Hace mil años vivíamos en otros mundos en los mismos breves presentes, aunque parezca al revés.
Diez, quince años, son mil años y siguen siendo breves presentes, pero vividos en otros mundos.
No recuerdo época en mi vida en que no me acompañara de forma persistente la conciencia de lo efímero y minúsculo de nuestras vidas, pobres almas tiradas a vivir en estas épocas y en estos lugares (así se iba a llamar este blog, Pobres Almas, pero suena triste, melancólico y oscuro, y no era el ánimo).
Bueno. En realidad entré porque esta encuesta va tan en la línea de la Sociología de mercadito que me acordé de este blog.
Y porque quería saber quién era yo hace mil años, porque nosotres, les de entonces, ya no somos les mismes.
Signos de una época, de una edad. El hoy fugaz, sus antes y después. Estos días, estas gentes, aquellos mundos posibles.
31 diciembre 2019
08 marzo 2015
22 febrero 2015
09 febrero 2014
Pre FB
Yo siempre lo tomo como un privilegio, porque por más que el motivo y su efecto sean en un algo indeseables (el puto paso del tiempo), no deja de ser un privilegio. Sobre todo haber sido testigo (porque el tiempo también suele pasar al pedo, tanta gente ve una de diferentes edades a quienes el tiempo les ha pasado como la lluvia y sólo se alteran y afean -o resisten- físicamente).
Las generaciones suelen estar condicionadas por sus particularidades, la coyuntura en las que les tocó existir, la incidencia o no que ha tenido sobre ellas y recíprocamente (por eso hay "generaciones del" que han sido significativas en diversos ámbitos: intelectuales, culturales, políticos, a diferencia de otras que sólo han transcurrido).
De cualquier modo podríamos -rigurosamente dentro de los marcos de la sociología de mercadito- inventar tantas "generaciones del" (o si ya están inventadas usufructuarlas, con permiso) como quisiéramos, sobre todo en esta época de cambios tan rápidos en lo cultural y de sano irrespeto por los derechos de autor, cuando se puede.
Cuando éramos chicos (en los setenta, debo confesar), nos jactábamos ante nuestros mayores de haber nacido con televisión, "¿cómo hacían para divertirse con la radio"? preguntábamos divertidos quienes accedíamos a cuatro canales de televisión por aire, en blanco y negro y de 9 a 24, creo recordar. También solíamos pasar a recolectar amigos puerta a puerta y con nuestras bicis -la mía rodado 16- para andar toda la tarde por las veredas del barrio.
Es difícil transmitir eso a las generaciones posteriores.
Los mundos sociales y culturales se alteraron. Los mundos lúdicos se alteraron, las comunicaciones. Las relaciones personales, las prácticas sexuales, la economía, la opinión pública, los mecanismos de control, las prácticas de resistencia. Se alteró la educación, la transmisión, el deseo y sus formas de nunca satisfacerlo. Todo se alteró y miramos, todo es un remolino y nosotros absortos.
Hay gente de mi generación a quien le da igual, los peores. Quienes resisten desde la ignorancia o la indiferencia, como si vivieran en un mundo propio suspendido en la base de sus propias demandas. Todo cambió, todo se modificó, y ellos siguen inertes, extemporáneos.
Hay que identificar dónde hay rupturas y dónde continuidades en los procesos sociales, qué cosa es parte de lo mismo y qué viene realmente a romper un paradigma, una forma de hacer las cosas, un conjunto de relaciones existentes vinculadas, una cosmovisión definida sobre la realidad.
Los cambios en la comunicación son prepotentes y producen -y reproducen- prácticas sociales acordes. Nos vinculamos con los demás de formas distintas, trabajamos distinto, vivímos distinto.
Qué de eso forma parte del mismo proceso y a qué nivel opera.
Por ejemplo, recuerdo cuando supe que un archivo se podía mandar por mail. Yo vivía en Villa del Parque y complementaba mi triste salario docente transcribiendo apuntes del CBC que llevaba en bici al populoso barrio de la Boca, donde estaba la imprenta. Llegaba muriendo con los 35 grados del calor de febrero con los disquetes con el laburo hecho, para retirar los cassettes con el audio de las clases grabadas. Y había que volver.
El mundo del envío de archivos (más que los mails o poder navegar levemente, por esa época), por ejemplo, fue un antes y un después en el uso material -nunca mejor nombre- de la novedosa Internet.
Las formas de comunicación comercial, laboral, profesional, fueron alterándose rápidamente y eso significó, al menos, un cambio en algunas prácticas, si bien la persistencia de las tradicionales no deja de ser sorprendente (es extraño que existiendo en la actualidad condiciones óptimas para llevar a cabo determinados trabajos a distancia, se persista no solamente en la demanda presencial del trabajador, sino además, en un horario y cronograma tradicional, como si nada nunca hubiera sucedido, reproduciendo el estrés a que nos somete una realidad -que empeora, además- de tránsito, personas, horarios pico y maltratos).
Más allá de la paulatina hegemonización y masivización de las formas de comunicación y de su incidencia en las formas de llevar adelante prácticas específicas, no fue sino hasta la aparición de FB que ese cambio llegó a lo doméstico, a lo cotidiano y personal.
FB, él sí, propone un cambio de paradigma en las relaciones, no solamente en la forma de comunicación sino también en las prácticas sociales específicas.
(Aclaración: como este anotando se exime de analizar estas cuestiones desde la óptica de la sociología tradicional -sea cual ésta fuera-, se permite establecer una hipótesis del tipo "me da la impresión de que").
A mí me da la impresión de que el FB acciona a otro nivel, y por eso me permito reconocerme partícipe de una "generación pre-FB". No por franja etaria, ya que una de las características más impresionantes del FB es que rompió con una barrera de edad y mucha gente que nunca antes se había acercado a la utilización de recursos tecnológicos, comenzó a aprender FB, a utilizarlo. Una generación pre-FB porque cierta razón de existencia de FB nos deja afuera, a quienes nos deje, y paso a explicar.
El FB opera en una dimensión social-personal y pública, sobre todo pública. No creo que haya existido otra concepción de lo público -o mejor, otra relación entre lo público y lo privado- similar a esta que propone el FB, esa especie de intersección que no tenía modo de existencia anterior, porque no existía, por ejemplo, una plataforma capaz de mostrarle mi única foto a un montón de gente, incluso desconocidos o peor: conocidos de conocidos. Esa dimensión propone necesariamente formas sociales distintas, propone una ruptura en las relaciones sociales tradicionales en cuanto a su sustento en las formas materiales. Habría que preguntarse en función de estas relaciones sociales (desde la SM nos preguntamos) cuánto del "mundo FB" tendría sustento en esas "formas materiales" o sencillamente conforman exclusivos espacios de afinidad electiva cuyo soporte está dado por el "share" y la exhibición.
La generación de los que fuimos chicos en los setenta vivió en nuestros países una época loca, de tiros líos y cosha golda, un agite agite posta, no un agitecito como estos que horrorizan a nuestras mal acostumbradas y peor educadas clases medias propietarias y prepotentes. Agite que significaba miedo miedo miedo miedo intenso de mirar el diario, miedo de las caras de nuestros padres, miedo de ir a la escuela, de la maestra. Generación que fue adolescente sobre el final de la dictadura y su primera transición, que fue testigo del cambio político más importante que tuvimos como país, entrando a montones a las universidades, militancias barriales o universitarias o sociales (conociendo allí mismo a los otros militantes, los "viejos", los que venían de la repre), el mundo a nuestros pies, aunque persistiera el miedo y persistió hasta no hace tanto, es difícil transmitir eso. Una vez me llamaron por teléfono a las 3 de la mañana (ya habían convocado a elecciones) al departamento que compartía con una amiga, felicitándome por la pintada que habíamos hecho en el paredón de José María Moreno. Es cierto que estaba linda, pero nos moríamos de miedo, todavía no tenía 20 años. Eran habituales los llamados, los autos cerca, estilo "Pensé que se trataba de cieguitos". Siempre hablábamos de los servicios, así, los servicios. No sé por qué no hablamos hoy de los servicios, si siguen existiendo, pero en esa época bueno, eran peores, pongámosle.
Hasta las leyes de impunidad y los indultos el miedo a los servicios persistía, y vino Tablada que dicen también que fue una cama de los servicios de inteligencia, pero qué sé yo.
Estuviera una donde estuviera, esté una donde esté, "mostrarse", no es una de las mejores ideas para gente de mi generación, por más que las cosas hayan cambiado. He aquí un límite, que no tiene exclusivamente que ver con la seguridad sino además y más bien con la privacidad. FB propone un lugar en el que los actos privados se convierten en públicos. Siempre de acuerdo y en la medida del usuario, claro, pero de un usuario tipo de esos a los que les gusta exhibirse.
Mucha gente de mi edad que conozco se disculpa por usar FB y muchos lo tienen por algún sano pero inconfesado afán voyeur de espiar pretendiendo no ser visto. Lo que uno quiere de la vida de uno (y lo que uno no quiere, claro) se publica en FB. Se publica lo publicable. Me podrán decir que es lo mismo que tuiter, o linkedín, o cualquier red social, y sin embargo no. Porque opera más en lo doméstico y en lo cotidiano, en lo familiar y afectivo, exhibido (que sea a veces incluso pese a nuestros deseos es una regla del mismo juego).
Mirar y ser mirado, vaya virtud de esta época.
FB cumple diez años y te propone un video en el que la importancia de las cosas que subiste la dirimen los votos, su publicidad, la cantidad de veces que fue visto y gustado. Es la sorpresa que preparó la gente de FB para sus usuarios. Y como el usuario siempre elige, vos podés o no compartirlo, pero ahí está, a tu alcance y al alcance de todos los que te conocen y te admiran.
Me considero pre-FB porque no puedo con él, porque me asusta y me abruma, porque me instala en mundos sociales de los cuales prefiero prescindir (de los que una debería elegir no formar parte), porque me superan las relaciones familiares.
Soy pre FB por discreción y vergüenza.
Y porque prefiero no confundir lo que somos con lo que decimos que somos.
Las generaciones suelen estar condicionadas por sus particularidades, la coyuntura en las que les tocó existir, la incidencia o no que ha tenido sobre ellas y recíprocamente (por eso hay "generaciones del" que han sido significativas en diversos ámbitos: intelectuales, culturales, políticos, a diferencia de otras que sólo han transcurrido).
De cualquier modo podríamos -rigurosamente dentro de los marcos de la sociología de mercadito- inventar tantas "generaciones del" (o si ya están inventadas usufructuarlas, con permiso) como quisiéramos, sobre todo en esta época de cambios tan rápidos en lo cultural y de sano irrespeto por los derechos de autor, cuando se puede.
Cuando éramos chicos (en los setenta, debo confesar), nos jactábamos ante nuestros mayores de haber nacido con televisión, "¿cómo hacían para divertirse con la radio"? preguntábamos divertidos quienes accedíamos a cuatro canales de televisión por aire, en blanco y negro y de 9 a 24, creo recordar. También solíamos pasar a recolectar amigos puerta a puerta y con nuestras bicis -la mía rodado 16- para andar toda la tarde por las veredas del barrio.
Es difícil transmitir eso a las generaciones posteriores.
Los mundos sociales y culturales se alteraron. Los mundos lúdicos se alteraron, las comunicaciones. Las relaciones personales, las prácticas sexuales, la economía, la opinión pública, los mecanismos de control, las prácticas de resistencia. Se alteró la educación, la transmisión, el deseo y sus formas de nunca satisfacerlo. Todo se alteró y miramos, todo es un remolino y nosotros absortos.
Hay gente de mi generación a quien le da igual, los peores. Quienes resisten desde la ignorancia o la indiferencia, como si vivieran en un mundo propio suspendido en la base de sus propias demandas. Todo cambió, todo se modificó, y ellos siguen inertes, extemporáneos.
Hay que identificar dónde hay rupturas y dónde continuidades en los procesos sociales, qué cosa es parte de lo mismo y qué viene realmente a romper un paradigma, una forma de hacer las cosas, un conjunto de relaciones existentes vinculadas, una cosmovisión definida sobre la realidad.
Los cambios en la comunicación son prepotentes y producen -y reproducen- prácticas sociales acordes. Nos vinculamos con los demás de formas distintas, trabajamos distinto, vivímos distinto.
Qué de eso forma parte del mismo proceso y a qué nivel opera.
Por ejemplo, recuerdo cuando supe que un archivo se podía mandar por mail. Yo vivía en Villa del Parque y complementaba mi triste salario docente transcribiendo apuntes del CBC que llevaba en bici al populoso barrio de la Boca, donde estaba la imprenta. Llegaba muriendo con los 35 grados del calor de febrero con los disquetes con el laburo hecho, para retirar los cassettes con el audio de las clases grabadas. Y había que volver.
El mundo del envío de archivos (más que los mails o poder navegar levemente, por esa época), por ejemplo, fue un antes y un después en el uso material -nunca mejor nombre- de la novedosa Internet.
Las formas de comunicación comercial, laboral, profesional, fueron alterándose rápidamente y eso significó, al menos, un cambio en algunas prácticas, si bien la persistencia de las tradicionales no deja de ser sorprendente (es extraño que existiendo en la actualidad condiciones óptimas para llevar a cabo determinados trabajos a distancia, se persista no solamente en la demanda presencial del trabajador, sino además, en un horario y cronograma tradicional, como si nada nunca hubiera sucedido, reproduciendo el estrés a que nos somete una realidad -que empeora, además- de tránsito, personas, horarios pico y maltratos).
Más allá de la paulatina hegemonización y masivización de las formas de comunicación y de su incidencia en las formas de llevar adelante prácticas específicas, no fue sino hasta la aparición de FB que ese cambio llegó a lo doméstico, a lo cotidiano y personal.
FB, él sí, propone un cambio de paradigma en las relaciones, no solamente en la forma de comunicación sino también en las prácticas sociales específicas.
(Aclaración: como este anotando se exime de analizar estas cuestiones desde la óptica de la sociología tradicional -sea cual ésta fuera-, se permite establecer una hipótesis del tipo "me da la impresión de que").
A mí me da la impresión de que el FB acciona a otro nivel, y por eso me permito reconocerme partícipe de una "generación pre-FB". No por franja etaria, ya que una de las características más impresionantes del FB es que rompió con una barrera de edad y mucha gente que nunca antes se había acercado a la utilización de recursos tecnológicos, comenzó a aprender FB, a utilizarlo. Una generación pre-FB porque cierta razón de existencia de FB nos deja afuera, a quienes nos deje, y paso a explicar.
El FB opera en una dimensión social-personal y pública, sobre todo pública. No creo que haya existido otra concepción de lo público -o mejor, otra relación entre lo público y lo privado- similar a esta que propone el FB, esa especie de intersección que no tenía modo de existencia anterior, porque no existía, por ejemplo, una plataforma capaz de mostrarle mi única foto a un montón de gente, incluso desconocidos o peor: conocidos de conocidos. Esa dimensión propone necesariamente formas sociales distintas, propone una ruptura en las relaciones sociales tradicionales en cuanto a su sustento en las formas materiales. Habría que preguntarse en función de estas relaciones sociales (desde la SM nos preguntamos) cuánto del "mundo FB" tendría sustento en esas "formas materiales" o sencillamente conforman exclusivos espacios de afinidad electiva cuyo soporte está dado por el "share" y la exhibición.
La generación de los que fuimos chicos en los setenta vivió en nuestros países una época loca, de tiros líos y cosha golda, un agite agite posta, no un agitecito como estos que horrorizan a nuestras mal acostumbradas y peor educadas clases medias propietarias y prepotentes. Agite que significaba miedo miedo miedo miedo intenso de mirar el diario, miedo de las caras de nuestros padres, miedo de ir a la escuela, de la maestra. Generación que fue adolescente sobre el final de la dictadura y su primera transición, que fue testigo del cambio político más importante que tuvimos como país, entrando a montones a las universidades, militancias barriales o universitarias o sociales (conociendo allí mismo a los otros militantes, los "viejos", los que venían de la repre), el mundo a nuestros pies, aunque persistiera el miedo y persistió hasta no hace tanto, es difícil transmitir eso. Una vez me llamaron por teléfono a las 3 de la mañana (ya habían convocado a elecciones) al departamento que compartía con una amiga, felicitándome por la pintada que habíamos hecho en el paredón de José María Moreno. Es cierto que estaba linda, pero nos moríamos de miedo, todavía no tenía 20 años. Eran habituales los llamados, los autos cerca, estilo "Pensé que se trataba de cieguitos". Siempre hablábamos de los servicios, así, los servicios. No sé por qué no hablamos hoy de los servicios, si siguen existiendo, pero en esa época bueno, eran peores, pongámosle.
Hasta las leyes de impunidad y los indultos el miedo a los servicios persistía, y vino Tablada que dicen también que fue una cama de los servicios de inteligencia, pero qué sé yo.
Estuviera una donde estuviera, esté una donde esté, "mostrarse", no es una de las mejores ideas para gente de mi generación, por más que las cosas hayan cambiado. He aquí un límite, que no tiene exclusivamente que ver con la seguridad sino además y más bien con la privacidad. FB propone un lugar en el que los actos privados se convierten en públicos. Siempre de acuerdo y en la medida del usuario, claro, pero de un usuario tipo de esos a los que les gusta exhibirse.
Mucha gente de mi edad que conozco se disculpa por usar FB y muchos lo tienen por algún sano pero inconfesado afán voyeur de espiar pretendiendo no ser visto. Lo que uno quiere de la vida de uno (y lo que uno no quiere, claro) se publica en FB. Se publica lo publicable. Me podrán decir que es lo mismo que tuiter, o linkedín, o cualquier red social, y sin embargo no. Porque opera más en lo doméstico y en lo cotidiano, en lo familiar y afectivo, exhibido (que sea a veces incluso pese a nuestros deseos es una regla del mismo juego).
Mirar y ser mirado, vaya virtud de esta época.
FB cumple diez años y te propone un video en el que la importancia de las cosas que subiste la dirimen los votos, su publicidad, la cantidad de veces que fue visto y gustado. Es la sorpresa que preparó la gente de FB para sus usuarios. Y como el usuario siempre elige, vos podés o no compartirlo, pero ahí está, a tu alcance y al alcance de todos los que te conocen y te admiran.
Me considero pre-FB porque no puedo con él, porque me asusta y me abruma, porque me instala en mundos sociales de los cuales prefiero prescindir (de los que una debería elegir no formar parte), porque me superan las relaciones familiares.
Soy pre FB por discreción y vergüenza.
Y porque prefiero no confundir lo que somos con lo que decimos que somos.
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Hoy,
Lo público y lo privado,
Sociologia de mercadito
24 abril 2012
Y los vamos perdiendo,
quizás porque abominamos la posibilidad de vernos a través de ellos transcurrir inexorablemente,
o porque se nos presentan como piezas de un museo vital, nuestro pasado. Estáticos, odiosos, desafiantes.
O porque, como todo, esto también se gasta.
O porque, a veces pasa, irrumpen otros gustos, otros deseos, otras expectativas.
El amigo, un blog, algún amor, estas palabras.
quizás porque abominamos la posibilidad de vernos a través de ellos transcurrir inexorablemente,
o porque se nos presentan como piezas de un museo vital, nuestro pasado. Estáticos, odiosos, desafiantes.
O porque, como todo, esto también se gasta.
O porque, a veces pasa, irrumpen otros gustos, otros deseos, otras expectativas.
El amigo, un blog, algún amor, estas palabras.
06 marzo 2012
Cosas de archivos
Si es por pensar cosas sin mucho rumbo, la cuestión esta de los archivos es toda una cuestión, si me preguntan.
Porque si te ponés a pensar un poco, parece una boludez, pero no es. Es un gran tema. Alto tema. Sobre todo estando al dope.
Porque se le puede entrar por ejemplo por el lado de la informática, pongamoslén. Un archivo del guor, podría ser, o del exel, o jotapegé que todo el mundo a estas alturas debe saber lo que es, supongo, o soy yo que vivo en una burbuja, aunque no importa eso ahora. Un archivo es un lugar donde se guardan datos, cosas, cositas, o es el dato propiamente dicho, y entonces es un tema importante. No por nada la gente te pregunta, seria: ¿vos tenés backup de tus archivos? En los laburos te joden con los archivos y vos te la pasás tranfiriendo archivos de un lugar a otro,
[Archivos de música, por ejemplo, sobre los cuales extrañamente ejercías fuertemente tu derecho a la propiedad privada, pasaron a ser parte de una masa informe que no te importa poseer, porque está allá al alcance de la mano. Si no te pasó dale tiempo, ya te vas a desentender del pequeño-burgués propietario que llevás adentro y querrás desprenderte de tus archivos digitales en formatos materiales. Te darás cuenta, pequeño saltamontes, que no los necesitas (está bien, está bien, yo también guardo románticamente discos de pasta y también escucho cassettes en mi equipazo que tiene lector de mp3 y cassettera -simple, eso sí-) y podrás prescindir de ellos como podemos prescindir de tanto otro objeto inútil. Será un paso hacia tu liberación].
tenés archivos subidos en algunos lugares, otros guardados en cedés, algunos algo inútilmente escondidos, muchos ocupando espacio de una manera inerte, destinados al baúl del altillo de Mis documentos. Pero ahí, justo ahí, los archivos digitales.
Otra es la cuestión de los archivos como esos lugares físicos, sitios, que guardan documentos y el propio conjunto documental, la acepción más tradicional, o vieja, qué sé yo. Cosa apasionante, si las hay, los archivos, de mis contadas pasiones: bucear entre papeles viejos, ver fotos, leer escritos de otras épocas, espiar relaciones, comprobar estados, percibir coyunturas.
Casi como el Feis, diría un voyeur de estas épocas.
Aunque estos lugares archivo suelan tener polvo, ácaros, hongos y otros incidentes menores, nada se compara con conocer el archivo: su presencia, su persistencia, su canto a grito de quiénes fuimos, quiénes somos, quiénes son, más allá de lo que digan. Conocer un archivo es asomarse a la historia como espiando, enterarse e indagar un poco más y un poco más, por vulgar curiosidad. Altamente recomendable como inocuo ejercicio del voyeurismo. Ni que hablar de hacer algo útil con eso también, por qué no. Hay gente pa todo.
Está el mueble de archivo también, y la caja archivo y todo lo que a los legos nos parezca aludir a un lejano universo jurídico, o contable, o burocrático, toda esa cosa de la que nosotros los hippies bohemios estamos tan lejos, y entonces caja azul de archivo nos suena algo aburrido, y ni te digo el mueble ese de la chapa inmunda que guarda unas carpetas colgantes que si son de las viejas de metal tenés que entrar a manipularlas con la antitetánica, según reza el contrato de la ART. Si me habré cortado. Esas -se llaman, no sé si dije, putas carpetas colgantes- van adentro del mueble ese archivo que decíamos al principio, no sé si mesplico.
Archivar también es dar por terminada una cuestión (después de haber dicho suficientes boludeces), así que.
Porque si te ponés a pensar un poco, parece una boludez, pero no es. Es un gran tema. Alto tema. Sobre todo estando al dope.
Porque se le puede entrar por ejemplo por el lado de la informática, pongamoslén. Un archivo del guor, podría ser, o del exel, o jotapegé que todo el mundo a estas alturas debe saber lo que es, supongo, o soy yo que vivo en una burbuja, aunque no importa eso ahora. Un archivo es un lugar donde se guardan datos, cosas, cositas, o es el dato propiamente dicho, y entonces es un tema importante. No por nada la gente te pregunta, seria: ¿vos tenés backup de tus archivos? En los laburos te joden con los archivos y vos te la pasás tranfiriendo archivos de un lugar a otro,
[Archivos de música, por ejemplo, sobre los cuales extrañamente ejercías fuertemente tu derecho a la propiedad privada, pasaron a ser parte de una masa informe que no te importa poseer, porque está allá al alcance de la mano. Si no te pasó dale tiempo, ya te vas a desentender del pequeño-burgués propietario que llevás adentro y querrás desprenderte de tus archivos digitales en formatos materiales. Te darás cuenta, pequeño saltamontes, que no los necesitas (está bien, está bien, yo también guardo románticamente discos de pasta y también escucho cassettes en mi equipazo que tiene lector de mp3 y cassettera -simple, eso sí-) y podrás prescindir de ellos como podemos prescindir de tanto otro objeto inútil. Será un paso hacia tu liberación].
tenés archivos subidos en algunos lugares, otros guardados en cedés, algunos algo inútilmente escondidos, muchos ocupando espacio de una manera inerte, destinados al baúl del altillo de Mis documentos. Pero ahí, justo ahí, los archivos digitales.
Otra es la cuestión de los archivos como esos lugares físicos, sitios, que guardan documentos y el propio conjunto documental, la acepción más tradicional, o vieja, qué sé yo. Cosa apasionante, si las hay, los archivos, de mis contadas pasiones: bucear entre papeles viejos, ver fotos, leer escritos de otras épocas, espiar relaciones, comprobar estados, percibir coyunturas.
Casi como el Feis, diría un voyeur de estas épocas.
Aunque estos lugares archivo suelan tener polvo, ácaros, hongos y otros incidentes menores, nada se compara con conocer el archivo: su presencia, su persistencia, su canto a grito de quiénes fuimos, quiénes somos, quiénes son, más allá de lo que digan. Conocer un archivo es asomarse a la historia como espiando, enterarse e indagar un poco más y un poco más, por vulgar curiosidad. Altamente recomendable como inocuo ejercicio del voyeurismo. Ni que hablar de hacer algo útil con eso también, por qué no. Hay gente pa todo.
Está el mueble de archivo también, y la caja archivo y todo lo que a los legos nos parezca aludir a un lejano universo jurídico, o contable, o burocrático, toda esa cosa de la que nosotros los hippies bohemios estamos tan lejos, y entonces caja azul de archivo nos suena algo aburrido, y ni te digo el mueble ese de la chapa inmunda que guarda unas carpetas colgantes que si son de las viejas de metal tenés que entrar a manipularlas con la antitetánica, según reza el contrato de la ART. Si me habré cortado. Esas -se llaman, no sé si dije, putas carpetas colgantes- van adentro del mueble ese archivo que decíamos al principio, no sé si mesplico.
Archivar también es dar por terminada una cuestión (después de haber dicho suficientes boludeces), así que.
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Cosas que pasan
03 marzo 2012
03 febrero 2012
Lo que el tuiter te saca
Amigos, ganas de leer cosas largas, ganas de escribir cosas largas, el horror a leer cosas mal escritas, el interés por la gente que parecía interesante, la ironía, la capacidad de argumentar, la emoción, la percepción, la humildad si la hubo, el interés por los blogs donde habitaban los amigos, las ganas de leer cosas largas, las ganas de escribir cosas largas y el horror.
Y sin embargo.
Y sin embargo.
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Cosas que pasan
13 enero 2012
Si nosotros
Seguro que se juntan ahí porque el andén es grande y hay más gente, o porque es un andén central y pueden ir y venir más fácil o porque esa estación tiene baños. Seguro que por eso ellos se juntan ahí.
Yo los voy conociendo de a poco, segundos sumados mañana tras mañana y tarde tras tarde, ida y vuelta, mañana y tarde, mañana ida, tarde vuelta y así, en ese cotidiano trasladarse de lugares como si algo de eso fuera propio de la condición humana, como si ir y volver fuera tan natural, como si fuera natural Buenos Aires y sus gentes o viajar por debajo de la tierra.
En esa estación, que es doble, el subte se detiene algún segundo más.
A ver quién se anima a definir qué es una familia en qué épocas, en cuáles circunstancias. Ellos: siete, ocho, nueve reunidos, zaparrastrosos algunos, más dignos otros, en el banco de la estación de subte. Conversan, se tocan, se chicanean, ríen y son hombres, mujeres, niños, púberes, adolescentes, embarazadas, viejas sin dientes, payasos reales, tránsfugas, atorrantes, pobres de toda pobreza.
A ver quién tiene el coraje de hablar de identidad entre parias, lúmpenes y marginados, quién hablando desde dónde puede decir ellos son qué.
A ver quién tiene el coraje de hablar de identidad entre parias, lúmpenes y marginados, quién hablando desde dónde puede decir ellos son qué.
Tiene no más de tres años y se acerca peligrosamente al borde del andén. De nada sirven las miradas horrorizadas y reprobatorias de las chicas, las que van a trabajar a sus oficinas o bancos o empresas de marketing, las que hacen ruido con las pulseras o se maquillan cuando van sentadas. Llega el tren a la estación y el nene sigue acercándose al borde, torpemente, y las mujeres se escandalizan con esa su madre que lo parió que no lo está vigilando en este mismo momento, que qué horror, que dónde mierda está por el amor de Dios.
Esto pasa muchas veces, muchos días, como si fuera una obrita ensayada por ellos para el horror. Funciona, y ellos parecen todos los días iguales a sí mismos, como si el tiempo no pasara y las mujeres niñas no se embarazaran y los viejos no murieran y los niños no murieran, o la gente no se quedara en la calle, sola, a veces.
Todos, los unos y otros que viajamos en el vagón del subte nos transformamos en uno cuando el tren se detiene en esa estación y somos ellos y somos nosotros, tan claramente distintos, nosotros tan parecidos entre nosotros remeras baratas o anillos de cierto valor, laburante obrero o de oficina. Nosotros tan distintos hace unos metros, unos segundos y tan parejos ahora frente a ellos, que son ellos.
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Sociologia de mercadito
14 diciembre 2011
De rencores, nostalgias y otros tangos
Que la vida pasa puede ser novedad sólo para niños, adolescentes, o adultos adolescentados eternamente. Que cuanto más pasa menos queda quizás sea la verdad de un momento reflexivo que muchos prefieren ignorar o negar, aunque negar la realidad no la cambie, pero también esa idea puede ser negada y qué carajo. Que nuestra idiosincrasia -la argenta- sea más bien melancólica es un hecho que basta mirar para entender, porque en Sudaquia la vida se sufre, los amores son tormentosos y la realidad es opresiva.
Pero igual puedo morirme mañana. Feliz.
Good show.
Pero igual puedo morirme mañana. Feliz.
Good show.
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Cosas que pasan,
Mios
29 noviembre 2011
Cuestión contemporánea
Que haya maniquíes gordos podría verse como un notable progreso social.
Pero hasta que las maniquisas no vengan con una marcada celulitis, o las tetas caídas o los maniquises con los tobul chiquititos, la batalla no estará ganada.
Pero hasta que las maniquisas no vengan con una marcada celulitis, o las tetas caídas o los maniquises con los tobul chiquititos, la batalla no estará ganada.
22 noviembre 2011
Cuán antes
Todos nos morimos antes.
Flor de los treinta, nosotros de lo que querríamos o querrían quienes no quieren, sus hijos de tener la certeza de que estaban muertos (certeza que no se tiene, no se tiene), mi vieja de enseñarme algo, Seve de tenerlo en brazos, el negro de darse cuenta.
Quizás la vida sea sólo esperar a ver cuánto antes pasa.
Flor de los treinta, nosotros de lo que querríamos o querrían quienes no quieren, sus hijos de tener la certeza de que estaban muertos (certeza que no se tiene, no se tiene), mi vieja de enseñarme algo, Seve de tenerlo en brazos, el negro de darse cuenta.
Quizás la vida sea sólo esperar a ver cuánto antes pasa.
09 noviembre 2011
Historia de estación
Yo la había mirado antes de que se pusiera a llorar, por esas cosas que atraen de la gente, una mirada, un aspecto particular, su entorno, o tres personas que parecían venir a despedirla. Tras todos ellos (me pareció) pero sobre todo tras ella, casi aparecía dibujada la historia interesante, incluso antes de que se pusiera a llorar, no sé si por los ojos o qué. Ella sólo me miró más tarde cuando, sentada en el primer asiento de arriba del ómnibus de dos pisos, despedía a sus acompañantes, un hombre y una mujer de su misma edad y una chica que podía ser su hija, pensé. Quiero decir, lo que cuento no es una historia entre nosotras, aunque me hubiera gustado: sólo aparecí en su campo perceptivo cuando saludé sonriente, despidiéndome también de un amor, como su grupo de tres, despidiéndola a ella, en la estación de Retiro. Recién ahí me miró. No me sonrió a mí, sino al tipo que se quedaba abajo, y seguramente el destinatario de esa tristeza que se llevaba al viaje, me parecía. Lo miraba como si esperara salir de escena para explotar en un llanto y preguntarse por qué: no poder dejar todo allá y quedarse, no poder tener veinte años menos, no haber sabido hacer las cosas de modo de que hoy, ahora, desde arriba, no hubiera que llorar así, y, quién sabe, poder despedirse sonriendo como esta vez nosotros, meu amor y yo, sabiendo de nuestra próxima vez juntos.
La intuición (esto me lo contó él, su compañero de asiento y sentires durante las 15 horas de viaje) y no la convicción, la habían hecho apartarse veintisiete años atrás desde esa misma estación, saliendo hacia Santa Catarina con su flamante marido y del cual, unos meses más tarde, se embarazaría de Tomás. Y que no era él, mi vecino eventual de estación de Retiro ("rodoviaria", quizás diría ella después de tantos años de curtir la cultura brasileña), que despedía a la señora llorando sin importarle hipos, mocos, o ridículo: todavía somos jóvenes, vos querés tener hijos, esto no da para más, podemos probar otras gentes, otras realidades, otras vidas cotidianas, le dijo él, ese señor de barba lloroso a mi lado, veintisiete años antes. No había venido como hoy a despedirla, porque ella no se iba sola, porque no sabía si en todo caso le hubiera permitido irse, porque la amaba profundamente y pensaba que le estaba haciendo un favor. Cuántos errores vitales o cuántos aciertos podríamos reconsiderar si tuviéramos nuevamente la oportunidad, y sin embargo nos condenamos por naturaleza siempre a encrucijadas novedosas, inéditas, inescrutables. Un fragmento en un espacio de tiempo que nunca es igual a sí mismo, que nunca es, igual a sus ojos cruzándose con un amor intenso como quizás no lo fue, diciéndose te amo te amo te amo, como nunca amé a nadie, como nunca te amé a vos mismo, a vos misma hace veintisiete años.
Tomás y después Gabriela, hijos llenando momentos y distrayendo, y amores, idas y vueltas de la vida, trabajos, días. La vida misma para ella, o una serie de fragmentos incongruentes e inocuos para el cosmos.
Como fuera, el encuentro en Baires fue casual.
Se vieron desde lejos y los ojos achinados y sonrientes de él despertaron en ella la sonrisa. Repitieron sus nombres varias veces, primero en tono de pregunta, acercándose, y más tarde exclamándose, reconociéndose, añorándose. No se separaron hasta ahora, cuando quizás -de nuevo- se preguntaban cómo se hace, carajo, cómo se hace.
Todos tenemos nuestras novelas. A mí me gustan las que se cuentan solas.
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Cosas que pasan
27 octubre 2011
22 octubre 2011
17 octubre 2011
Diatriba del asunto
Yo no sé si es justo decir que hay palabras jodidas, porque pobres ellas, qué culpa tienen del significado que les dan, o de la utilización que de ellas hacen o de su bastardización, ¿eh? ¿Qué culpa tienen ellas, en definitiva, de salir de las bocazas de quienes las profieren (de ser escupidas) o de emanar de los dedos de quienes las teclean (de derramarse en pantallas a veces impúdicas desde teclados indecentes)?
Quizás entonces habría que decir que las palabras son usadas jodidamente, pero eso sería penoso. Porque si sólo existen para ser utilizadas ¿cómo serían vanas, o desoídas, o malentendidas? ¿cómo sería posible ignorar o pasar por alto o evitar gritar? ¿Cómo tendrían ellas su propia autonomía y se desprenderían de nuestro estúpido balbuceo para lucirse con brillo propio libres de contexto? (palabras como improperio, o encrucijada, o digresión).
Entonces capaz que lo que hay son tipos de palabras jodidas, porque vienen jodidas en su intención, como el eufemismo, que intenta tapar, disfrazar, eludir, atenuar. El eufemismo presenta una versión berreta de la realidad, es su ocultamiento, su estúpido consuelo.
Y yo no sé la verdá si asunto es un eufemismo. Si lo fuera, debería ser una especie de eufemismo-comodín, un genérico como esos repuestos chinos que sirven pa cualquier cosa. Es una de esas palabras que habría que poner siempre entre comillas, porque se usan como con disimulo, tengo un "asunto" que tratar, ¿cómo te va del "asunto"?
Por otra parte, los asuntos del poder siempre parecen turbios, y tampoco suena muy simpático que haya una Comisión de Asuntos Legislativos, porque pareciera que quién sabe qué cosas se cocinan ahí de las que nosotros no tenemos ni la más puta idea.
El asunto también puede tratarse de meterse en los de uno, sea quien sea uno, y mejor vos metete en los tuyos, seas quien seas vos.
Y en una lógica inversamente proporcional, su intención se ve exasperada con el uso de su diminutivo: algo chiquito, inocuo, algo que tan poco vale la pena que ni siquiera amerita ser preguntado, tengo que atender un asuntito o tengo un asuntito con ella (aunque la cuestión de los diminutivos debería ser tratada globalmente, con preguntitas, problemitas, cuestioncitas).
Mejor hablamos de las cosas importantes.
El asunto es el siguiente:
Quizás entonces habría que decir que las palabras son usadas jodidamente, pero eso sería penoso. Porque si sólo existen para ser utilizadas ¿cómo serían vanas, o desoídas, o malentendidas? ¿cómo sería posible ignorar o pasar por alto o evitar gritar? ¿Cómo tendrían ellas su propia autonomía y se desprenderían de nuestro estúpido balbuceo para lucirse con brillo propio libres de contexto? (palabras como improperio, o encrucijada, o digresión).
Entonces capaz que lo que hay son tipos de palabras jodidas, porque vienen jodidas en su intención, como el eufemismo, que intenta tapar, disfrazar, eludir, atenuar. El eufemismo presenta una versión berreta de la realidad, es su ocultamiento, su estúpido consuelo.
Y yo no sé la verdá si asunto es un eufemismo. Si lo fuera, debería ser una especie de eufemismo-comodín, un genérico como esos repuestos chinos que sirven pa cualquier cosa. Es una de esas palabras que habría que poner siempre entre comillas, porque se usan como con disimulo, tengo un "asunto" que tratar, ¿cómo te va del "asunto"?
Por otra parte, los asuntos del poder siempre parecen turbios, y tampoco suena muy simpático que haya una Comisión de Asuntos Legislativos, porque pareciera que quién sabe qué cosas se cocinan ahí de las que nosotros no tenemos ni la más puta idea.
El asunto también puede tratarse de meterse en los de uno, sea quien sea uno, y mejor vos metete en los tuyos, seas quien seas vos.
Y en una lógica inversamente proporcional, su intención se ve exasperada con el uso de su diminutivo: algo chiquito, inocuo, algo que tan poco vale la pena que ni siquiera amerita ser preguntado, tengo que atender un asuntito o tengo un asuntito con ella (aunque la cuestión de los diminutivos debería ser tratada globalmente, con preguntitas, problemitas, cuestioncitas).
Mejor hablamos de las cosas importantes.
El asunto es el siguiente:
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Diatribas
10 octubre 2011
Una tristeza
Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!
[César Vallejo, los Heraldos Negros]
Por qué la tristeza no tendrá la propiedad física de la materia, que si se comparte es porque se divide, o se diluye, o se evapora, y entonces se atenuaría. Pero esta tristeza no, esta tristeza se hace más fuerte y se afirma aunque se comparta, a pesar de nuestras manos y nuestros abrazos la sensación te inunda y es tan intensa y qué importa en quién más, qué importa nada de las cosas cotidianas, qué comemos, cuánto tengo en la cuenta o me hinchó las pelotas tu actitud, qué importa cualquier cosa en este instante, este momento en que sé que te preguntás por qué la tristeza no dará tregua ni le servimos un poco, un rato, cada tanto.
A lo mejor no nos terminamos de volver locos porque ya estábamos locos, dijeron. Y debe ser cierto, aunque se hayan repetido una y otra vez qué hacemos ahora.
Estaremos sin palabras, mezclando lágrimas y gestos de incomprensión y compartiremos aunque atenúe poco, casi nada, esperaremos con ustedes a que el tiempo vaya sanando, vaya venciendo, como suele acostumbrar, a las tristezas más profundas.
Porque si no no sé.
25 septiembre 2011
Ideas, torturas
La de la brevedad de la vida, la de no poder morirse cuando se quiere, cuando hayamos hecho nuestra revolución o hayamos sido felices o de puro embole, o cuando finalmente haya aprendido a bailar.
La de nuestra paradoja social: dejar de ser iguales en el momento mismo en que nos escupen al mundo y estar obligados a la convivencia social. Ser la expresión misma de la injusticia.
La de la precariedad del amor, me perdonen románticos, enamorados, creyentes, persistentes, divulgadores, apologistas, novios, ex novios, amantes, esposos, adolescentes, amigos sensibles, poetas, músicos o guionistas de novelas.
La de la eterna suspicacia: nos mienten, conspiran, esconden, omiten, eluden, evaden, inducen, engañan, siempre, todo el tiempo, en todos lados, a todos los niveles, ellos.
La de nuestra tendencia a arruinar las cosas: en lo personal, en lo social, con el medio ambiente. Si no hay guerras inventarlas, si estamos tranquilos sobresaltarnos.
La de que la humanidá está cada vez más al borde del colapso. O capaz que eso es por eso de la globulización, váyase a saber. Hoy es mucho más fácil ser un cretino o un genocida, por ejemplo, y los efectos son más inmediatos y pueden ser más masivos,
la de nuestros variados motivos para la supervivencia o el suicidio,
la de nuestras faltas: humildad, conciencia de especie, amplitud de mirada, perspectiva.
La de poder dormir profundamente cada noche.
"La vida es un soplo", Fabiano Maciel y Sacha, 2006, fragmento.
[Para Fede, que acaba de estrenar profesión.
Y para Guile que pide posts … ¡¡con texto!! -valga la intención-]
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Cosas que pasan,
Mios,
Sociologia de mercadito
16 septiembre 2011
Nunca, nunca, NUNCA MAS
Hermosa canción del Flaco, a 35 años de la Noche de los Lápices (para la peli Flores de Septiembre, sobre desaparecidos del Colegio Pellegrini)
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Aquellos mundos posibles,
democracia
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