Cuando ves tu mano algo arruinada y un poquito más sabia, como sin querer escribiendo en una hoja. Escribir en papel, o un solo lápiz son un viaje al pasado, tu mano tomando el lápiz es un viaje al pasado. O tu mismo blog cuando pusiste esos primeros post, sólo por reírte con Laurinha poniendo a Rafaela.
[Naah, política no, ni pareceres. Nada de seriedad, puro hedonismo y hasta que dé. Sí juegos de palabras, la batata macabra o los oxímoron, sí contemporaneidades, la vida en los ochentas, quizás nunca este texto. Música vieja y linda, unos pocos amigos viejos, algunos nuevos -los nuevos virtuales, se entiende-, otros que se rescatan de las telas de araña del pasado, porque otras redes en estas eras te cruzan de nuevo]. Y no.
[Naah, política no, ni pareceres. Nada de seriedad, puro hedonismo y hasta que dé. Sí juegos de palabras, la batata macabra o los oxímoron, sí contemporaneidades, la vida en los ochentas, quizás nunca este texto. Música vieja y linda, unos pocos amigos viejos, algunos nuevos -los nuevos virtuales, se entiende-, otros que se rescatan de las telas de araña del pasado, porque otras redes en estas eras te cruzan de nuevo]. Y no.
Aquello es otra cosa hoy, otra cosa va a ser esto mañana, distinto de antaño cuando el mundo era rojo y tan rápido, o de ayer cuando dije "ya nada me conmueve". O de hoy, cuando como Pessoa, no puedo querer ser nada. Aparte de eso.
Los otros irrumpen y te cambian. Otros son temas y personas, artefactos y sentires. Otras historias que creías olvidadas, perdidas. O inútiles. Un laburo, un amigo, una persiana que cierra mal, un gato abandonado te cambian. Tu mamá muerta, un aborto, encontrar una piedra de la suerte, que te sorprenda un deseo en lo prohibido, sentirte poderosa, tener una hija. Pisar mierda o tener a Tita de vecina. Dejar de creer en Dios, cruzarte con alguien un segundo y conversar toda una noche con un desconocido que no volverás a ver. Un intento de robo, soñar con tu abuela, un cancionero adolescente. La lágrima de una señora mayor te cambia. Tener un auto te cambia, te cambia querer en algún momento de tu vida dejar de querer ser más bueno y cosas de ese estilo tan inocuas.
Los otros irrumpen y te cambian. Otros son temas y personas, artefactos y sentires. Otras historias que creías olvidadas, perdidas. O inútiles. Un laburo, un amigo, una persiana que cierra mal, un gato abandonado te cambian. Tu mamá muerta, un aborto, encontrar una piedra de la suerte, que te sorprenda un deseo en lo prohibido, sentirte poderosa, tener una hija. Pisar mierda o tener a Tita de vecina. Dejar de creer en Dios, cruzarte con alguien un segundo y conversar toda una noche con un desconocido que no volverás a ver. Un intento de robo, soñar con tu abuela, un cancionero adolescente. La lágrima de una señora mayor te cambia. Tener un auto te cambia, te cambia querer en algún momento de tu vida dejar de querer ser más bueno y cosas de ese estilo tan inocuas.
Todos somos otros, todos nosotros somos otros. Con juegos de palabras, también, como entonces, y entonces uno es otro y es el mismo, una es otra y es la misma (construcción impensable en un viaje al pasado) y es otra de los otros, que cambiarán con uno.
Las cosas tienen movimiento. Mirá sí no, estos pibitos.
Estos y otros otros fueron cambiando mi vida, mis otros pasados,
Las cosas tienen movimiento. Mirá si no, estos pibitos ahora.
Me cambió entonces y ahora y pienso -sin parar, pienso- para cuándo la paz. Si la paz fuera, que no sé, dejar de cambiar a cada rato.
Las cosas tienen movimiento. Mirá sí no, estos pibitos.
Estos y otros otros fueron cambiando mi vida, mis otros pasados,
Las cosas tienen movimiento. Mirá si no, estos pibitos ahora.
Me cambió entonces y ahora y pienso -sin parar, pienso- para cuándo la paz. Si la paz fuera, que no sé, dejar de cambiar a cada rato.
