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19 mayo 2010

Un tablerito

En tren de recuperar, el 4 de mayo escribía esto, que dejé porque me pareció una huevada, además de que no sabía bien adónde iba. Pensaba en gentes que conozco, que se nos cruzan. Gentes que tienen algunas características comunes, y que se trata más de una cuestión de medios que de fines, digamos  de una forma de hacer las cosas, más allá del objetivo que se persiga . 
Pensaba en el poema de Borges de más abajo y lo poco que somos, puestos en contexto.


De las categorizaciones de las gentes que hacemos en la inrigurosa sociología de mercadito, toda una ciencia del canyengue, hay una categoría, la que denominamos jugadores de ajedrez, que conforman un grupo bien delimitado (nota: la rama de la sociología de mercadito que estudia las conductas sociales es la psicología social de mercadito, y este intento debiera encuadrarse en esa disciplina. Dado que la misma aún no ha sido debidamente desarrollada, será la propia sociología de mercadito la que se ocupe de comprender por ejemplo por qué catzo Tita mi vecina es tan jodidamente reaccionaria, si porque escucha a Longobardi o por la cultura machista, por clase social o por crianza, o por cuántas otras variables y sus combinaciones).
Jugador de ajedrez es una categoría que combina un carácter astuto, audaz y premeditado, con un escenario que él mismo intenta transformar a medida que los acontecimientos se desenvuelven.
Es un jugador de ajedrez quien sabe inclinar la cancha para que las cosas salgan a su favor, es aquél que intenta (no que siempre lo logre) caer de pie, o se sobrepone, o es capaz de esperar para lanzar la estocada. Es el que suele acomodarse mejor, el que sabe en qué momento de la fiesta hay que llegar, el que sabe controlar los silencios. Puede ser jodido o no, bien o malintencionado, auténtico o hipócrita, valiente o cobarde. Los hay de izquierdas y de derechas, en lo privado y en lo público, en lo cotidiano y en lo que lo trasciende. Según las combinaciones serán oscuros, astutos, esquivos, pícaros, inquietantes, odiosos, conspirativos, interesantes.


Todos ellos son enemigos no declarados (porque declararlo sería mostrar el juego y eso no es de buen jugador) de los espontáneos, los intempestivos, los irreverentes, los indiscretos, los desmedidos.
Los jugadores de ajedrez son premeditados, por eso corren con ventaja, por eso nos sorprenden, nos ganan, nos engañan o nos enamoran. Ellos saben lo que a veces olvidamos quienes no jugamos, que estamos en un tablero y que se vale adelantar las jugadas, dominar el escenario, prevenir, premeditar, saber cuándo es el mejor momento para estar, para parecer, para semejar o para desaparecer. Los que nos olvidamos sólo nos sorprendemos de vernos a veces piezas y otras veces no.


Ajedrez [Jorge Luis Borges]

I
En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.
Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.
Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.
En el Oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.
Como el otro, este juego es infinito.
II
Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.
No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.
También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y blancos días.
Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?

18 octubre 2009

Movimientos

Domínguez decía MUA estirando las vocales y mirándonos, mirándome a mí y a mis piernas, a Silvina y a sus piernas.

Hace un segundo miré frente a mí sobre la pantalla, la imagen se superpuso al calendario, irrumpió como si alguien la invocara esa imagen MUA, movimiento uniformemente acelerado, y Octubre en negrita, October más pequeño, sin negrita. Y arriba chiquito, oscuro y pesado como un pisapapeles de nuestros papeles viejos, 2009. Cosas que escribió la enana, ví también, un círculo en la fecha de su próximo cumpleaños, carajo, los próximos cumpleaños. Un típico movimiento uniformemente acelarado, decía Domínguez caminando lentamente por el aula con las manos en la espalda, es la caída libre, y lo odiábamos. Caída libre: vaya oxímoron.

Lo detestaba porque estiraba las vocales y nos miraba las piernas a Silvina y a mí. Y porque quería imponerse y disciplinar y porque era un hijo de puta. Quería que se muriera, que se cayera por las escaleras como aquella vez que lo ví caerse frente a mí y largué la carcajada, y corrí espantada rogando sin éxito que no me haya reconocido, pero esta vez observarlo desnucado, yo impertérrita.

Y entonces ahora mismo, en este instante,  la velocidad constante es esa ballena de mierda del calendario que tengo frente a mí sobre la pantalla que me muestra además Septiembre September que permanece persistente pese a que dejó de existir y sin embargo ahí está, con las marcas pasadas "prueba de lengua, cumple de la titi" de la misma pero distinta enana, como si eso existiera todavía más allá de ella, de mí -de nuestras memorias- y de ese puto calendario.
Por qué exclusivamente las ballenas, si nadie está a salvo.

Y es como si lo viera frente a mí ahora pronunciando MUUUUAAA y mirándome las piernas y diciendo con la misma cadencia SEPPPTIEMBRE, apretando los labios en pt, repugnantemente libidinoso, imperativo, impune. La vida misma, en caída libre el movimiento uniformemente acelerado que seguramente lo habrá hecho reventar, también a él, contra el duro piso del final.

Caída libre.
Uhuuuu.

01 julio 2009

Irregularidades

Suerte que ya odiaba las simetrías cuando me di cuenta de que las cosas en la vida no son parejas. Que no es que te saca por un lado y te da por otro, o que todo vuelve (nada vuelve, todo siempre va para cualquier lado) o que desafortunado en el juego o al mal tiempo.
Así no busco causalidades donde sólo hay azares, no desperdicio instantes en pensar cuánto dí o cuán egoísta fui para merecer algo que ahora ostento o sufro, aunque parte de lo que tenga o carezca, lo merezco.

Menos mal que aborrecía las definiciones y pude estar tranquilamente desprevenida contra fundamentalismos, determinismos, basismos, sexismos, ortodoxias, convencionalismos y no desperdiciar tiempos vanos. Peleas inútiles, broncas evitables, desamores profundos. La oscilación entre el compromiso y el desentendimiento, la elección cruda y con sacrificios. Lo mío habrá de ser el gris, lo ambiguo. Y quizás deba sentirlo (disculparme, digo). El disfrute, extrañamente, se me hace en gama de grises.

Qué bueno que el mandato es mínimo y un poco edonista, hasta donde se pueda porque está la enana y las putas cosas de la vida y cierto deber ser, escaso él pero prepotente y tirano, aunque no tanto como para no suprimirlo un poquito, ni dejar de ser conciente de los límites que por imperio social y cultural preexisten. Pero qué más da.

Imposible pensar que lo inmediato es lo único existente porque en el diccionario está la palabra trascendente, y otras tantas palabras parecidas que no estarían si no quisieran aludir a algo existente. Antes y después que nosotros y nuestras circunstancias está la palabra trascendente en el diccionario y en otros lugares del mundo y de las vidas. Y está la palabra inmediato, también, que a veces puede ser leve y a veces no, que tiene peor prensa pero está acá y es la certeza.

Nuestros años nos transcurren entre asimetrías, indefiniciones, grises e inmediateces. Habrá que acostumbrarse, que lo parió.

11 junio 2009

Objetos conflictivos

Hay objetos, artefactos, cosas, con los que se tienen relaciones complicadas. Las llaves, por ejemplo, deben ser de los objetos conflictivos más comunes. Yo las olvido, las pierdo, salgo y cierro la puerta y me las dejo puestas del lado de adentro, me las confundo y agarro las que no son, se me clavan en distintas partes, llevo las del candado de la cadena de la bici para todos lados sin bici (y cuando salgo con bici llevo la bici y la llave del candado, pero no la cadena, en fin), he llevado a dar una vuelta al mundo a las llaves de la office y por el interior más de una vez. Y a la del candado de la bici. Una llave, incluso, casi me arranca un ojo una vez (una de esas largas, largas). De los objetos conflictivos, las llaves son las peores. Las más jodidas.
Corrí riesgos, incluso, por culpa ellas. Algunos vitales: pasar por cornisitas, saltar de la terraza de mi vecina a la mía. Otros, reprobables: Hice pasar a una enana de 4 años que se creía Indiana Jones por una minúscula ventanita para poder ir a abrir la puerta del lado de adentro. He pasado por romperme el pantalón y tener que seguir como si nada por culpa de una llave, o tener que romper el cierre de una valija. Hasta me quemé con una llave, hay que ser salame.

Porque perderse, por ejemplo, otros objetos se pierden. La media, por ejemplo, se pierde. Una media (y pasa más con los soquetes). Y a veces extrañamente reaparece pero de otro color. Eso podrá ser muy raro, pero no es jodido. A uno no le caga la vida mucho que se le pierda una media, que se le clave, ni mucho menos dársela a su pareja. "Tomá mi amor, usala cuando quieras", total.

Pero con las llaves es otra historia.
Quizá por sus significaciones diversas, además de su obvia utilidad. O quizás porque ellas, bonitas algunas, de variados colores metálicos, duras, pesados objetos entre tanta liviandad, aquellas que en la pubertad (supongo que ahora también, no?) eran un factor de orgullo... hoy tiene esa connotación que las hace estúpidos símbolos de nuestra seguridad, de nuestra protección, de nuestro buen dormir. La llave es ella y su cerradura dirían hoy aquellos grandes filósofos, y su puerta blindada, y su cerrajero, otrora creativo y dedicado artesano, hoy devenido sombrío responsable de nuestra tranquilidad.



Lejos de la poesía de aquellas llaves, las de la felicidad o las de las puertas de los cielos, o la llave que custodia nuestros sueños, a mí no dejan de parecerme infames objetos, más jodidos que las medias y los controles remotos, menos, quizás, que determinados sacacorchos.


24 abril 2009

Años

Mirarás hacia atrás y verás más de lo que has imaginado, tantas eras. Años, tantos en vos y muchos más (los mismos y otros) ahí tirados, de todos, de la gente que está ahora. Pero también de los que ya estaban y nos cuentan. Y de los que vinieron después, cuando ya estabas (que cada vez son más, mierda, cada vez son más). Años también de los que se fueron ya hace tiempo. Y de nuestros muertos recientes. Y de aquellos quienes sabrán de vos por otros.

Años propios, digamos, con sus gentes.

Privados y públicos, conocidos o ignotos. Amigos, enemigos, viejos amores, nuevos deseos. Afectos, obligaciones. Convivencia obligada, libreelecciones. Gente en la calle y esos viejitos mirando por la ventana de un geriátrico de lujo en Villa del Parque. Los mundos que no fueron, los que no podrán no ser. Los nuevos mundos.

Te contaron de bisabuelos, de Evita, de cuando Uruguay ganó un mundial de fútbol, del Che, de Mussolini. De las grandes guerras y de cuando el tío Carlos te hacía enojar a propósito jugando al culo sucio. De la revolución rusa. De las montañas, de la nieve, de Argentina en los treinta. Contás a los nuevos de tu historia. Que se jugaba carnaval, que la nostalgia. Que te hiciste de River. Cuando ganó Alfonsín, que había un muro. Que el SIDA no existía y otras cosas.


Que desaparecieron y las Viejas, contás de Maradona, de los Bushes. Que te aburriste.

Y contarán de vos lo que les plazca. De tu carácter, tu humor o tu indecencia. De épocas de muros, nuevos muros construidos con aquellos mismos ladrillos. De nuevas catedrales, nuevas guerras. Temas viejos, mentiras, nuevos héroes.

El tiempo debería medirse en gente que cuenta...


19 abril 2009

Changes


Hasta desde el sentido común puede decirse que lo que caracteriza a todas las sociedades es su permanente cambio. Digo, si tuviéramos que decir "algo" mínimo acerca del "comportamiento" de las sociedades a lo largo de la historia de la humanidad, díríamos, como quien dice "tiempo loco", "cómo cambió todo, che". Es cierto que eso no aporta mucho. Más bien es como decir que los chicos crecen... y entonces, "mirá vos"...
Otra cosa es saber -claro, casi nada- qué cambia, por qué factores, qué queda en el camino, qué sigue... esas cosas... ver en qué se van convirtiendo esos chicos y por qué (por qué carajo no queda nada mal, tampoco) se han puesto como se han puesto.

Aquella distinción -cara a los discursos de las ciencias sociales pero también a los ámbitos militantes- entre coyuntura y estructura (siendo la coyuntura lo superficial y por tanto más fácilmente modificable, más expuesta a factores externos e internos y lo estructural aquello que lo sostiene o trata de ser su sustento o su sustrato -je, vaya cacofonía) puede ayudar un poco.
Uno puede decir, por ejemplo, "la sociedad se derechizó", y está aludiendo a un cambio inmediato, político, coyuntural. O podría decir "vamos hacia cambios profundos en los modos de producción y consumo" y entonces se alude a cambios más bien estructurales (incluso si le sacamos el "profundos", je).
Entre una y otra todo acontece.

Debo reconocer que la coyuntura me supera. Soy torpe para leer la realidad. Sobre todo lenta.
La política, su día a día me resulta inaprensible, me marea. Debe ser la edá, che. O los excesos, qué se yo, lo cierto es que hay unos blogs buenísimos que hablan de política y hay que reconocer que nada que yo pueda pensar está a medio palmo de aquellas reflexiones (y a mí me pasa que veo la foto de Macri, Solá y De Narváez y lo único que siento es náusea y no sólo no me siento capaz de entender sino que a veces ni siquiera de formarme una opinión. O veo por la tele a Lilita y la reflexión más profunda que tengo es que cada vez se parece más a un pollo al spiedo, o lo veo a Menem candidato pal 2011 y pienso: "brrrr").

Los ochenta, los noventa eran épocas más fáciles de pensar. Pero de los 00 a esta parte [¿cómo se pone? Hasta en eso... ¿Cómo catzo hay que decir ahora?] la cosa está más mezclada (puras sensaciones, ¿eh?), y eso es propio de las épocas de transiciones. Digo. Todo cambia mucho, todo muy rápido, además. Aunque parte de la confusión (mi confusión, claro) es que muchas cosas persisten. Como si no se hubieran enterado.

Hace nada una huelga podía parar el país, por ejemplo. O era posible pensar en un cambio revolucionario. O la política ocupaba un lugar prioritario en lo público o al menos podía plantear más alternativas. O la gente salía a la calle masivamente.
Hasta hace nada existían los grandes movimientos, y era fácil pensar en un sujeto histórico. Hasta hace muy poquito se pensaba en términos de solidaridad y alguien podía ser comunista sin que nadie se riera e incluso un tiempo antes, no mucho, se podía decir que se era estalinista y que pocos se espantaran (para que no se me acuse de decir que los tiempos pasados eran mejores). Ni que hablar radical o peronista. Todo era algo. Hasta el PI, mientras lo fue (je).
Las cosas son otra cosa hoy, se me hace.

[La otra vez la enana casi me mata de un susto cuando me lanza: "mamá, me parece que me estoy haciendo trotskista". Por suerte no, fue todo una confusión].

Algunas muchas cuestiones han entrado en crisis, parece. Pero no han muerto, o en todo caso no han sido reemplazadas por otras cosas. Esa figura que Gramsci utilizara para aludir a la crisis orgánica donde "lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer" está implicado en las formas de hacer política, en la irrupción de nuevos colectivos y movimientos sociales, en nuevas formas de resistencia.



[Como son breves presentes en los que si uno habla de Karlitos o "sus secuaces" debe disculparse, en un gesto de respeto a mi época lo haré. Y digo que a mi humilde entender nadie ha sabido como Marx explicar el desarrollo de las sociedades y la lógica del funcionamiento del capitalismo. Como en todas las ciencias sociales, es una interpretación. Como en todas, es un pensamiento ligado a su época, condicionado por circunstancias de tiempo, de lugar, de contexto. Como absolutamente en todas las ciencias, el arte, la filosofía y la política, las interpretaciones de la realidad, las formas de conocimiento, son limitadas. Todo bien. Pero a mí que me muestren quién lo hizo mejor. Porque además, sobre esas ideas se sustentaron otras grandiosas, como la de este señor, que aportaron conceptos imprescindibles para explicar la realidad y los procesos sociales].

Pero no, o not yet. Parecía querer, al principio de los dosmil. Los movimientos de resistencia global a nivel internacional y la crisis del 2001 acá con su posibilidad latente de nuevos modos de intervención en lo público (¿quizás demasiado innovadores para la vieja estructura política vigente?) no lograron reemplazar ni mucho menos a las formas tradicionales de hacer política, los partidos, los movimientos sociales y aún, ay, a las ideologías existentes. No digo, ni por las tapas, que ella (ellos) estén totalmente caducos pero es cierto que no son fiel reflejo, como quizás lo fueran en otra época, de la realidad que debieran representar.
Tendrá que ver también con nuestro ser nacional, qué se yo... en países cercanos otra cosa fue apareciendo, otras manifestaciones emergieron y comenzaron paulatinamente a intervenir en política.

Porque estaremos hartos de repetir que las experiencias de los países ex comunistas fracasó estrepitosamente. ¿Pero no ha sido demostrado también -de una manera menos estrepitosa, pero efectivísamamente- el fracaso rotundo del capitalismo y por ende también de sus formas políticas? Digo, ¿no ha evidenciado el capitalismo ser un sistema que no puede de ningún modo dar respuesta a las cada vez más crecientes desigualdades? Ni los totalitarismos, ni las democracias, ni las tiranías ni las monarquías lo han logrado. Cada nuevo intento fue un nuevo fracaso, y la explosión lenta, silenciada -salvo para las noticias policiales- pero constante y rotunda de villas, asentamientos, favelas, barrios marginales, no es considerada -porque ya no hay vuelta atrás- en las perspectivas actuales de la política, salvo para que se les aplique algún paliativo.

Aquella idea de los líderes políticos de terminar con el hambre en el mundo para el año 2000 suena a broma de mal gusto, cuando los vemos echar mano de cada centavo para restablecer el sistema financiero internacional. Resultado final: adivina adivinador.

Quizás los cambios realmente comiencen a horadar la otrora tan fuerte estructura que sostuvo, desde la Revolución francesa a esta parte, todo el sistema occidental moderno. Lo cierto es que hoy por hoy la política no parece estar a la altura de los cambios si bien hay intentos, indicios, señales...


07 abril 2009

Míos

Miedos vulgares, a la muerte, al ridículo, a no llegar a fin de mes.

O cotidianos de no saber resolver, de no animarme a decir, de perder la oportunidad.

Miedos que se sienten en el cuerpo, que me atraviesan como un fantasma, que me quiebran un segundo. Se vuelve de ellos cuando la pregunta se responde satisfactoriamente -los miedos se expresan en forma de pregunta: "¿qué fue ese ruido"?; "¿qué tengo?"; "¿borré la cola de mails?" "¿cuándo me tenía que venir"?- y se dice (bellamente, se dice) "el alma me volvió al cuerpo". Clarita, un carajo, sí, faltan como diez días, qué boluda.
Almitas que vuelven y alivian ese miedo intempestivo, infundado, espontáneo. Casi un susto.


(Clarita)


Un susto sin embargo es más intenso. Y más corto, como cuando el doberman tras la reja. Ningún susto más corto y más intenso y más negro. Y más mandíbulas, y dientes blancos y nubes de su aliento tibio sobre mi cara aterrada. Qué perro hijo de puta.
O que casi me pisen con la bici.
O que al volver esté la policía en la puerta de casa.

Cagazo, de otra forma, frente a un examen [llegando tarde siempre que iba a rendir con Carlitos, cada vez haciéndome bajar del 107 (Flores - Ciudad Universitaria), en cualquier lugar para buscar un baño].
Cagazo cuando una entrevista de laburo o de hablar ante gente. O cuando me llaman por teléfono desde el colegio de la enana.

Miedito, en cambio, de elegir mal. De entender mal las cosas, de que se malinterprete. De joder sin desearlo. Miedito de sufrir, de envejecer. De algunas cosas que siento.

Espanto el que nos une. Simple espanto.

Y a los aviones, carajo, si voy dentro, son todos esos miedos (y todos juntos).

05 abril 2009

Simplezas y complejidades


A mí me parece que hay algunas cuestiones de cómo somos los seres humanos en general y de cómo somos los argentinos en particular, que atraviesan corrientes políticas o ideológicas o de clase social, ¿será? Algo que tiene más que ver con la condición humana, si es que eso existe, y no vamos a preguntarle a Hannah Arendt aunque su obra homónima sea realmente impresionante, porque, ya entrando en tema, he leído por ahí descalificaciones a un autor porque fue usado por tal o cual personaje político. Qué bajito. Estaba pensando justamente en esta cuestión de las simplificaciones.

-Ojo con Arendt eh? Es referente de Carrió.

La simplificación parece una huevada, pero es tremenda. Se cuela, se camufla, se esconde a veces tras discursos políticamente correctos o mandatos inapelables, pero actúa con golpes bajos y se caga en la ética. A veces es malintencionada y otras no, pero siempre termina siendo jodida para la vida, social, personal, política. Simplificar es reducir, es quitarle riqueza a lo que pasa, a la realidad (que frecuentemente puede evidenciar múltiples verdades), es perderse la oportunidad de aprender alguito más, al menos.

-En política todo es lo mismo, o su inverso para campaña electoral: "porque no todo es lo mismo".

De los tipos de pensamiento simple más fáciles de detectar -pero de los más fáciles de caer en la tentación también- uno es el que funciona dualizando. Así, sos -y las categorías son excluyentes- peronista o gorila, k o del campo. O sos macho o puto, careta o del palo, si no votás a favor votás en contra, y así. También funciona al revés, disolviendo las diferencias. K es lo mismo que el campo, peronistas y radicales son la misma basura. Los hombres son todos iguales (y las mujeres una peor que la otra, decía un amigo, pero no viene al caso). La derecha es especialista en el primer tipo de simplificaciones, la izquierda más dogmática en el segundo, pero se mezclan y no es tampoco privativo de ellas. En un gran arco delimitado por el fascismo autoritario, clasista, xenófobo, misógino, prepotente en su extremo derecho y el izquierdismo infantil, sectario y autorreferencial por el izquierdo, una nube (un nubarrón, diría) de expresiones políticas e ideológicas (y personales, también, habría que conocer a mi vecina la Tita) ocupan los espacios del pensamiento simple. En sus extremos suenan extemporáneos, obsoletos, es cierto. Pero en sus versiones más chabacanas, cotidianas y realistas, parecieran sonar a sentido común.

-Alfonsín fue el padre de la democracia. Casi te diría el último demócrata.

En general cuando se simplifica la complejidad es necesario ser claro: una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, hay que poner los puntos sobre las íes y decir las cosas como son. Entonces se habla bien de sí mismo y mal de los demás, es común apropiarse de logros ajenos y sólo se mira atrás para exaltar virtudes. Los radicales por fin tienen un recuerdo bueno y hacia allá van, pero si no los tiene, no se mira atrás y listo. Pensemos en el futuro, lo pasado pisado, borrón y cuenta nueva.

-A ver si dejan de joder de una vez con estas estupideces de los derechos humanos.

El discurso de la iglesia (lo del uso del forro por ejemplo -para no olvidarse de que lo personal es político, además- no tiene desperdicio, desde cualquier punto de vista), la clase media porteña reaccionaria y su eterno problema de la inseguridad y la protección de su propiedad privada, los medios de comunicación, mi prima Silvia la pánfila.

-El que mata tiene que morir.

Como pretende no tener fisuras se niega al debate, al diálogo, al intercambio, a que alguna idea "foránea" pueda hacerlo ver otra realidad. Insulta, condena, excluye y acusa a sus adversarios de arrogantes, autoritarios o soberbios, para escapar ofendidos del debate. O se hacen los boludos, síndrome típicamente argentino.


A veces, la simplificación opera con la lógica de que un motivo es suficiente para explicar hasta las realidades más complejas, llámese el motivo el imperialismo yanki, el FMI, la corrupción, la Campaña al Desierto o Perón, sin descartar opciones algo más sofisticadas, como los negros cabeza o la mafia china. O las mujeres, también, el Rodaballo dixit. O la puta oligarquía, o el capitalismo internacional. O la sinarquía judeo marxista, qué mas da. La ortodoxia (es así porque es así, siempre fue así y no hay nada que explicar, sólo ser fiel a ella), el determinismo (hagamos lo que hagamos va a pasar lo que tiene que pasar, llámese el fin de la historia, el triunfo del capitalismo, el advenimiento inminente de la dictadura del proletariado o la vie en rose), y el pensamiento maníqueo (que piensa en función de héroes o villanos) son otras de las formas de la simplificación.

El fundamentalismo vendría a ser su forma absoluta, porque no admite nada distinto a sí mismo. El fascismo claro, y todas las formas de totalitarismo con sus niveles de consensos y silencios, nos guste o no recordarlo.
La prepotencia de los dueños de todo, ayer en dictadura, hoy en democracia. La simplificación del lenguaje, la mentira.
-Nuestro país tuvo una guerra sucia.

Del otro lado, mirar qué quedó entre las manos, pensar cómo tanto pedazo suelto forma parte del mismo rompecabezas que desde hace años, añísimos se intenta armar y cuyas piezas mutan, desaparecen, cambian de colores. Discernir. hacerse cargo, jeraquizar, analizar, evaluar, criticar, intercambiar. Producir. Percibir, intuir, inventar y otros verbos complejos.
Qué se yo. Algo de aquellos otros mundos posibles...


18 septiembre 2008

Las tenemos más grandessss

En general no estoy de acuerdo con que una imagen valga más que mil palabras. Pero a esta imagen del Google Earth (es Buenos Aires, ¿quién tendría alguna duda?), la verdá la verdá, yo no le agregaría nada.

La más ancha, la más larga... Cada alma acá avanza hasta la planta más alta. Nada pasa para tanta alharaca.
Mal karma atracar acá, mas... aplacan las palabras...