A Güi, compañera de birras y filosofías baratas.....
Lo cierto es que me equivoqué, porque pensé que Claudia S. jamás volvería a llamarme. Pensé que escandalizándola desaparecería, como suele esfumarse de nuestras vidas la gente que piensa pobres de nosotros, siempre tan equivocados (sépase que si bien no pretendo "tener la razón", tampoco acepto que mi vida sea un error, caramba). Así perdí parientes, amigos de otras vidas, algún que otro novio. Mi prima Silvia la pánfila insiste, pero porque la han convencido de haber heredado el don de la bondad humana, con cuya impronta cualquier desviación puede ser reencaminada, hasta la de drogarse (eufemismo familiar por fumarse un porrito) que -tras el escandálo de "saberlo"- se concluye sabiamente con que es mejor que morirse o tener cáncer.
Y todo el escándalo por contestar el teléfono.
Parece -me pareció cuando volví a hablar- que Claudia S. también cree tener el don. Yo creo que viene de la iglesia, pero honestamente no me he detenido a pensarlo: la gente que se cree buena (no la que ES, que la hay, sino la que SE CREE), se cree buena samaritana... En realidad es más bien una pregunta: ¿la gente se cree buena porque cree que puede ayudar al prójimo? me encantaría saberlo. Como no lo sé, y la inconsciente de mi hermana me espetó, impertérrita: "el teléfono tuyo a Claudia S. se lo di yo, no te jode ¿no? ah, ¿te dije que era evangelista?", tiendo a creer que la iglesia algo tiene que ver. Con perdón a los creyentes (los que creen en la iglesia, digo, que los que sólo creen en Dios no se verán damnificados por este humilde post), yo creo que la iglesia nos hace mucho daño (y no me pongo monotemática hablando de la dictadura, la complicidad y esas yerbas...).
Lo cierto que no sé para qué mierda tengo un identificador de llamadas, si cuando suena el telefóno atiendo (y de nuevo, apenas el "¿hola?" de mi interlocutora resuena del otro lado del tubo me revela un peligro inminente) y me doy cuenta ya tarde de que no debí haberlo hecho.
Si cuando escucho "¿Gra? por fin te encuentro" me viene a las neuronas días y días de leer en el ID ese puto 4566 nosecuánto nosecuánto y nunca preguntarme si era alguien que me buscaba, nunca buscar en el putisimo telexplorer quién carajo estaba tratando de ubicarme, nunca pensar coherentemente que la vida está llena de peligros. Y anotar en el ID, para cuando llame, que la que llamó cuatro veces por día es, efectivamente, Claudia S.
Y Claudia S., después de dedicarle dos minutos al tema de que nunca-te-encuentro-en-tu-casa y de sorprenderse (nuevamente) porque "no tengo celular", me habla de lo linda que fue la reunión pasada con los ex compañeros de primaria, me recrimina por lo difícil que es encontrarme y me reta con tal autoridad que a su mínimo pedido de una dirección de correo, le dicto: "ca guión bajo graciela....". Y se la dicto correctamente, ni una letra de más, como cuando el Edgar llamó por el cumpleaños de Ceci.
El listado de mails que me fue llegando a continuación con cadenas, las invitaciones a visitar Armenia o las precauciones que tenemos que tener antes de darle la mano a un extraño, me han convencido de darle de baja a esa dirección. Pero sé igual que es inútil. Claudia volverá a encontrarme. Me mandará fotos de cuarentones pelados, de señoras con niños y adolescentes, de fiestas de casamientos y brindis con champán en los que lamentarán -y se jactarán, secretamente- de que Gra no haya ido.
En fin
