Que la vida pasa puede ser novedad sólo para niños, adolescentes, o adultos adolescentados eternamente. Que cuanto más pasa menos queda quizás sea la verdad de un momento reflexivo que muchos prefieren ignorar o negar, aunque negar la realidad no la cambie, pero también esa idea puede ser negada y qué carajo. Que nuestra idiosincrasia -la argenta- sea más bien melancólica es un hecho que basta mirar para entender, porque en Sudaquia la vida se sufre, los amores son tormentosos y la realidad es opresiva.
Pero igual puedo morirme mañana. Feliz.
Good show.
Signos de una época, de una edad. El hoy fugaz, sus antes y después. Estos días, estas gentes, aquellos mundos posibles.
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14 diciembre 2011
25 septiembre 2011
Ideas, torturas
La de la brevedad de la vida, la de no poder morirse cuando se quiere, cuando hayamos hecho nuestra revolución o hayamos sido felices o de puro embole, o cuando finalmente haya aprendido a bailar.
La de nuestra paradoja social: dejar de ser iguales en el momento mismo en que nos escupen al mundo y estar obligados a la convivencia social. Ser la expresión misma de la injusticia.
La de la precariedad del amor, me perdonen románticos, enamorados, creyentes, persistentes, divulgadores, apologistas, novios, ex novios, amantes, esposos, adolescentes, amigos sensibles, poetas, músicos o guionistas de novelas.
La de la eterna suspicacia: nos mienten, conspiran, esconden, omiten, eluden, evaden, inducen, engañan, siempre, todo el tiempo, en todos lados, a todos los niveles, ellos.
La de nuestra tendencia a arruinar las cosas: en lo personal, en lo social, con el medio ambiente. Si no hay guerras inventarlas, si estamos tranquilos sobresaltarnos.
La de que la humanidá está cada vez más al borde del colapso. O capaz que eso es por eso de la globulización, váyase a saber. Hoy es mucho más fácil ser un cretino o un genocida, por ejemplo, y los efectos son más inmediatos y pueden ser más masivos,
la de nuestros variados motivos para la supervivencia o el suicidio,
la de nuestras faltas: humildad, conciencia de especie, amplitud de mirada, perspectiva.
La de poder dormir profundamente cada noche.
"La vida es un soplo", Fabiano Maciel y Sacha, 2006, fragmento.
[Para Fede, que acaba de estrenar profesión.
Y para Guile que pide posts … ¡¡con texto!! -valga la intención-]
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07 marzo 2011
Ecología urbana contemporánea, una mirada de clase
De la falta de educación lo más notorio era cómo se llevaba cada objeto a la nariz y lo olía, sin pudor (el olfato debiera ser por naturaleza el más púdico de los sentidos, ninguno como él tiene la capacidad de adentrarse en intimidades sin intimar realmente, sin inmiscuirse pero conociendo), una agenda vieja, no sólo la sacaba de la bolsa de plástico y la miraba de un lado y del otro, la abría, la leía con dificultad: "tía Ele... E... Ele... na" y su número de teléfono. Y la olía, como si pudiera oler a través del papel viejo y despreciado algo del olor de la tía Elena, cuando era joven y hermosa. Y olió lápices y otros papeles viejos, y cassettes y leyó y olió y apartó delicadamente su selección en un canasto improvisado en su bicicleta. Miró hacia la casa unos minutos y se alejó silbando.
De la mugre lo que más llamaba la atención eran las crenchas: se rascaba con el dedo roñoso la cabeza, casi con delicadeza, buscando el punto exacto en el que -probablemente el piojo- había dejado su marca. Miró cada libro con detenimiento, como si los estudiara. Nadie más que él podía haber establecido el criterio de su selección tan heterogénea, pero allí estaba la pilita apartada de libros, papeles de regalo y cassettes que guardó en la gran bolsa de plástico.
Del aspecto lastimoso, que tanto afea a nuestra bonita ciudad, lo más decadente era su ropa. Un pantalón mugriento y rotísimo, una camisa sólo cerrada por un botón que dejaba ver su panza y en los pies algo que en algún momento fueron zapatillas. Aunque lo que lo hacía peor que los otros dos no era su aspecto sino el hecho de haber llegado tercero. Sus antecesores habían seleccionado lo que consideraban mejor partida, y aunque probablemente su selección podía haber sido distinta, llegar al lugar cuando las cosas ya habían sido revueltas por otros era una especie de derrota. Quizás por la dificultad para ir por la calle empujando un changuito de supermercado, quizás porque sí había llegado primero en otra calle.
Cada nuevo peatón, ciclista, conductor de sulky o empujador de changuito pasó, durante toda la mañana, y seleccionó objetos de la caja que ya era desperdicio para alguien que la dejó en la calle y dejó un nuevo desperdicio para otro que sin embargo olió y realizó su selección también y así, hasta que sólo quedó un retazo de cartón sobre el que el mismo perro vagabundo, que siempre cagaba encima de las plantas, dejó esta vez su sorete, educadamente.
El tipo se quedó mirando por la ventana esperando que la tierra termine de absorber esa porquería.
De la mugre lo que más llamaba la atención eran las crenchas: se rascaba con el dedo roñoso la cabeza, casi con delicadeza, buscando el punto exacto en el que -probablemente el piojo- había dejado su marca. Miró cada libro con detenimiento, como si los estudiara. Nadie más que él podía haber establecido el criterio de su selección tan heterogénea, pero allí estaba la pilita apartada de libros, papeles de regalo y cassettes que guardó en la gran bolsa de plástico.
Del aspecto lastimoso, que tanto afea a nuestra bonita ciudad, lo más decadente era su ropa. Un pantalón mugriento y rotísimo, una camisa sólo cerrada por un botón que dejaba ver su panza y en los pies algo que en algún momento fueron zapatillas. Aunque lo que lo hacía peor que los otros dos no era su aspecto sino el hecho de haber llegado tercero. Sus antecesores habían seleccionado lo que consideraban mejor partida, y aunque probablemente su selección podía haber sido distinta, llegar al lugar cuando las cosas ya habían sido revueltas por otros era una especie de derrota. Quizás por la dificultad para ir por la calle empujando un changuito de supermercado, quizás porque sí había llegado primero en otra calle.
Cada nuevo peatón, ciclista, conductor de sulky o empujador de changuito pasó, durante toda la mañana, y seleccionó objetos de la caja que ya era desperdicio para alguien que la dejó en la calle y dejó un nuevo desperdicio para otro que sin embargo olió y realizó su selección también y así, hasta que sólo quedó un retazo de cartón sobre el que el mismo perro vagabundo, que siempre cagaba encima de las plantas, dejó esta vez su sorete, educadamente.
El tipo se quedó mirando por la ventana esperando que la tierra termine de absorber esa porquería.
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15 enero 2011
Los blogs y sus crisis
Los de toda la gente que leo, que leí y dejé de leer, que leí y seguiré leyendo, que leo cada tanto y de la que me nutro, de la que me regocija enseñándome nuevas cosas: músicas, sensaciones, teorías, paisajes, fútbol o nombres; aquellos que me llegan a las entrañas de golpe (como si recibiera un cachetazo inesperado y seco) con una poesía pese a que siempre digo que el género, a mí, viste....
Los de la gente que se enoja bien y le gusta pelear, y me hacen pensar "mierda con esta mina", porque frecuentemente son más las minas las más temibles y me encantan.
De los apasionados, que pueden decirse y contradecirse, como la vida misma.
De los que me hacen reir sola a las carcajadas. De los que me mostró Rochi y terminé guardando en favoritos, de los políticos en serio o en joda, o de los que pretenden ser serios y me hacen reír todavía más.
De los que casi me enamoraron, de aquellos que fueron una revelación, les puse todas las fichas y nunca pasaron del segundo post.
De los que por vía tecnológica me hacen sentir perfumes, sabores, aspirarme la naturaleza a través de la laptop. De los amigos que un día, sin decir nada, dejaron de escribir. De los que dijeron que iban a dejar y no dejaron, porque no pudieron.
De éste que también, como la vida misma, va teniendo sus crisis.
Los de la gente que se enoja bien y le gusta pelear, y me hacen pensar "mierda con esta mina", porque frecuentemente son más las minas las más temibles y me encantan.
De los apasionados, que pueden decirse y contradecirse, como la vida misma.
De los que me hacen reir sola a las carcajadas. De los que me mostró Rochi y terminé guardando en favoritos, de los políticos en serio o en joda, o de los que pretenden ser serios y me hacen reír todavía más.
De los que casi me enamoraron, de aquellos que fueron una revelación, les puse todas las fichas y nunca pasaron del segundo post.
De los que por vía tecnológica me hacen sentir perfumes, sabores, aspirarme la naturaleza a través de la laptop. De los amigos que un día, sin decir nada, dejaron de escribir. De los que dijeron que iban a dejar y no dejaron, porque no pudieron.
De éste que también, como la vida misma, va teniendo sus crisis.
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05 enero 2011
Ví pasar
cosas que antes no había visto:
a través de una persiana los pies de Rocío y a Clarita caminando entre ellos,
muchos años en pocos días,
ví pasar y quedarse amigos para dar una mano, para preguntar qué hace falta, para sugerir dónde habrá que poner una parrilla.
A Matilda, furtivamente, porque decidió vivir unos días en la clandestinidad,
al mundo real al lado mío, mientras transcurro en una especie de dimensión desconocida.
Libros, recetas de cocina, llaves de extrañas puertas de una casa que fue de otros lectores, otros cocineros y otros centinelas. Dos universos paralelos en antitética lucha por dominar(se) o persistir en el eclecticismo para siempre, como siempre. Infancias de otra, rastros de años de otrora, pequeñas almitas que persisten neciamente en los ambientes, hasta que pronto dejarán de sorprenderme, hasta que se integrarán al nuevo hábitat o morirán con la frente en alto deshaciéndose en el aire.
Cada cosa ví pasar estos días.
a través de una persiana los pies de Rocío y a Clarita caminando entre ellos,
muchos años en pocos días,
ví pasar y quedarse amigos para dar una mano, para preguntar qué hace falta, para sugerir dónde habrá que poner una parrilla.
A Matilda, furtivamente, porque decidió vivir unos días en la clandestinidad,
al mundo real al lado mío, mientras transcurro en una especie de dimensión desconocida.
Libros, recetas de cocina, llaves de extrañas puertas de una casa que fue de otros lectores, otros cocineros y otros centinelas. Dos universos paralelos en antitética lucha por dominar(se) o persistir en el eclecticismo para siempre, como siempre. Infancias de otra, rastros de años de otrora, pequeñas almitas que persisten neciamente en los ambientes, hasta que pronto dejarán de sorprenderme, hasta que se integrarán al nuevo hábitat o morirán con la frente en alto deshaciéndose en el aire.
Cada cosa ví pasar estos días.
05 diciembre 2010
De las cosas que hay que hacer en la vida
Obligados o porque queremos. Con onda o amargura, a veces con desesperación.
Por la edad o la época.
Porque no da el cuero. O mejor, porque apareció una oportunidad. Por puro placer, también.
Siempre hay cosas que hacer en la vida, cosas frente a las cuales tenemos que movernos, actuar, resolver: trascendentes, odiadas, adoradas, indiferentes, inocuas, deseadas, insignificantes. Las grandes cosas o aquellas pequeñas, las que llevan mucho tiempo o las que pasan como un relámpago.
De las cosas que tengo que hacer estos días, me ocupa mudarme y entender todo de nuevo.
Mientras tanto
agradecer al barrio, a los colores, a estas topografías vistas desde mi casa.
(Una vez, entre las cosas que tuve que hacer en la vida, vine a vivir acá:
Me llevo mucha cosa y todo se muda sin esfuerzos penosos.
Envueltas en papel de diario húmedo, varias plantas de menta con raíz, para probar en cualquier nuevo rincón.
A Clarita y Matilda, que tardarán en perdonármelo.
Un cuento a medio escribir sobre mis vecinos y sus raras existencias.
Pocos muebles, muchos papeles inútiles y algunas pilchas.
En la memoria estos breves presentes pasados en estos años, con sus marcas profundas, un regocijo de buenos años vividos como mayormente quise.
Por la edad o la época.
Porque no da el cuero. O mejor, porque apareció una oportunidad. Por puro placer, también.
Siempre hay cosas que hacer en la vida, cosas frente a las cuales tenemos que movernos, actuar, resolver: trascendentes, odiadas, adoradas, indiferentes, inocuas, deseadas, insignificantes. Las grandes cosas o aquellas pequeñas, las que llevan mucho tiempo o las que pasan como un relámpago.
De las cosas que tengo que hacer estos días, me ocupa mudarme y entender todo de nuevo.
Mientras tanto
agradecer al barrio, a los colores, a estas topografías vistas desde mi casa.
(Una vez, entre las cosas que tuve que hacer en la vida, vine a vivir acá:
Por las cosas de la vida, se habían dado simultáneamente nuevo lugar, nuevo trabajo. Nuevos amigos, nueva gente copada que conocí y que invité -o más frecuentemente se invitaron- invariablemente a este lugar, que de todos los que alquilé, fue el mas mío.
La parrilla había sido el factor de más peso a la hora de entender qué cosa tenía que hacer en la vida en ese momento (después venían la terraza, el depto frente a esa plaza increíble, el sol por cada rincón, la tranquilidad del barrio).
Lo buena que había sido, no hay que explicarlo.
Hoy sacó estas fotos y yo me pregunto si se llevará el poster de Piratas del Caribe, si querrá colgar el gato que pintó y ahora no le gusta, qué libros conservará, qué hará con la colección de animalitos de vidrio, si seguiré teniendo que conocerla cada día de nuevo siempre.
Los números cerraban justito y el barrio estaba en una arruga del culo de la ciudad de Buenos Aires. "Você não vive, você se esconde", me dijo el brasuca la primera vez que se perdió al venir.
Llené de yuyos hasta donde pude, seguramente hubiera seguido llenando en la terraza, de quedarme.
Me llevo mucha cosa y todo se muda sin esfuerzos penosos.
Envueltas en papel de diario húmedo, varias plantas de menta con raíz, para probar en cualquier nuevo rincón.
A Clarita y Matilda, que tardarán en perdonármelo.
Un cuento a medio escribir sobre mis vecinos y sus raras existencias.
Pocos muebles, muchos papeles inútiles y algunas pilchas.
En la memoria estos breves presentes pasados en estos años, con sus marcas profundas, un regocijo de buenos años vividos como mayormente quise.
Lo único que me llena de tristeza es pensar en el cartel, si lo ponen. O sólo un clasificado, "se alquila, tres ambientes...", y me acuerdo de mí, hace seis años, cuando supe que de las cosas que tenía que hacer en ese momento en la vida una era, igual que ahora, mudarme. Cambiar de lugar, cambiarme.
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11 agosto 2010
Pero también pudo pasar que...
Porque no siempre lo que pasó es lo único que pudo haber pasado.
Porque el azar, un estado de ánimo, el clima, una palabra, una copa de menos, un prejuicio, un cambio de opinión, un polvo o la situación política pudieron haberlo cambiado.
Porque el tiempo puede volver a atrás aunque más no sea en forma de imagen en nuestras cabezas, y entonces resultar que
de no haber sido mis profesores de ciencias exactas en el secundario todos unos fascistas y el de filosofía un bombonazo, también pudo pasar que lo mío no fueran precisamente las ciencias sociales.
de no haber tenido 18 en el 83 me hubiera perdido la fiesta de mi vida.
de no haber conocido el sexo sin el sida, me hubiera perdido la fies...(ah, ¿ya lo dije?)
si fuera un poco más alta tendría otra actitud, estoy segura. Más relajada, quizás.
también pudo pasar que al llegar a esa esquina no me hubiera asustado y que entonces la vida me cruzara con Eduardo, amor intenso y breve del que aprendí tanta cosa.
que nos hubiéramos entendido, pudo pasar, y no haber perdido cada rastro del otro, tamaña estupidez teniendo en cuenta cuánto supimos entendernos.
que creyera en Dios, haciendo un esfuerzo inmenso.
O que fuera vegetariana, y entonces qué desperdicio la parrilla en el patio, con todo respeto por las pizzas a la parrilla y la parrillada de vegetales. Pudo pasar también que no me gustara el vino tinto para acompañar esos asados, y entonces quizás media fórmula de un rato de felicidad.
O que estuviera cocinando algo en lugar de escribir esta huevada, y no lamentarme dentro de dos horas porque tengo hambre y no hay un pito pa morfetear.
Porque el azar, un estado de ánimo, el clima, una palabra, una copa de menos, un prejuicio, un cambio de opinión, un polvo o la situación política pudieron haberlo cambiado.
Porque el tiempo puede volver a atrás aunque más no sea en forma de imagen en nuestras cabezas, y entonces resultar que
de no haber sido mis profesores de ciencias exactas en el secundario todos unos fascistas y el de filosofía un bombonazo, también pudo pasar que lo mío no fueran precisamente las ciencias sociales.
de no haber tenido 18 en el 83 me hubiera perdido la fiesta de mi vida.
de no haber conocido el sexo sin el sida, me hubiera perdido la fies...(ah, ¿ya lo dije?)
si fuera un poco más alta tendría otra actitud, estoy segura. Más relajada, quizás.
también pudo pasar que al llegar a esa esquina no me hubiera asustado y que entonces la vida me cruzara con Eduardo, amor intenso y breve del que aprendí tanta cosa.
que nos hubiéramos entendido, pudo pasar, y no haber perdido cada rastro del otro, tamaña estupidez teniendo en cuenta cuánto supimos entendernos.
que creyera en Dios, haciendo un esfuerzo inmenso.
O que fuera vegetariana, y entonces qué desperdicio la parrilla en el patio, con todo respeto por las pizzas a la parrilla y la parrillada de vegetales. Pudo pasar también que no me gustara el vino tinto para acompañar esos asados, y entonces quizás media fórmula de un rato de felicidad.
O que estuviera cocinando algo en lugar de escribir esta huevada, y no lamentarme dentro de dos horas porque tengo hambre y no hay un pito pa morfetear.
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Mis problemas conmigo
19 mayo 2010
Un tablerito
En tren de recuperar, el 4 de mayo escribía esto, que dejé porque me pareció una huevada, además de que no sabía bien adónde iba. Pensaba en gentes que conozco, que se nos cruzan. Gentes que tienen algunas características comunes, y que se trata más de una cuestión de medios que de fines, digamos de una forma de hacer las cosas, más allá del objetivo que se persiga .
Pensaba en el poema de Borges de más abajo y lo poco que somos, puestos en contexto.
Pensaba en el poema de Borges de más abajo y lo poco que somos, puestos en contexto.
De las categorizaciones de las gentes que hacemos en la inrigurosa sociología de mercadito, toda una ciencia del canyengue, hay una categoría, la que denominamos jugadores de ajedrez, que conforman un grupo bien delimitado (nota: la rama de la sociología de mercadito que estudia las conductas sociales es la psicología social de mercadito, y este intento debiera encuadrarse en esa disciplina. Dado que la misma aún no ha sido debidamente desarrollada, será la propia sociología de mercadito la que se ocupe de comprender por ejemplo por qué catzo Tita mi vecina es tan jodidamente reaccionaria, si porque escucha a Longobardi o por la cultura machista, por clase social o por crianza, o por cuántas otras variables y sus combinaciones).
Jugador de ajedrez es una categoría que combina un carácter astuto, audaz y premeditado, con un escenario que él mismo intenta transformar a medida que los acontecimientos se desenvuelven.
Es un jugador de ajedrez quien sabe inclinar la cancha para que las cosas salgan a su favor, es aquél que intenta (no que siempre lo logre) caer de pie, o se sobrepone, o es capaz de esperar para lanzar la estocada. Es el que suele acomodarse mejor, el que sabe en qué momento de la fiesta hay que llegar, el que sabe controlar los silencios. Puede ser jodido o no, bien o malintencionado, auténtico o hipócrita, valiente o cobarde. Los hay de izquierdas y de derechas, en lo privado y en lo público, en lo cotidiano y en lo que lo trasciende. Según las combinaciones serán oscuros, astutos, esquivos, pícaros, inquietantes, odiosos, conspirativos, interesantes.
Todos ellos son enemigos no declarados (porque declararlo sería mostrar el juego y eso no es de buen jugador) de los espontáneos, los intempestivos, los irreverentes, los indiscretos, los desmedidos.
Los jugadores de ajedrez son premeditados, por eso corren con ventaja, por eso nos sorprenden, nos ganan, nos engañan o nos enamoran. Ellos saben lo que a veces olvidamos quienes no jugamos, que estamos en un tablero y que se vale adelantar las jugadas, dominar el escenario, prevenir, premeditar, saber cuándo es el mejor momento para estar, para parecer, para semejar o para desaparecer. Los que nos olvidamos sólo nos sorprendemos de vernos a veces piezas y otras veces no.
Ajedrez [Jorge Luis Borges]
I
En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.
Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.
Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.
En el Oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.
Como el otro, este juego es infinito.
II
Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.
No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.
También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y blancos días.
Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?
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14 mayo 2010
Experimento sociopsicológico
Estos mundos virtuales proponen alternativas extrañas al ritmo de lo cotidiano. La propiedad de lo virtual es que uno puede pararlo, demorarlo, rebobinarlo. Lo real acontece, el tiempo transcurre siempre del mismo modo, de lunes a viernes de un modo, distinto del sábado distinto del domingo. Los mundos virtuales proponen alternativas, un blog, sus comentarios, la intención de matarlo o dejarlo morir, si las hubiera, vaya originalidad.
Un amigo me decía que un blog no se mata, que en todo caso se lo deja un tiempito y se ve... puede ser que así sea, lo cierto es que -supongo que a todos nos pasa- en determinado momento nos preguntamos "y esto pa que" o algo por el estilo.
Y pensaba entonces que un interesante experimento sociopsicológico (o psicosociologíco, bah. O mejor debería decir: sociomercaditopsicológico. Eso) podría ser el de retomar borradores, post empezados y abandonados desde hoy hasta el 22 de agosto del 2008, donde tengo el primer borrador que nunca subí, de atrás para adelante.
[No sé cómo la gente escribe en sus blogs, qué "sistema" tiene, qué pretensiones, qué objetivos. Creo que salvo algún comentario al paso, nunca conversé con nadie acerca de cómo escribe sus entradas, me encantaría saberlo: si se le ocurre una idea y la vuelca en un post directamente, si escribe pensando mucho, reflexionando. Si se manda de un tirón, escrito, lectura, corrección y a publicar. Si duda, se lee, se corrige, vuelve a subir. Si programa sus entradas. Si le interesa mucho el lector o escribe más para sí, si quiere transmitir y socializar ideas o sólo descargarse. Si todo eso. Yo por mi parte escribí mucho en borrador (acabo de enterarme de que además, soy una procastinadora, como si los otros pecados mortales que cargo me dejaran alguna posibilidad de salvación). He juntado decenas de borradores, cosas que me interesaron un poco y después no, o cosas que me interesaron mucho pero no tenía ni idea de cómo contar, o estados de ánimo encontrados, o abandonados por falta de tiempo y cansancio o porque encontré mejores cosas que hacer. O porque la oportunidad había pasado, o porque me dio fiaca, o porque justo algún amigo publicó algo mucho mejor sobre eso. O porque cambié diametralmente de opinión al respecto. O porque pensaba que nunca podría escribir algo coherente o interesante sobre ese tema. O por otros motivos que no vienen al caso].
Será una forma de volver sobre mis pasos. Volver de hoy hacia aquél lejano 2008 recuperando (en la medida en que pueda, en que me guste, en que no me avergüence, pero siempre al menos mencionándolos), aquellos borradores, aquél contexto. De a uno y de a poquito intentaré completarlos o decir algo sobre ellos. Recordar la idea, retomarlos o al menos destruirlos a conciencia, no como ejercicio ególatra sino todo lo contrario, y más bien con intención curiosa. Mi mirada actual acontecerá simultáneamente Otros contextos políticos, otras circunstancias personales, otras combinaciones de unas cosas y otras.
Y las gentes y sus irrupciones.
y quién sabe el menjunje que resulte, qué se yo. Capaz que está bueno. O capaz que es un embole. Entonces será preferible -seguramente sabremos cuándo- un buen golpe de gracia (pero no trágico sino más bien constructivo: como decía Bakunin, la pasión por la destrucción es una alegría creadora).
Y dedicado a los amigos de otras épocas y de las nuevas, una canción que supo ser un himno de estos breves presentes (no estos míos, sino de nuestros pequeños mundos y entornos), de aquellos mundos posibles, que hoy ya no son.
Un amigo me decía que un blog no se mata, que en todo caso se lo deja un tiempito y se ve... puede ser que así sea, lo cierto es que -supongo que a todos nos pasa- en determinado momento nos preguntamos "y esto pa que" o algo por el estilo.
Y pensaba entonces que un interesante experimento sociopsicológico (o psicosociologíco, bah. O mejor debería decir: sociomercaditopsicológico. Eso) podría ser el de retomar borradores, post empezados y abandonados desde hoy hasta el 22 de agosto del 2008, donde tengo el primer borrador que nunca subí, de atrás para adelante.
[No sé cómo la gente escribe en sus blogs, qué "sistema" tiene, qué pretensiones, qué objetivos. Creo que salvo algún comentario al paso, nunca conversé con nadie acerca de cómo escribe sus entradas, me encantaría saberlo: si se le ocurre una idea y la vuelca en un post directamente, si escribe pensando mucho, reflexionando. Si se manda de un tirón, escrito, lectura, corrección y a publicar. Si duda, se lee, se corrige, vuelve a subir. Si programa sus entradas. Si le interesa mucho el lector o escribe más para sí, si quiere transmitir y socializar ideas o sólo descargarse. Si todo eso. Yo por mi parte escribí mucho en borrador (acabo de enterarme de que además, soy una procastinadora, como si los otros pecados mortales que cargo me dejaran alguna posibilidad de salvación). He juntado decenas de borradores, cosas que me interesaron un poco y después no, o cosas que me interesaron mucho pero no tenía ni idea de cómo contar, o estados de ánimo encontrados, o abandonados por falta de tiempo y cansancio o porque encontré mejores cosas que hacer. O porque la oportunidad había pasado, o porque me dio fiaca, o porque justo algún amigo publicó algo mucho mejor sobre eso. O porque cambié diametralmente de opinión al respecto. O porque pensaba que nunca podría escribir algo coherente o interesante sobre ese tema. O por otros motivos que no vienen al caso].
Será una forma de volver sobre mis pasos. Volver de hoy hacia aquél lejano 2008 recuperando (en la medida en que pueda, en que me guste, en que no me avergüence, pero siempre al menos mencionándolos), aquellos borradores, aquél contexto. De a uno y de a poquito intentaré completarlos o decir algo sobre ellos. Recordar la idea, retomarlos o al menos destruirlos a conciencia, no como ejercicio ególatra sino todo lo contrario, y más bien con intención curiosa. Mi mirada actual acontecerá simultáneamente Otros contextos políticos, otras circunstancias personales, otras combinaciones de unas cosas y otras.
Y las gentes y sus irrupciones.
y quién sabe el menjunje que resulte, qué se yo. Capaz que está bueno. O capaz que es un embole. Entonces será preferible -seguramente sabremos cuándo- un buen golpe de gracia (pero no trágico sino más bien constructivo: como decía Bakunin, la pasión por la destrucción es una alegría creadora).
Y dedicado a los amigos de otras épocas y de las nuevas, una canción que supo ser un himno de estos breves presentes (no estos míos, sino de nuestros pequeños mundos y entornos), de aquellos mundos posibles, que hoy ya no son.
(Cantaba Alejandro del Prado un hermoso poema de Raúl González Tuñón)
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05 mayo 2010
Interpretaciones erradas
O porque escuchás mal, o porque querés haber escuchado otra cosa, porque te equivocaste de percepción o supusiste que una cosa era otra, y motivos de ese estilo que generalmente terminan en desconcierto. La vida misma está hecha de malinterpretaciones, avances a tropezones, errores, confusiones. Y se vive.
I
Los aviones me dan pánico. En el aeropuerto de Sao Paulo nos bajaron de un avión porque “había algún problema técnico”. Eso y decirme que el avión tenía grandes posibilidades de caerse era para mí más o menos lo mismo. Media hora más tarde nos llamaban por los altoparlantes a los pasajeros del vuelo nosecuánto nosecuánto para que volviéramos a subir…. al mismo avión. Este diálogo entre el flaco y yo se dio a continuación.
—Yo no me subo
—no seas boluda, no pasa nada
—no, ¿escuchaste? Es el mismo avión
—no seas boluda.
Altoparlantes, en portugués (fonéticamente hablando, digamos): Pasajeros del vuelo xxxx favor de abordar por la puerta xxx. Y agregó, con un tono para mí bastante violento: “vayan abordando el avión, en primer lugar los pasajeros con problemas de locomoción o que estuvieran con crianzas”.
Y yo, aterrada: —¿¿¿Escuchaste lo que dijo??? ¿¿¿Escuchaste lo que dijo??? Dijo clarito: El avión está con problemas de locomoción, pero tengan confianza.
II
El colectivo venía más o menos lleno, yo medio dormida volviendo del laburo, subí, saqué boleto y me fui para atrás. Me fui dirigiendo a paso resuelto hasta donde parecía haber un espacio, entre un caño para agarrarse y un señor. Me acomodé y me agarré del caño, al lado del tipo. Unas cuadras más tarde, al frenar el colectivo de golpe, me di cuenta de que ese caño no estaba amurado a ningún piso de ningún bondi, sino que el señor de al lado, quizás plomero él, lo llevaba en su mano.
III
—Perdoname ¿Sos Gra? La voz desde el asiento de atrás, en el 141, me hablaba a mí. Me dí vuelta, el tipo estaba muy bien pero no tenía ni idea de quién era. “¿no te acordás de mí”? siguió. “¿vos sos….?”, tenté, esperando con éxito que me diera más datos. —¿Te acordás? Nos conocimos en tal lugar, vos viniste a casa, justo llegaron mis viejos…
—Aaah, sí, que me sacaste las sandalias y me empezaste a besar los pies!!
—¿qué?
IV
Nos habíamos ido de vacaciones con un grupete. Horacio, Elsa y la cordobesa dormían generalmente en el mismo gran ambiente en aquellas cabañitas de Aguas Dulces. Una mañana Horacio —siempre el último él, siempre en cuero ostentando una importante panza— llega preguntando:
—¿Quién es que me tapa los pies durante la noche? Alguna de ustedes me tapa los pies…
Y la cordobesa, con ese tono exquisito, comienza a explicarse.
—Yo, yo te tapo, porque cuando te veo dormir a la noche, con los pies destapados, te miro y pienso: “este ser…, este ser….”
Todos nos quedamos un instante bastante duros, porque el gordo Horacio distaba de ser un “ser angelical” o un “ser adorabe”, y ya había empezado él a enternecerse hasta que Celina terminó su frase:
—¡Este cerdo hijo de puta, con esa busarda, roncando, y con ESAS PATAS AL AIRE! Y te tapo.
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21 abril 2010
Todo por contestar el teléfono
A Güi, compañera de birras y filosofías baratas.....
Lo cierto es que me equivoqué, porque pensé que Claudia S. jamás volvería a llamarme. Pensé que escandalizándola desaparecería, como suele esfumarse de nuestras vidas la gente que piensa pobres de nosotros, siempre tan equivocados (sépase que si bien no pretendo "tener la razón", tampoco acepto que mi vida sea un error, caramba). Así perdí parientes, amigos de otras vidas, algún que otro novio. Mi prima Silvia la pánfila insiste, pero porque la han convencido de haber heredado el don de la bondad humana, con cuya impronta cualquier desviación puede ser reencaminada, hasta la de drogarse (eufemismo familiar por fumarse un porrito) que -tras el escandálo de "saberlo"- se concluye sabiamente con que es mejor que morirse o tener cáncer.
Y todo el escándalo por contestar el teléfono.
Parece -me pareció cuando volví a hablar- que Claudia S. también cree tener el don. Yo creo que viene de la iglesia, pero honestamente no me he detenido a pensarlo: la gente que se cree buena (no la que ES, que la hay, sino la que SE CREE), se cree buena samaritana... En realidad es más bien una pregunta: ¿la gente se cree buena porque cree que puede ayudar al prójimo? me encantaría saberlo. Como no lo sé, y la inconsciente de mi hermana me espetó, impertérrita: "el teléfono tuyo a Claudia S. se lo di yo, no te jode ¿no? ah, ¿te dije que era evangelista?", tiendo a creer que la iglesia algo tiene que ver. Con perdón a los creyentes (los que creen en la iglesia, digo, que los que sólo creen en Dios no se verán damnificados por este humilde post), yo creo que la iglesia nos hace mucho daño (y no me pongo monotemática hablando de la dictadura, la complicidad y esas yerbas...).
Lo cierto que no sé para qué mierda tengo un identificador de llamadas, si cuando suena el telefóno atiendo (y de nuevo, apenas el "¿hola?" de mi interlocutora resuena del otro lado del tubo me revela un peligro inminente) y me doy cuenta ya tarde de que no debí haberlo hecho.
Si cuando escucho "¿Gra? por fin te encuentro" me viene a las neuronas días y días de leer en el ID ese puto 4566 nosecuánto nosecuánto y nunca preguntarme si era alguien que me buscaba, nunca buscar en el putisimo telexplorer quién carajo estaba tratando de ubicarme, nunca pensar coherentemente que la vida está llena de peligros. Y anotar en el ID, para cuando llame, que la que llamó cuatro veces por día es, efectivamente, Claudia S.
Y Claudia S., después de dedicarle dos minutos al tema de que nunca-te-encuentro-en-tu-casa y de sorprenderse (nuevamente) porque "no tengo celular", me habla de lo linda que fue la reunión pasada con los ex compañeros de primaria, me recrimina por lo difícil que es encontrarme y me reta con tal autoridad que a su mínimo pedido de una dirección de correo, le dicto: "ca guión bajo graciela....". Y se la dicto correctamente, ni una letra de más, como cuando el Edgar llamó por el cumpleaños de Ceci.
El listado de mails que me fue llegando a continuación con cadenas, las invitaciones a visitar Armenia o las precauciones que tenemos que tener antes de darle la mano a un extraño, me han convencido de darle de baja a esa dirección. Pero sé igual que es inútil. Claudia volverá a encontrarme. Me mandará fotos de cuarentones pelados, de señoras con niños y adolescentes, de fiestas de casamientos y brindis con champán en los que lamentarán -y se jactarán, secretamente- de que Gra no haya ido.
En fin
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13 abril 2010
Los otros, nosotros y las cosas
Te cambia día a día la vida los días, los meses, las décadas, te cambia década a década la vida y sos tan otra que ayer o hace cinco años que tu espejo adelanta, o atrasa, o no refleja y entonces cómo saber cuán otra sos, si saberlo sirviera para algo. Si las cosas se hicieran porque sirven. Si servir fuera algo.
Cuando ves tu mano algo arruinada y un poquito más sabia, como sin querer escribiendo en una hoja. Escribir en papel, o un solo lápiz son un viaje al pasado, tu mano tomando el lápiz es un viaje al pasado. O tu mismo blog cuando pusiste esos primeros post, sólo por reírte con Laurinha poniendo a Rafaela.
[Naah, política no, ni pareceres. Nada de seriedad, puro hedonismo y hasta que dé. Sí juegos de palabras, la batata macabra o los oxímoron, sí contemporaneidades, la vida en los ochentas, quizás nunca este texto. Música vieja y linda, unos pocos amigos viejos, algunos nuevos -los nuevos virtuales, se entiende-, otros que se rescatan de las telas de araña del pasado, porque otras redes en estas eras te cruzan de nuevo]. Y no.
[Naah, política no, ni pareceres. Nada de seriedad, puro hedonismo y hasta que dé. Sí juegos de palabras, la batata macabra o los oxímoron, sí contemporaneidades, la vida en los ochentas, quizás nunca este texto. Música vieja y linda, unos pocos amigos viejos, algunos nuevos -los nuevos virtuales, se entiende-, otros que se rescatan de las telas de araña del pasado, porque otras redes en estas eras te cruzan de nuevo]. Y no.
Aquello es otra cosa hoy, otra cosa va a ser esto mañana, distinto de antaño cuando el mundo era rojo y tan rápido, o de ayer cuando dije "ya nada me conmueve". O de hoy, cuando como Pessoa, no puedo querer ser nada. Aparte de eso.
Los otros irrumpen y te cambian. Otros son temas y personas, artefactos y sentires. Otras historias que creías olvidadas, perdidas. O inútiles. Un laburo, un amigo, una persiana que cierra mal, un gato abandonado te cambian. Tu mamá muerta, un aborto, encontrar una piedra de la suerte, que te sorprenda un deseo en lo prohibido, sentirte poderosa, tener una hija. Pisar mierda o tener a Tita de vecina. Dejar de creer en Dios, cruzarte con alguien un segundo y conversar toda una noche con un desconocido que no volverás a ver. Un intento de robo, soñar con tu abuela, un cancionero adolescente. La lágrima de una señora mayor te cambia. Tener un auto te cambia, te cambia querer en algún momento de tu vida dejar de querer ser más bueno y cosas de ese estilo tan inocuas.
Los otros irrumpen y te cambian. Otros son temas y personas, artefactos y sentires. Otras historias que creías olvidadas, perdidas. O inútiles. Un laburo, un amigo, una persiana que cierra mal, un gato abandonado te cambian. Tu mamá muerta, un aborto, encontrar una piedra de la suerte, que te sorprenda un deseo en lo prohibido, sentirte poderosa, tener una hija. Pisar mierda o tener a Tita de vecina. Dejar de creer en Dios, cruzarte con alguien un segundo y conversar toda una noche con un desconocido que no volverás a ver. Un intento de robo, soñar con tu abuela, un cancionero adolescente. La lágrima de una señora mayor te cambia. Tener un auto te cambia, te cambia querer en algún momento de tu vida dejar de querer ser más bueno y cosas de ese estilo tan inocuas.
Todos somos otros, todos nosotros somos otros. Con juegos de palabras, también, como entonces, y entonces uno es otro y es el mismo, una es otra y es la misma (construcción impensable en un viaje al pasado) y es otra de los otros, que cambiarán con uno.
Las cosas tienen movimiento. Mirá sí no, estos pibitos.
Estos y otros otros fueron cambiando mi vida, mis otros pasados,
Las cosas tienen movimiento. Mirá si no, estos pibitos ahora.
Me cambió entonces y ahora y pienso -sin parar, pienso- para cuándo la paz. Si la paz fuera, que no sé, dejar de cambiar a cada rato.
Las cosas tienen movimiento. Mirá sí no, estos pibitos.
Estos y otros otros fueron cambiando mi vida, mis otros pasados,
Las cosas tienen movimiento. Mirá si no, estos pibitos ahora.
Me cambió entonces y ahora y pienso -sin parar, pienso- para cuándo la paz. Si la paz fuera, que no sé, dejar de cambiar a cada rato.
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01 abril 2010
Pequeña historia algo arrabalera
Pareció congelarse por un segundo cuando giré mi cabeza hacia él y pregunté: "¿qué hacés?" mirándolo a los ojos con furia. Sacó lentamente la mano de mi cartera, sosteniéndome increíblemente la mirada con un atisbo de temor: "pará, no pasa nada, perdón, perdón. Perdoná", dijo. Y ahí fui yo la que no supe qué hacer.
Mis veintipico y mi conciencia social de la época, sus ojos oscuros e intensos decididos a afrontarme, a hacerse cargo. Mi furia porque en esa época me sentía una mártir, con mi sueldo de la quincena íntegro con presentismo, volviendo de la facultad a la noche, cansada y encima, esa noche, con los ovarios al plato y la presión por el piso.
"Pará, no pasa nada, perdón, perdón. Perdoná... " Un segundo inmenso entre los dos, y esa expresión de su cara, de disculpas pero no suplicante, sino serio, mirándome de frente.
Que se bajara corriendo, que yo me levantara o lo acusara, que él me encarara mal, podrían haber sido salidas verosímiles y sin embargo:
-¿Sabés dónde estamos? No soy de acá, ¿vos hasta dónde vas? ¿Sos del centro? Y un segundo después:
-Mirá, en serio, perdón, no te quise joder a vos.
El "a vos" me descolocó, o mejor, me colocó en un lugar distinto, privilegiado respecto a, por lo menos, el resto del pasaje. Y era tan lindo.
Me miró sabiendo mirar, además, como poca gente sabe.
El 141 (que tomaba en Plaza Italia después de bajarme del 37 que venía de la remotísima Ciudad Universitaria) estaba llegando a la plaza Flores. Para mí, insufrible porteña unitaria, el Centro era sólo la 9 de Julio y Corrientes. "No, no soy del Centro", dije secamente -porque suponía que había que sostener el enojo, después de todo me había querido afanar.
Me paré para bajarme y sin mirarlo dije:
-Ésta es Plaza Flores
No giré la cabeza y bajé. Dos pasos después, su voz sobre mi espalda:
-Plaza Flores, menos mal que me avisaste.
Si supiera cómo mezclar esas palabras -enojo, furia, curiosidad, deseo- en una misma oración, podría explicar qué sentí en ese instante.
-Me dí vuelta de golpe y mi "¡me estás jodiendo! (tenía que primar el enojo,después de todo me había...) se superpuso a su:
-N... n... no te enojes. Quiero invitarte una cerveza.
No llegué a pensar ni un "por qué no". Ahí estaba él frente a mí, sonriendo con toda una fila de dientes hermosos y más blancos contra la noche de la plaza, más blancos contra su piel y sus ojos. Su cara y sus gestos me decían todo lo que yo necesitaba saber de él.
La San José estaba llena de gente y yo me ví a mí misma disociada, como mirándome desde afuera mientras nos sentábamos en la mesa y mi yo sentado sólo lo miraba seducirme increíblemente, y mi yo externo se preguntaba qué instancias, momentos sensaciones sentidos deseos fluidos habían sucedido para encontrarme frente a él, contándome que vivía de robar, mostrándome su campera de cuero, indicándome de qué modo en qué barrio de qué casa la obtuvo, orgulloso, emparejándose con un modo de vida que él podía tener sin laburar como un gil.
Tomábamos cerveza y la charla se animaba, nos reímos, brindamos varias veces y todo había empezado a ser posible, menos -pensaba hasta ese momento- que de pronto me ganara un mareo, un vahído, una naúsea. Y que todo aconteciera abruptamente.
Sólo atiné a levantarme tratando de llegar hasta el baño, inútilmente, porque dos pasos más adelante vomitaba de manera vergonzosa en medio del local mientras absolutamente TODAS las miradas se posaban sobre mí, consternadas.
No miré a nadie. Dí media vuelta, enfocando mis ojos llorosos de vómito sólo en mi cartera colgada de la silla, para tomarla cual posta y huir raudamente del lugar.
Me hubiera encantado verlo de nuevo.
Mundos - Dino Saluzzi
Mis veintipico y mi conciencia social de la época, sus ojos oscuros e intensos decididos a afrontarme, a hacerse cargo. Mi furia porque en esa época me sentía una mártir, con mi sueldo de la quincena íntegro con presentismo, volviendo de la facultad a la noche, cansada y encima, esa noche, con los ovarios al plato y la presión por el piso.
"Pará, no pasa nada, perdón, perdón. Perdoná... " Un segundo inmenso entre los dos, y esa expresión de su cara, de disculpas pero no suplicante, sino serio, mirándome de frente.
Que se bajara corriendo, que yo me levantara o lo acusara, que él me encarara mal, podrían haber sido salidas verosímiles y sin embargo:
-¿Sabés dónde estamos? No soy de acá, ¿vos hasta dónde vas? ¿Sos del centro? Y un segundo después:
-Mirá, en serio, perdón, no te quise joder a vos.
El "a vos" me descolocó, o mejor, me colocó en un lugar distinto, privilegiado respecto a, por lo menos, el resto del pasaje. Y era tan lindo.
Me miró sabiendo mirar, además, como poca gente sabe.
El 141 (que tomaba en Plaza Italia después de bajarme del 37 que venía de la remotísima Ciudad Universitaria) estaba llegando a la plaza Flores. Para mí, insufrible porteña unitaria, el Centro era sólo la 9 de Julio y Corrientes. "No, no soy del Centro", dije secamente -porque suponía que había que sostener el enojo, después de todo me había querido afanar.
Me paré para bajarme y sin mirarlo dije:
-Ésta es Plaza Flores
No giré la cabeza y bajé. Dos pasos después, su voz sobre mi espalda:
-Plaza Flores, menos mal que me avisaste.
Si supiera cómo mezclar esas palabras -enojo, furia, curiosidad, deseo- en una misma oración, podría explicar qué sentí en ese instante.
-Me dí vuelta de golpe y mi "¡me estás jodiendo! (tenía que primar el enojo,después de todo me había...) se superpuso a su:
-N... n... no te enojes. Quiero invitarte una cerveza.
No llegué a pensar ni un "por qué no". Ahí estaba él frente a mí, sonriendo con toda una fila de dientes hermosos y más blancos contra la noche de la plaza, más blancos contra su piel y sus ojos. Su cara y sus gestos me decían todo lo que yo necesitaba saber de él.
La San José estaba llena de gente y yo me ví a mí misma disociada, como mirándome desde afuera mientras nos sentábamos en la mesa y mi yo sentado sólo lo miraba seducirme increíblemente, y mi yo externo se preguntaba qué instancias, momentos sensaciones sentidos deseos fluidos habían sucedido para encontrarme frente a él, contándome que vivía de robar, mostrándome su campera de cuero, indicándome de qué modo en qué barrio de qué casa la obtuvo, orgulloso, emparejándose con un modo de vida que él podía tener sin laburar como un gil.
Tomábamos cerveza y la charla se animaba, nos reímos, brindamos varias veces y todo había empezado a ser posible, menos -pensaba hasta ese momento- que de pronto me ganara un mareo, un vahído, una naúsea. Y que todo aconteciera abruptamente.
Sólo atiné a levantarme tratando de llegar hasta el baño, inútilmente, porque dos pasos más adelante vomitaba de manera vergonzosa en medio del local mientras absolutamente TODAS las miradas se posaban sobre mí, consternadas.
No miré a nadie. Dí media vuelta, enfocando mis ojos llorosos de vómito sólo en mi cartera colgada de la silla, para tomarla cual posta y huir raudamente del lugar.
Me hubiera encantado verlo de nuevo.
Mundos - Dino Saluzzi
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19 marzo 2010
Tontas e inocuas revanchas
Me encanta cuando los dos perrazos se presienten, se olfatean, se escuchan y se buscan hasta trenzarse en una lucha encarnizada. No que se peleen -de hecho la mayor parte de las veces no se pelean- aunque de todos modos allá ellos si quieren hacerlo, dejemos fluir a la naturaleza. Lo que me encanta es que en esta pacifícima placita frente a la cual habito, en una arruga del culo de la ciudad de Buenos Aires, cuando dos perrazos se presienten, se olfatean, se escuchan y se buscan, sus amos, sus dueños, se desesperan, se ponen a gritarles, a ordenarles frenéticamente que se queden quietos y se asustan.
Me encanta la cara de estos boludos tratando de frenar a sus inmensos perros, ya ladrantes, con órdenes tan firmes, cortas y tan en alemán que cualquier reminiscencia del Tercer Reich sería hasta obvia.
-¡¡Ramsés!! ¡¡¡sit!!!!
-¡¡¡Guau!!!
Me mata que los perros ni se enteren.
Adoro, por sobre todo, que si van a interrumpir mi tranquila tarde, que si van a interrumpirme unos pensamientos mansos, divertidos, trémulos o intensos, esos señores tengan su merecido y se asusten se enojen se avergüencen e inventen explicaciones para salir del mal rato.
Me encanta que los perros los miren como quien ve llover y tironeen de su correa, ahora hacia el lado opuesto, gruñiendo, babeando, arrastrando a sus avergonzados dueños y dejándome de nuevo en esta paz.
Me encanta la cara de estos boludos tratando de frenar a sus inmensos perros, ya ladrantes, con órdenes tan firmes, cortas y tan en alemán que cualquier reminiscencia del Tercer Reich sería hasta obvia.
-¡¡Ramsés!! ¡¡¡sit!!!!
-¡¡¡Guau!!!
Me mata que los perros ni se enteren.
Adoro, por sobre todo, que si van a interrumpir mi tranquila tarde, que si van a interrumpirme unos pensamientos mansos, divertidos, trémulos o intensos, esos señores tengan su merecido y se asusten se enojen se avergüencen e inventen explicaciones para salir del mal rato.
Me encanta que los perros los miren como quien ve llover y tironeen de su correa, ahora hacia el lado opuesto, gruñiendo, babeando, arrastrando a sus avergonzados dueños y dejándome de nuevo en esta paz.
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02 marzo 2010
Las noches y los días
La noche se hará día, esas cuestiones del ciclo natural.
Entonces
Mi vecino adolescente se da cuenta -o le alguien le dice, y yo agradeceré de ser así a quien lo haga- que nunca, nunca, jamás de los jamases, podrá tocar bien la batería, porque carece de un sentido que no siempre, pero sí en este caso, es esencial para sobrevivir: el del ritmo. De día, para seguir en tema, la hermosa placita de enfrente de casa suspira alegre y silente cuando los ensayos de las murgas -por fin- terminan, y yo no tengo que volver a defenderme ante H. porque me gusta más la murga uruguaya, aunque a la de acá, claro, le reconozco el esfuerzo.
De día también, y no de noche, sé lo que hay que hacer. Buendiaunoveinticinco, seguir con el libro, bajar antes del bondi porque Corrientes de nuevo, buen día, buen día y a esto ya te pedí que le pusieras fecha y la reunión la hacemos un poco más tarde, no hay problema, no?
También ocurre de día el punto justo del agua para el mate, comprar jabón en polvo, pensar en la semana.
Que si tengo trabajo, plata, pareja, hijos, proyectos, publicaciones, esas menudencias aparecen de día.
Cuando llego a casa sola o acompañada de día, mis vecinos me saludan con una amplia sonrisa.
(Matilda y Clarita no tienen preferencias).
De día se disipan las dudas de la noche, que vuelve, la muy puta
Entonces
Que adónde va mi vida, que esta edad rara, que si habrá vuelta atrás de alguna cosa. El ruido del cartonero revolviendo la basura acontece de noche. Los gatos que cogen a unos metros de mi ventana, las cosas vitales acontecen de noche.
Cuando despuntó el vicio, sin dudas, tuvo que ser de noche y de noche es más fácil desaparecer o ser desaparecido.
Y de noche no importa si es que tengo trabajo, si la ropa está arriba o cuán corta es la vida porque de noche, extrañamente, sabemos que es mentira lo que pasa de día. O mejor, de noche sorprendemos nuestras hipocresías.
De noche
Cuando llego a casa sola o acompañada, mis vecinos saludan con amplia suspicacia.
Quizás, confundida entre la oscuridad y el silencio se agazape cómoda la conciencia de género de la noche, esa loba devoradora de certezas, y sólo importe que estamos sin destinos, no nuestros muertos recientes y nuestros futuros muertos, sino esas incertezas: los miedos, los deseos, sabernos vulnerables.
La puta de la noche.
De día también, y no de noche, sé lo que hay que hacer. Buendiaunoveinticinco, seguir con el libro, bajar antes del bondi porque Corrientes de nuevo, buen día, buen día y a esto ya te pedí que le pusieras fecha y la reunión la hacemos un poco más tarde, no hay problema, no?
También ocurre de día el punto justo del agua para el mate, comprar jabón en polvo, pensar en la semana.
Que si tengo trabajo, plata, pareja, hijos, proyectos, publicaciones, esas menudencias aparecen de día.
Cuando llego a casa sola o acompañada de día, mis vecinos me saludan con una amplia sonrisa.
(Matilda y Clarita no tienen preferencias).
De día se disipan las dudas de la noche, que vuelve, la muy puta
Entonces
Que adónde va mi vida, que esta edad rara, que si habrá vuelta atrás de alguna cosa. El ruido del cartonero revolviendo la basura acontece de noche. Los gatos que cogen a unos metros de mi ventana, las cosas vitales acontecen de noche.
Cuando despuntó el vicio, sin dudas, tuvo que ser de noche y de noche es más fácil desaparecer o ser desaparecido.
Y de noche no importa si es que tengo trabajo, si la ropa está arriba o cuán corta es la vida porque de noche, extrañamente, sabemos que es mentira lo que pasa de día. O mejor, de noche sorprendemos nuestras hipocresías.
De noche
Cuando llego a casa sola o acompañada, mis vecinos saludan con amplia suspicacia.
Quizás, confundida entre la oscuridad y el silencio se agazape cómoda la conciencia de género de la noche, esa loba devoradora de certezas, y sólo importe que estamos sin destinos, no nuestros muertos recientes y nuestros futuros muertos, sino esas incertezas: los miedos, los deseos, sabernos vulnerables.
La puta de la noche.
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Clarita,
Cosas que pasan,
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08 diciembre 2009
Sentimientos primarios
Creía que lo que me había pasado con Ceci y su cumpleaños sorpresa número 40 (eso debe estar mal escrito, porque pareciera que Ceci tuvo cuarenta cumpleaños sorpresa, cuando en realidad fue su cumpleaños número 40, que fue toda una sorpresa) había sido un episodio feo. Sin llegar a sentir culpa, confieso que aquello me dejó cierta amarga sensación.
Pero lo que me acaba de pasar no lo voy a poder remontar nunca. Tengo cuarenta y cuatro años. "Casi cuarenta y cinco", dice la guacha de mi hija para provocarme, lo que en un cálculo fácil indica que terminé la primaria hace treinta y dos años. Treinta y dos años atrás yo andaba por mi primer vida (calculo que voy por la cuarta),
[un colegio privado de colectividad (es decir, un termo adentro de otro), una infancia olvidable, un altillo con cosas viejas, una hermana molesta y una timidez que lindaba con el autismo. Mis doce en el 77, el miedo familiar de una clase media inmigrante que no veía por qué meterse a opinar sobre nada, mi tío viendo inexorablemente "Combate" a la hora de la cena, el diálogo bilingüe en la mesa. El 24 de marzo del año anterior grababa de la radio, con un flamante y novedoso grabador que mi viejo había traído, el discurso de Videla, presintiendo que era un momento histórico. En la misma cinta, Lalo había grabado a escondidas unas groserías que jamás en mi vida había escuchado, y que claro, yo rebobinaba una y otra vez, escuchando intercalados el Comunicado Número Uno de la Junta con una versión guarrísima de "A media luz"].
y tenía una compañera que apenas recuerdo que se llamaba -se llama, acabo de confirmarlo- Claudia S. Recuerdo de ella unos ojos y un pelo negrísimos y hermosos.
-Hola, Gra? Soy Claudia S., de la primaria ¿te acordás de mí?
Silencio de radio. Yo apenas me doy cuenta de lo que pasa, pero la parte más intuitiva -y más instintivamente fóbica- de mí sólo quiere huir. Yo, como creo que a los instintos hay que atenderlos, busco la forma y en un primer impulso se me ocurren simultáneamente las cosas más pelotudas para responder ("no mirá, sufrí un accidente y no me acuerdo ni de mí"; "¿Claudia? ¡¡sos vos, cretina!! te estuve buscando por todos lados"; "¿primaria? si yo la primaria no la hice porque estaba en un instituto de menores"), o hacer (cortar; romper el teléfono; fingir que algo tremendo pasa haciendo ruidos terribles), pero lo pienso mejor y respondo, sensatamente:
-Sí, claro que me acuerdo... ¡¡que increíble!!
Siguió una verborragia por su parte que incluía un listado de nombres, oficios y trabajos -algunos dignos de mencionar como gerente en una multinacional o médico-, matrimonios e hijos de ella y otros, éxitos varios, intercalados por breves "qué increíble"s míos, que no hacían sino aumentar el entusiasmo de Claudia S. por seguir contándome de Carlitos, que vive en Miami y le va tan bien.
En el '78 al flaco lo secuestró el grupo de tareas de Guglielminetti y yo promediaba mi primer año de secundaria cantando veinticinco millones de argentinos, con la alegría de un pueblo feliz y pacífico. En el Banco, donde lo tenían secuestrado, los milicos alternaban -siempre haciendo patria- el festejo de los goles con la picana. En mi escuela la foto de Videla nos observaba a diario. Unos años después su foto fue reemplazada por la de Viola, y así.
-Ay, te separaste, qué lástima.
Si hay algo que no es una lástima en mi vida (más de unx estará de acuerdo conmigo) es haberme separado (como tampoco fue lástima haberme casado, no se vaya a creer). Pero Claudia S. va mostrando, despacito, sus puntos de vista.
-A mi nena la estoy mandando al sacrosantísimo de la reverenda, ¿viste? Es un ambiente tranquilo, sabés quiénes son sus compañeros, yo estoy más tranquila.
Cuando estaba en tercer año me descubrí siendo comunista o símil, sin terminar de entender bien qué era. El fascismo pronunciado de un profesor de cívica (jefe de un movimiento político nazistoide, el derechista nacionalista constitucional) me terminó de moldear en un espectro que -iba a saber más tarde- se denominaba izquierda. Dejé de ser hereje cuando supe que era atea y empecé a leer lo que caía en mis manos.
-A Lalo le va rebien, es uno de los que veo cada tanto. Cuatro hijos tiene... ¿sabías que es policía?
Cuando terminé quinto año fui a la marcha de la multipartidaria, escapada de la vista de mi viejo que me hubiera matado antes que dejarme ir. Nunca había estado en ninguna manifestación, nunca había visto un carro de asalto y jamás había respirado gases lacrimógenos. Ese día murió Dalmiro Flores en la represión y yo me llevé el susto más grande de mi vida, aumentado al día siguiente cuando leí la noticia. Creo que mi papá algo sospechó, porque empezó a marcarme más de cerca.
-Betty (y sí, soy del '65, en mi generación había esos nombres) se casó con un un tipo de los medios, ¿viste? resulta que están re bien. Él es uno de los directivos de la Editorial Atlántida.
En 1979, ante la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, convocados por las denuncias de graves violaciones a los derechos humanos cometidas por el régimen militar y atentos a las campañas de las organizaciones en el exterior, la revista Para Tí contraatacaba editando unas postales, en lugar de sus habituales fichas de cocina, serie publicada bajo el rótulo "Defienda su Argentina".
Me habló de Adrián, que estaba pelado y de Martín que tiene un negocio de colchones. De los viejos tiempos, de reencontrarnos, de saber unos de otros. Me contó que el grande de Roxana había empezado el CBC pero se fue despavorido. En la Universidad de Buenos Aires hay tanta política, tanto zurdaje. Mejor que los chicos no estén en nada.
Yo escuchaba sabiendo que esta vez estaba en otro termo. Cuando Claudia S. había hablado unos minutos, yo había preparado un incontestable "justo ese día tengo un asado en una quinta", que no me hacía quedar mal y era más amable que mi desaparición ante Ceci. Pero a medida que la conversación iba avanzando, sentía -de nuevo- esa sensación de odio, esa irascibilidad que me mete todo el tiempo en tantos problemas.
Cuando me preguntó sobre mi vida le dije que mejor desde que me estaba recuperando de una enfermedad complicada (apenas dejé asomar el concepto "transmisión sexual" una sola vez, como cediendo ante su curiosidad) y que vivía en pareja con otra mujer, pero que sólo estaba probando a ver qué onda. Hizo una exclamación y recién en ese momento me acordé de su cara completa, cuando una vez, saliendo de un hospital donde habíamos ido a vacunarnos, una vieja se nos acercó pidiendo una moneda. Ella dijo de una manera contenida "no tenemos" y agregó inmediatamente por lo bajo: "qué asco". La vieja iba llorando.
La conversación no iba a durar mucho más. Estoy segura de que no volverá a llamarme y de que la promoción 77 del primario, cuando se junte el sábado que viene después de treinta y dos años, va a comentar regodeándose sobre algunas noticias divertidas. Brindarán con champán y agradecerán nuevamente pertenecer a nuestra castigada pero heroica clase media que sostiene con su trabajo y con su familia la persistencia de los valores tradicionales: la amistad, la honestidad, la bondad humana.
Pero lo que me acaba de pasar no lo voy a poder remontar nunca. Tengo cuarenta y cuatro años. "Casi cuarenta y cinco", dice la guacha de mi hija para provocarme, lo que en un cálculo fácil indica que terminé la primaria hace treinta y dos años. Treinta y dos años atrás yo andaba por mi primer vida (calculo que voy por la cuarta),
[un colegio privado de colectividad (es decir, un termo adentro de otro), una infancia olvidable, un altillo con cosas viejas, una hermana molesta y una timidez que lindaba con el autismo. Mis doce en el 77, el miedo familiar de una clase media inmigrante que no veía por qué meterse a opinar sobre nada, mi tío viendo inexorablemente "Combate" a la hora de la cena, el diálogo bilingüe en la mesa. El 24 de marzo del año anterior grababa de la radio, con un flamante y novedoso grabador que mi viejo había traído, el discurso de Videla, presintiendo que era un momento histórico. En la misma cinta, Lalo había grabado a escondidas unas groserías que jamás en mi vida había escuchado, y que claro, yo rebobinaba una y otra vez, escuchando intercalados el Comunicado Número Uno de la Junta con una versión guarrísima de "A media luz"].
y tenía una compañera que apenas recuerdo que se llamaba -se llama, acabo de confirmarlo- Claudia S. Recuerdo de ella unos ojos y un pelo negrísimos y hermosos.
-Hola, Gra? Soy Claudia S., de la primaria ¿te acordás de mí?
Silencio de radio. Yo apenas me doy cuenta de lo que pasa, pero la parte más intuitiva -y más instintivamente fóbica- de mí sólo quiere huir. Yo, como creo que a los instintos hay que atenderlos, busco la forma y en un primer impulso se me ocurren simultáneamente las cosas más pelotudas para responder ("no mirá, sufrí un accidente y no me acuerdo ni de mí"; "¿Claudia? ¡¡sos vos, cretina!! te estuve buscando por todos lados"; "¿primaria? si yo la primaria no la hice porque estaba en un instituto de menores"), o hacer (cortar; romper el teléfono; fingir que algo tremendo pasa haciendo ruidos terribles), pero lo pienso mejor y respondo, sensatamente:
-Sí, claro que me acuerdo... ¡¡que increíble!!
Siguió una verborragia por su parte que incluía un listado de nombres, oficios y trabajos -algunos dignos de mencionar como gerente en una multinacional o médico-, matrimonios e hijos de ella y otros, éxitos varios, intercalados por breves "qué increíble"s míos, que no hacían sino aumentar el entusiasmo de Claudia S. por seguir contándome de Carlitos, que vive en Miami y le va tan bien.
En el '78 al flaco lo secuestró el grupo de tareas de Guglielminetti y yo promediaba mi primer año de secundaria cantando veinticinco millones de argentinos, con la alegría de un pueblo feliz y pacífico. En el Banco, donde lo tenían secuestrado, los milicos alternaban -siempre haciendo patria- el festejo de los goles con la picana. En mi escuela la foto de Videla nos observaba a diario. Unos años después su foto fue reemplazada por la de Viola, y así.
-Ay, te separaste, qué lástima.
-A mi nena la estoy mandando al sacrosantísimo de la reverenda, ¿viste? Es un ambiente tranquilo, sabés quiénes son sus compañeros, yo estoy más tranquila.
Cuando estaba en tercer año me descubrí siendo comunista o símil, sin terminar de entender bien qué era. El fascismo pronunciado de un profesor de cívica (jefe de un movimiento político nazistoide, el derechista nacionalista constitucional) me terminó de moldear en un espectro que -iba a saber más tarde- se denominaba izquierda. Dejé de ser hereje cuando supe que era atea y empecé a leer lo que caía en mis manos.
-A Lalo le va rebien, es uno de los que veo cada tanto. Cuatro hijos tiene... ¿sabías que es policía?
Cuando terminé quinto año fui a la marcha de la multipartidaria, escapada de la vista de mi viejo que me hubiera matado antes que dejarme ir. Nunca había estado en ninguna manifestación, nunca había visto un carro de asalto y jamás había respirado gases lacrimógenos. Ese día murió Dalmiro Flores en la represión y yo me llevé el susto más grande de mi vida, aumentado al día siguiente cuando leí la noticia. Creo que mi papá algo sospechó, porque empezó a marcarme más de cerca.
-Betty (y sí, soy del '65, en mi generación había esos nombres) se casó con un un tipo de los medios, ¿viste? resulta que están re bien. Él es uno de los directivos de la Editorial Atlántida.
En 1979, ante la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, convocados por las denuncias de graves violaciones a los derechos humanos cometidas por el régimen militar y atentos a las campañas de las organizaciones en el exterior, la revista Para Tí contraatacaba editando unas postales, en lugar de sus habituales fichas de cocina, serie publicada bajo el rótulo "Defienda su Argentina".
Me habló de Adrián, que estaba pelado y de Martín que tiene un negocio de colchones. De los viejos tiempos, de reencontrarnos, de saber unos de otros. Me contó que el grande de Roxana había empezado el CBC pero se fue despavorido. En la Universidad de Buenos Aires hay tanta política, tanto zurdaje. Mejor que los chicos no estén en nada.
Yo escuchaba sabiendo que esta vez estaba en otro termo. Cuando Claudia S. había hablado unos minutos, yo había preparado un incontestable "justo ese día tengo un asado en una quinta", que no me hacía quedar mal y era más amable que mi desaparición ante Ceci. Pero a medida que la conversación iba avanzando, sentía -de nuevo- esa sensación de odio, esa irascibilidad que me mete todo el tiempo en tantos problemas.
Cuando me preguntó sobre mi vida le dije que mejor desde que me estaba recuperando de una enfermedad complicada (apenas dejé asomar el concepto "transmisión sexual" una sola vez, como cediendo ante su curiosidad) y que vivía en pareja con otra mujer, pero que sólo estaba probando a ver qué onda. Hizo una exclamación y recién en ese momento me acordé de su cara completa, cuando una vez, saliendo de un hospital donde habíamos ido a vacunarnos, una vieja se nos acercó pidiendo una moneda. Ella dijo de una manera contenida "no tenemos" y agregó inmediatamente por lo bajo: "qué asco". La vieja iba llorando.
La conversación no iba a durar mucho más. Estoy segura de que no volverá a llamarme y de que la promoción 77 del primario, cuando se junte el sábado que viene después de treinta y dos años, va a comentar regodeándose sobre algunas noticias divertidas. Brindarán con champán y agradecerán nuevamente pertenecer a nuestra castigada pero heroica clase media que sostiene con su trabajo y con su familia la persistencia de los valores tradicionales: la amistad, la honestidad, la bondad humana.
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05 diciembre 2009
Un mundo de fantasía
Las fantasías homicidas son muy útiles a la hora de pretender un momento de relajación. Ella, el vecino imbécil que tengo, el verdulero -el gordo, no el de bigotes- que me pone los tomates reventados, la pendeja esa que me manda cadenas de mails, Baby Echecopar y sus equivalentes, el perro del vecino imbécil que tengo (fantasías perricidas tengo muchas también, todo el tiempo).
Otro orden de fantasías, se sabe, son las eróticas. También recomendables para relajarse, o todo lo contrario, sumamente apropiadas en casos de insomnio, neuras o burdo aburrimiento. O sencilla -o compleja- mente puro y concreto deseo.
Aunque decir deseo concreto también es medio oximorónico (anotando, chicos de la RAE), porque ¿cómo habría de ser concreto algo tan etéreo como el deseo? Deseo es un chico que provoca tanto a la fantasía como la realidad. Y ambas, las chicas, juegan con él.
Con las eróticas, yo también creo que es bueno que la fantasía sea fantasía y la realidad realidad. Porque puede ser delicioso imaginar que una persona se coló en mi casa con ánimos oscuritos, pero convengamos que si alguien llega a entrar de sopetón posta, lo último que haría sería abrir las piernas, con perdón de la guarrada.
Aunque Sartre diga (pah, vó, es que toy intelectual y te lo digo en uruguayo) que lo imaginario posee materialidad, esa materialidad (lo dice él también, no es que se lo esté afanando) no es igual que la propia materialidad de lo real. Yo sí le agrego un "por suerte", por el bien de la convivencia social. Porque pongámosle por ejemplo la fantasía de poder: la gente que suele tener fantasías de ocupar espacios de poder (que no se toma, decía Foucault -sí, sí, hoy el cognac me pegó así- sino que se ejerce en cualquier relación social) en general es gente jodidita. Porque no es que piensa en un poder socializado (como cantábamos -ay, qué pelotudos- en el PI: socializar la riqueza, la cultura y el poder) sino en un poder para joderle la vida al prójimo (y como en la Sagrada Biblia, en los Edictos policiales, en la Constitución o en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre -parece que las minas zafamos- no dice nada acerca de joderle la vida al prójimo), y entonces es mejor que quede en el orden de la fantasía. Lograr "ese" puesto, estar en "ese" lugar o tener "esa" fama suelen ser pretensiones de gentes inescrupulosas.
"Que tus fantasías se hagan realidad" podrá tener buena prensa, pero pensémoslo. Con la realidad (iba a decir con la puta realidad, pero queda medio feo) alcanza y sobra.
Xul Solar, Puerto Azul - 1927
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18 octubre 2009
Movimientos
Domínguez decía MUA estirando las vocales y mirándonos, mirándome a mí y a mis piernas, a Silvina y a sus piernas.
Hace un segundo miré frente a mí sobre la pantalla, la imagen se superpuso al calendario, irrumpió como si alguien la invocara esa imagen MUA, movimiento uniformemente acelerado, y Octubre en negrita, October más pequeño, sin negrita. Y arriba chiquito, oscuro y pesado como un pisapapeles de nuestros papeles viejos, 2009. Cosas que escribió la enana, ví también, un círculo en la fecha de su próximo cumpleaños, carajo, los próximos cumpleaños. Un típico movimiento uniformemente acelarado, decía Domínguez caminando lentamente por el aula con las manos en la espalda, es la caída libre, y lo odiábamos. Caída libre: vaya oxímoron.
Lo detestaba porque estiraba las vocales y nos miraba las piernas a Silvina y a mí. Y porque quería imponerse y disciplinar y porque era un hijo de puta. Quería que se muriera, que se cayera por las escaleras como aquella vez que lo ví caerse frente a mí y largué la carcajada, y corrí espantada rogando sin éxito que no me haya reconocido, pero esta vez observarlo desnucado, yo impertérrita.
Y entonces ahora mismo, en este instante, la velocidad constante es esa ballena de mierda del calendario que tengo frente a mí sobre la pantalla que me muestra además Septiembre September que permanece persistente pese a que dejó de existir y sin embargo ahí está, con las marcas pasadas "prueba de lengua, cumple de la titi" de la misma pero distinta enana, como si eso existiera todavía más allá de ella, de mí -de nuestras memorias- y de ese puto calendario.
Por qué exclusivamente las ballenas, si nadie está a salvo.
Y es como si lo viera frente a mí ahora pronunciando MUUUUAAA y mirándome las piernas y diciendo con la misma cadencia SEPPPTIEMBRE, apretando los labios en pt, repugnantemente libidinoso, imperativo, impune. La vida misma, en caída libre el movimiento uniformemente acelerado que seguramente lo habrá hecho reventar, también a él, contra el duro piso del final.
Caída libre.
Uhuuuu.
Hace un segundo miré frente a mí sobre la pantalla, la imagen se superpuso al calendario, irrumpió como si alguien la invocara esa imagen MUA, movimiento uniformemente acelerado, y Octubre en negrita, October más pequeño, sin negrita. Y arriba chiquito, oscuro y pesado como un pisapapeles de nuestros papeles viejos, 2009. Cosas que escribió la enana, ví también, un círculo en la fecha de su próximo cumpleaños, carajo, los próximos cumpleaños. Un típico movimiento uniformemente acelarado, decía Domínguez caminando lentamente por el aula con las manos en la espalda, es la caída libre, y lo odiábamos. Caída libre: vaya oxímoron.
Lo detestaba porque estiraba las vocales y nos miraba las piernas a Silvina y a mí. Y porque quería imponerse y disciplinar y porque era un hijo de puta. Quería que se muriera, que se cayera por las escaleras como aquella vez que lo ví caerse frente a mí y largué la carcajada, y corrí espantada rogando sin éxito que no me haya reconocido, pero esta vez observarlo desnucado, yo impertérrita.
Y entonces ahora mismo, en este instante, la velocidad constante es esa ballena de mierda del calendario que tengo frente a mí sobre la pantalla que me muestra además Septiembre September que permanece persistente pese a que dejó de existir y sin embargo ahí está, con las marcas pasadas "prueba de lengua, cumple de la titi" de la misma pero distinta enana, como si eso existiera todavía más allá de ella, de mí -de nuestras memorias- y de ese puto calendario.
Por qué exclusivamente las ballenas, si nadie está a salvo.
Y es como si lo viera frente a mí ahora pronunciando MUUUUAAA y mirándome las piernas y diciendo con la misma cadencia SEPPPTIEMBRE, apretando los labios en pt, repugnantemente libidinoso, imperativo, impune. La vida misma, en caída libre el movimiento uniformemente acelerado que seguramente lo habrá hecho reventar, también a él, contra el duro piso del final.
Caída libre.
Uhuuuu.
29 septiembre 2009
Pecado, redención y después
Mal que nos pese a algunos, qué persistente el capitalismo. Ante cada nueva crisis global respondió doblando la apuesta. Habrá que reconocer, también mal que nos pese (¿será ésta la era del mal que nos pese?), que ha logrado ser flexible frente a la rigidez o ineficacia de los socialismos realmente existentes o como se dieran en llamar, ante sus crisis: anduvo intentando, probando distintas alternativas, como apostando tramposamente siempre a ganador sin que veamos la trampa, cayendo y levantándose, recomponiéndose, tantenado y cayendo parado, o casi: así, combinó altos grados de intervencionismo estatal con gobiernos más o menos democráticos; modelos de mínima intervención en la economía con democracias más o menos restringidas y gobiernos con mayor o menor legitimidad; totalitarismos y autoritarismos varios; mayores representaciones sociales, tiranías.
Sistemas y situaciones representados, jugados, dirimidas sus relaciones de poder entre distintos actores sociales, partidos políticos, movimientos sociales, personas. Otra vez la gelatina, González.


En fin, toda una maraña que combinándose de tales o cuales maneras, rescató (mejor o peor, pero hasta ahora viene haciéndolo) al capitalismo de sucumbir, cada vez que estuvo -o pareció estar- a punto de.
Yo no lo inventé, y si suena marxista me perdone Alá, pero la cosa en común que tiene cada uno de los resultados de esas combinaciones es que persiste en todas ellas la forma, el modo en que se producen los productos, valga la redundancia, para que las sociedades subsistan, es decir, se reproduzcan a sí mismas. Lo característico del capitalismo -y para no tener que pedir perdón de nuevo guait a mínut, que el que hablaba de esto antes que Karlitos era Adam Smith (Adancito vendría a ser)-, es que como todas las cosas se compran o se venden, pa comprar hay que vender, cosas del intercambio, mire vea. Y habemus algunus que nada más que nosotros mismos tenemos para vender, para alguien a quien le interese comprarlo.
Hay otro sector social, otra clase, que posee lo que se llama -Jehová me ampare si suena de izquierdas- la propiedad privada de los medios de producción.

Lejos de querer sugerir que todo es lo mismo, hay una condición material común en la socialdemocracia europea, el fascismo italiano, el peronismo, la nueva izquierda latinoamericana, la nueva derecha europea, el imperio yanki, el nazismo, las dictaduras del cono sur, las democracias representativas o plebiscitarias, las representaciones de los nuevos movimientos sociales.
-Tú, que posees la propiedad, serás propietario.
Vos callate.
Los anarcos la hacen corta y dicen la propiedad es el robo. Yo digo con ellos y vaya pequeña venganza de quienes nada tienen, ver tanta inversión en rejas y pastillas para dormir.
El capitalismo nace de un pecado original, decía, de nuevo, Lord Voldemort.
Y además está la gente, las cosas que pasan, las coyunturas, los desastres naturales, la idiosincrasia de los pueblos. El contexto internacional, está y también si Cris es más linda que Bachelet pero menos popular. Está si el precio del petróleo aumenta y que sigamos produciendo soja y la renta diferencial de la tierra. (Las pampas, las vacas, batatas, papas, calabazas, nada más, nada para armar, nada para arrancar, a plantar, a plantar, las pampas darán pan, nada más falta... aaah, ¿habrá atrás más trampas? Mañana habrá más papas, más batatas, más pampas, vacas para pastar las pampas, nada más habrá mañana).
Que haya sido el peronismo, en este país, que siga siendo. Que seamos tan argentinos y tan machos y la tengamos tan grande, también está y la izquierda devastada en todo el mundo y acá una y cien veces, y nuestro pasado tremendo.
Aclarar que es la regla y no la excepción del capitalismo esta inequidad de base puede sonar hasta ocioso.
Pero es cierto también que las sociedades pueden ser más o menos injustas y que la diferencia hace al vivir o morir, que la democracia es el mejor sistema que el capitalismo puede ofrecernos y que no se trata solamente de votar y otras cuestiones formales, sino de una convivencia lo mejor posible, dentro de un estado de derecho naturalmente injusto, ante el cual sólo el Estado puede atenuar tanta desigualdad, garantizando el bienestar de su población y de toda ella. No de sus ciudadanos exclusivamente, categoría tramposa que hoy dejaría afuera a cerca del 30% de la población de nuestras regiones. De todos, trabajen o no, tengan o no documentos, sean o no nativos, sepan o no leer. Garantizar su vida, primero, y sus derechos.
Y eso, no jodamos, no lo logró el capitalismo. Produce y no cura la miseria. Nuestros desintegrados crecen y hacen parecer a nuestra asustada burguesía, un paraíso aquel aluvión zoológico del 45. Aquellos negros venían peinaditos, por lo menos. Este aluvión asusta más, además, porque no irrumpe. Se agazapa, amenaza, se queda y gana espacio allá, en los márgenes.
En los suburbios. Allí abajo, o arriba, paradoja de las favelas en los morros y su vista incomparable del mar. Quizás la justa venganza de los pobres o una compensación cósmica que nivela lo material con lo inmaterial, lo artificial con lo natural, lo feo con lo bello, el smog y el aire diáfano.
La furia de los ricos, la consternación de los estúpidos, la incertidumbre idiota de los bienintencionados.
-Pues que es una linda ciudad Rio de Janeiro, lástima que Brasil sea un país tan mal administrado.
Nadie dice que así quede, lo político, los conflictos, siguen sus cursos, los "hilos sociales del poder" se tejen a partir de estas realidades concretas y sujetos más o menos existentes se dirimen en ellas, con mayor o menor protagonismo y éxito, sin certezas de rumbos, sin el Partido o la Revolución, o el Duce o el Mercado pero también sin Fin. Sí quizás con Historia y sin un gran Nosotros.
El pasado no ha muerto. Ni siquiera ha pasado, decía Faulkner. ¿Pero el futuro?
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01 julio 2009
Irregularidades
Suerte que ya odiaba las simetrías cuando me di cuenta de que las cosas en la vida no son parejas. Que no es que te saca por un lado y te da por otro, o que todo vuelve (nada vuelve, todo siempre va para cualquier lado) o que desafortunado en el juego o al mal tiempo.
Así no busco causalidades donde sólo hay azares, no desperdicio instantes en pensar cuánto dí o cuán egoísta fui para merecer algo que ahora ostento o sufro, aunque parte de lo que tenga o carezca, lo merezco.
Menos mal que aborrecía las definiciones y pude estar tranquilamente desprevenida contra fundamentalismos, determinismos, basismos, sexismos, ortodoxias, convencionalismos y no desperdiciar tiempos vanos. Peleas inútiles, broncas evitables, desamores profundos. La oscilación entre el compromiso y el desentendimiento, la elección cruda y con sacrificios. Lo mío habrá de ser el gris, lo ambiguo. Y quizás deba sentirlo (disculparme, digo). El disfrute, extrañamente, se me hace en gama de grises.
Qué bueno que el mandato es mínimo y un poco edonista, hasta donde se pueda porque está la enana y las putas cosas de la vida y cierto deber ser, escaso él pero prepotente y tirano, aunque no tanto como para no suprimirlo un poquito, ni dejar de ser conciente de los límites que por imperio social y cultural preexisten. Pero qué más da.
Imposible pensar que lo inmediato es lo único existente porque en el diccionario está la palabra trascendente, y otras tantas palabras parecidas que no estarían si no quisieran aludir a algo existente. Antes y después que nosotros y nuestras circunstancias está la palabra trascendente en el diccionario y en otros lugares del mundo y de las vidas. Y está la palabra inmediato, también, que a veces puede ser leve y a veces no, que tiene peor prensa pero está acá y es la certeza.
Nuestros años nos transcurren entre asimetrías, indefiniciones, grises e inmediateces. Habrá que acostumbrarse, que lo parió.
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