperio yanki, el nazismo, las dictaduras del cono sur, las democracias representativas o plebiscitarias, las representaciones de los nuevos movimientos sociales.

-Tú, que posees la propiedad, serás propietario.
Vos callate.
Los anarcos la hacen corta y dicen la propiedad es el robo. Yo digo con ellos y vaya pequeña venganza de quienes nada tienen, ver tanta inversión en rejas y pastillas para dormir.
El capitalismo nace de un pecado original, decía, de nuevo, Lord Voldemort.

Y además está la gente, las cosas que pasan, las coyunturas, los desastres naturales, la idiosincrasia de los pueblos. El contexto internacional, está y también si Cris es más linda que Bachelet pero menos popular. Está si el precio del petróleo aumenta y que sigamos produciendo soja y la renta diferencial de la tierra. (Las pampas, las vacas, batatas, papas, calabazas, nada más, nada para armar, nada para arrancar, a plantar, a plantar, las pampas darán pan, nada más falta... aaah, ¿habrá atrás más trampas? Mañana habrá más papas, más batatas, más pampas, vacas para pastar las pampas, nada más habrá mañana).
Que haya sido el peronismo, en este país, que siga siendo. Que seamos tan argentinos y tan machos y la tengamos tan grande, también está y la izquierda devastada en todo el mundo y acá una y cien veces, y nuestro pasado tremendo.

Aclarar que es la regla y no la excepción del capitalismo esta inequidad de base puede sonar hasta ocioso.

Pero es cierto también que las sociedades pueden ser más o menos injustas y que la diferencia hace al vivir o morir, que la democracia es el mejor sistema que el capitalismo puede ofrecernos y que no se trata solamente de votar y otras cuestiones formales, sino de una convivencia lo mejor posible, dentro de un estado de derecho naturalmente injusto, ante el cual sólo el Estado puede atenuar tanta desigualdad, garantizando el bienestar de su población y de toda ella. No de sus ciudadanos exclusivamente, categoría tramposa que hoy dejaría afuera a cerca del 30% de la población de nuestras regiones. De todos, trabajen o no, tengan o no documentos, sean o no nativos, sepan o no leer. Garantizar su vida, primero, y sus derechos.

Y eso, no jodamos, no lo logró el capitalismo. Produce y no cura la miseria. Nuestros desintegrados crecen y hacen parecer a nuestra asustada burguesía, un paraíso aquel aluvión zoológico del 45. Aquellos negros venían peinaditos, por lo menos. Este aluvión asusta más, además, porque no irrumpe. Se agazapa, amenaza, se queda y gana espacio allá, en los márgenes.

En los suburbios. Allí abajo, o arriba, paradoja de las favelas en los morros y su vista incomparable del mar. Quizás la justa venganza de los pobres o una compensación cósmica que nivela lo material con lo inmaterial, lo artificial con lo natural, lo feo con lo bello, el smog y el aire diáfano.

La furia de los ricos, la consternación de los estúpidos, la incertidumbre idiota de los bienintencionados.


-Pues que es una linda ciudad Rio de Janeiro, lástima que Brasil sea un país tan mal administrado.
Nadie dice que así quede, lo político, los conflictos, siguen sus cursos, los "hilos sociales del poder" se tejen a partir de estas realidades concretas y sujetos más o menos existentes se dirimen en ellas, con mayor o menor protagonismo y éxito, sin certezas de rumbos, sin el Partido o la Revolución, o el Duce o el Mercado pero también sin Fin. Sí quizás con Historia y sin un gran Nosotros.
El pasado no ha muerto. Ni siquiera ha pasado, decía Faulkner. ¿Pero el futuro?

19 abril 2009

Changes


Hasta desde el sentido común puede decirse que lo que caracteriza a todas las sociedades es su permanente cambio. Digo, si tuviéramos que decir "algo" mínimo acerca del "comportamiento" de las sociedades a lo largo de la historia de la humanidad, díríamos, como quien dice "tiempo loco", "cómo cambió todo, che". Es cierto que eso no aporta mucho. Más bien es como decir que los chicos crecen... y entonces, "mirá vos"...
Otra cosa es saber -claro, casi nada- qué cambia, por qué factores, qué queda en el camino, qué sigue... esas cosas... ver en qué se van convirtiendo esos chicos y por qué (por qué carajo no queda nada mal, tampoco) se han puesto como se han puesto.

Aquella distinción -cara a los discursos de las ciencias sociales pero también a los ámbitos militantes- entre coyuntura y estructura (siendo la coyuntura lo superficial y por tanto más fácilmente modificable, más expuesta a factores externos e internos y lo estructural aquello que lo sostiene o trata de ser su sustento o su sustrato -je, vaya cacofonía) puede ayudar un poco.
Uno puede decir, por ejemplo, "la sociedad se derechizó", y está aludiendo a un cambio inmediato, político, coyuntural. O podría decir "vamos hacia cambios profundos en los modos de producción y consumo" y entonces se alude a cambios más bien estructurales (incluso si le sacamos el "profundos", je).
Entre una y otra todo acontece.

Debo reconocer que la coyuntura me supera. Soy torpe para leer la realidad. Sobre todo lenta.
La política, su día a día me resulta inaprensible, me marea. Debe ser la edá, che. O los excesos, qué se yo, lo cierto es que hay unos blogs buenísimos que hablan de política y hay que reconocer que nada que yo pueda pensar está a medio palmo de aquellas reflexiones (y a mí me pasa que veo la foto de Macri, Solá y De Narváez y lo único que siento es náusea y no sólo no me siento capaz de entender sino que a veces ni siquiera de formarme una opinión. O veo por la tele a Lilita y la reflexión más profunda que tengo es que cada vez se parece más a un pollo al spiedo, o lo veo a Menem candidato pal 2011 y pienso: "brrrr").

Los ochenta, los noventa eran épocas más fáciles de pensar. Pero de los 00 a esta parte [¿cómo se pone? Hasta en eso... ¿Cómo catzo hay que decir ahora?] la cosa está más mezclada (puras sensaciones, ¿eh?), y eso es propio de las épocas de transiciones. Digo. Todo cambia mucho, todo muy rápido, además. Aunque parte de la confusión (mi confusión, claro) es que muchas cosas persisten. Como si no se hubieran enterado.

Hace nada una huelga podía parar el país, por ejemplo. O era posible pensar en un cambio revolucionario. O la política ocupaba un lugar prioritario en lo público o al menos podía plantear más alternativas. O la gente salía a la calle masivamente.
Hasta hace nada existían los grandes movimientos, y era fácil pensar en un sujeto histórico. Hasta hace muy poquito se pensaba en términos de solidaridad y alguien podía ser comunista sin que nadie se riera e incluso un tiempo antes, no mucho, se podía decir que se era estalinista y que pocos se espantaran (para que no se me acuse de decir que los tiempos pasados eran mejores). Ni que hablar radical o peronista. Todo era algo. Hasta el PI, mientras lo fue (je).
Las cosas son otra cosa hoy, se me hace.

[La otra vez la enana casi me mata de un susto cuando me lanza: "mamá, me parece que me estoy haciendo trotskista". Por suerte no, fue todo una confusión].

Algunas muchas cuestiones han entrado en crisis, parece. Pero no han muerto, o en todo caso no han sido reemplazadas por otras cosas. Esa figura que Gramsci utilizara para aludir a la crisis orgánica donde "lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer" está implicado en las formas de hacer política, en la irrupción de nuevos colectivos y movimientos sociales, en nuevas formas de resistencia.



[Como son breves presentes en los que si uno habla de Karlitos o "sus secuaces" debe disculparse, en un gesto de respeto a mi época lo haré. Y digo que a mi humilde entender nadie ha sabido como Marx explicar el desarrollo de las sociedades y la lógica del funcionamiento del capitalismo. Como en todas las ciencias sociales, es una interpretación. Como en todas, es un pensamiento ligado a su época, condicionado por circunstancias de tiempo, de lugar, de contexto. Como absolutamente en todas las ciencias, el arte, la filosofía y la política, las interpretaciones de la realidad, las formas de conocimiento, son limitadas. Todo bien. Pero a mí que me muestren quién lo hizo mejor. Porque además, sobre esas ideas se sustentaron otras grandiosas, como la de este señor, que aportaron conceptos imprescindibles para explicar la realidad y los procesos sociales].

Pero no, o not yet. Parecía querer, al principio de los dosmil. Los movimientos de resistencia global a nivel internacional y la crisis del 2001 acá con su posibilidad latente de nuevos modos de intervención en lo público (¿quizás demasiado innovadores para la vieja estructura política vigente?) no lograron reemplazar ni mucho menos a las formas tradicionales de hacer política, los partidos, los movimientos sociales y aún, ay, a las ideologías existentes. No digo, ni por las tapas, que ella (ellos) estén totalmente caducos pero es cierto que no son fiel reflejo, como quizás lo fueran en otra época, de la realidad que debieran representar.
Tendrá que ver también con nuestro ser nacional, qué se yo... en países cercanos otra cosa fue apareciendo, otras manifestaciones emergieron y comenzaron paulatinamente a intervenir en política.

Porque estaremos hartos de repetir que las experiencias de los países ex comunistas fracasó estrepitosamente. ¿Pero no ha sido demostrado también -de una manera menos estrepitosa, pero efectivísamamente- el fracaso rotundo del capitalismo y por ende también de sus formas políticas? Digo, ¿no ha evidenciado el capitalismo ser un sistema que no puede de ningún modo dar respuesta a las cada vez más crecientes desigualdades? Ni los totalitarismos, ni las democracias, ni las tiranías ni las monarquías lo han logrado. Cada nuevo intento fue un nuevo fracaso, y la explosión lenta, silenciada -salvo para las noticias policiales- pero constante y rotunda de villas, asentamientos, favelas, barrios marginales, no es considerada -porque ya no hay vuelta atrás- en las perspectivas actuales de la política, salvo para que se les aplique algún paliativo.

Aquella idea de los líderes políticos de terminar con el hambre en el mundo para el año 2000 suena a broma de mal gusto, cuando los vemos echar mano de cada centavo para restablecer el sistema financiero internacional. Resultado final: adivina adivinador.

Quizás los cambios realmente comiencen a horadar la otrora tan fuerte estructura que sostuvo, desde la Revolución francesa a esta parte, todo el sistema occidental moderno. Lo cierto es que hoy por hoy la política no parece estar a la altura de los cambios si bien hay intentos, indicios, señales...


05 agosto 2008

Dos fantasmas

En esa época el fantasma quizás siguiera recorriendo el mundo, y aunque ya anduviera "ladeao..." la dictadura terminaba, era la época del "sevacabar" y "el pueblo unido", que jamás, jamás sería vencido.

Lo que se venía no podía más que ser bueno. Y nos sentíamos libres, militábamos, cogíamos mucho y sin forro (¡¡sin forro!!) que era el otro "se va a acabar". Nuestros ochenta en mis veinte, por estos lados.
Y en mis cuarenta nuestros dosmil y sólo un inofensivo fantasma caricatura de aquél, al que miramos melancólicos pensando lo boludos que éramos.